martes, 30 de junio de 2009

¿Qué es la Iglesia y qué debe hacer hoy? (Extractos del Discurso de Benedicto XVI a la asamblea eclesial de Roma)

La Iglesia, que tiene su origen en el Dios trinitario, es un misterio de comunión. En cuanto comunión, la Iglesia no es una realidad solamente espiritual, sino que vive en la historia, por decirlo así, en carne y hueso. El concilio Vaticano II la describe "como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1). Y la esencia del sacramento es precisamente que en lo visible se palpa lo invisible, que lo visible palpable abre la puerta a Dios mismo.
Así, vemos que los dos conceptos -"pueblo de Dios" y "Cuerpo de Cristo"- se completan y forman juntos el concepto neotestamentario de Iglesia. Y mientras "pueblo de Dios" expresa la continuidad de la historia de la Iglesia, "Cuerpo de Cristo" manifiesta la universalidad inaugurada en la cruz y en la resurrección del Señor. Por tanto, para nosotros, los cristianos, "Cuerpo de Cristo" no sólo es una imagen, sino también un verdadero concepto, porque Cristo nos entrega su Cuerpo real, no sólo una imagen.
La noción de "pueblo de Dios", en particular, fue interpretada por algunos según una visión puramente sociológica, desde una perspectiva casi exclusivamente horizontal, que excluía la referencia vertical a Dios. Esta posición contrasta totalmente con la letra y el espíritu del Concilio, que no quiso una ruptura, otra Iglesia, sino una verdadera y profunda renovación, en la continuidad del único sujeto Iglesia, que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre idéntico, único sujeto del pueblo de Dios en peregrinación.
Este hecho nos dice que las luminosas páginas que el Concilio dedicó al laicado aún no habían sido traducidas y realizadas suficientemente en la conciencia de los católicos y en la práctica pastoral. Por una parte, existe todavía la tendencia a identificar unilateralmente la Iglesia con la jerarquía, olvidando la responsabilidad común, la misión común del pueblo de Dios, que somos todos nosotros en Cristo. Por otra, persiste también la tendencia a concebir el pueblo de Dios, como ya he dicho, según una idea puramente sociológica o política, olvidando la novedad y la especificidad de ese pueblo, que sólo se convierte en pueblo en la comunión con Cristo.
Demasiados bautizados no se sienten parte de la comunidad eclesial y viven al margen de ella, dirigiéndose a las parroquias sólo en algunas circunstancias para recibir servicios religiosos. En proporción al número de habitantes de cada parroquia, todavía son pocos los laicos que, aun declarándose católicos, están dispuestos a trabajar en los diversos campos apostólicos. Ciertamente, no faltan dificultades de orden cultural y social, pero, fieles al mandato del Señor, no podemos resignarnos a conservar lo que tenemos. Confiando en la gracia del Espíritu, que Cristo resucitado nos ha garantizado, debemos reanudar el camino con renovado impulso.
¿Qué caminos podemos recorrer? En primer lugar, es preciso renovar el esfuerzo en favor de una formación más atenta y conforme a la visión de Iglesia de la que he hablado, tanto por parte de los sacerdotes como de los religiosos y laicos. Comprender cada vez mejor qué es esta Iglesia, este pueblo de Dios en el Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, es necesario mejorar los planes pastorales para que, respetando las vocaciones y las funciones de los consagrados y de los laicos, se promueva gradualmente la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios. Esto exige un cambio de mentalidad, en particular por lo que respecta a los laicos, pasando de considerarlos "colaboradores" del clero a reconocerlos realmente como "corresponsables" del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo la consolidación de un laicado maduro y comprometido. Esta conciencia de ser Iglesia, común a todos los bautizados, no disminuye la responsabilidad de los párrocos. Precisamente a vosotros, queridos párrocos, os corresponde promover el crecimiento espiritual y apostólico de quienes ya son asiduos y están comprometidos en las parroquias: ellos son el núcleo de la comunidad que se convertirá en fermento para los demás.
Alimentémonos realmente de la escucha, de la meditación de la Palabra de Dios. Nuestras comunidades deben tener siempre clara conciencia de que son "Iglesia", porque Cristo, Palabra eterna del Padre, las convoca y las convierte en su pueblo. La fe, por una parte, es una relación profundamente personal con Dios, pero, por otra, posee un componente comunitario esencial, y ambas dimensiones son inseparables. Así, también los jóvenes, que están más expuestos al creciente individualismo de la cultura contemporánea, la cual conlleva como consecuencias inevitables el debilitamiento de los vínculos interpersonales y la disminución del sentido de pertenencia, podrán experimentar la belleza y la alegría de ser y sentirse Iglesia. Por la fe en Dios estamos unidos en el Cuerpo de Cristo; todos somos uno en el mismo Cuerpo; así, precisamente creyendo de modo profundo, podemos vivir también la comunión entre nosotros y superar la soledad del individualismo.
Debemos aprender siempre de nuevo a conservar esta unidad y defenderla de rivalidades, controversias y celos, que pueden nacer dentro de las comunidades eclesiales y entre ellas.
El centro de la vida de la parroquia, como he dicho, es la Eucaristía, y en particular la celebración dominical. Si la unidad de la Iglesia nace del encuentro con el Señor, no es secundario que se cuide mucho la adoración y la celebración de la Eucaristía, permitiendo que los que participan en ellas experimenten la belleza del misterio de Cristo. Dado que la belleza de la liturgia "no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo" (Sacramentum caritatis, 35), es importante que la celebración eucarística manifieste, comunique, a través de los signos sacramentales, la vida divina y revele a los hombres y a las mujeres de esta ciudad el verdadero rostro de la Iglesia.
El crecimiento espiritual y apostólico de la comunidad lleva, además, a promover su ampliación mediante una convencida acción misionera. Por tanto, esforzaos por revitalizar en todas las parroquias, como en el tiempo de la Misión ciudadana, los pequeños grupos o centros de escucha de fieles que anuncian a Cristo y su Palabra, lugares donde sea posible experimentar la fe, practicar la caridad y organizar la esperanza. Esta articulación de las grandes parroquias urbanas a través de la multiplicación de pequeñas comunidades permite una actividad misionera más vasta, que tiene en cuenta la densidad de la población, su fisonomía social y cultural, a menudo notablemente diversa. Sería importante que este método pastoral tuviera una aplicación eficaz también en los lugares de trabajo, que hoy se deben evangelizar con una pastoral de ambiente bien pensada, pues por la notable movilidad social la población pasa en ellos gran parte de su jornada.
Por último, no hay que olvidar el testimonio de la caridad, que une los corazones y abre a la pertenencia eclesial. A la pregunta de cómo se explica el éxito del cristianismo de los primeros siglos, la elevación de una presunta secta judía al rango de religión del Imperio, los historiadores responden que fue sobre todo la experiencia de la caridad de los cristianos lo que convenció al mundo. Vivir la caridad es la forma primaria de la actividad misionera. La Palabra anunciada y vivida resulta creíble si se encarna en comportamientos de solidaridad, de compartir, en gestos que muestran a Cristo como verdadero Amigo del hombre.
(Benedicto XVI, Discurso a la asamblea eclesial de Roma, 26-V-2009)

lunes, 29 de junio de 2009

¿Qué es el "hombre nuevo" en el cristianismo? (Extracto de la Homilía de Benedicto XVI cierre del año paulino)

En la Carta a los Romanos, esta segunda parte comienza con el capítulo XII, en cuyos dos primeros versículos el apóstol resume rápidamente el núcleo esencial de la existencia cristiana. ¿Qué nos dice san Pablo en ese pasaje? Ante todo afirma, como algo fundamental, que con Cristo se inició una nueva manera de venerar a Dios, un nuevo culto, que consiste en el hecho de que el hombre viviente se transforma él mismo en adoración, "sacrificio" hasta en el propio cuerpo. Ya no se ofrecen cosas a Dios. Nuestra propia existencia debe convertirse en alabanza de Dios. ¿Pero cómo sucede esto? En el segundo versículo se nos da la respuesta: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de f orma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios..." (12, 2). Las dos palabras decisivas de este versículo son: "transformar" y "renovar". Debemos convertirnos en hombres nuevos, transformados en un nuevo modo de existencia. El mundo siempre está a la búsqueda de la novedad, porque con razón está siempre descontento de la realidad concreta. Pablo nos dice: el mundo no puede ser renovado sin hombres nuevos. Sólo si hay hombres nuevos, habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. En el inicio está la renovación del hombre. Esto vale después para cada uno. Sólo si nos convertimos en hombres nuevos, el mundo se convertirá en nuevo. Esto significa también que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas. En nuestra Carta se dice: no hay que someterse al esquema de la época actual. (...) Él se convirtió en nuevo, en otro, porque ya no vive para sí en virtud de sí mismo, sino por Cristo que está en él. En el curso de los años, sin embargo, pudo ver que este proceso de renovación y de transformación continúa durante toda la vida. Nos convertimos en nuevos, si nos dejamos conquistar y plasmar por el Hombre nuevo, Jesucristo. Él es el Hombre nuevo por excelencia. En Él la nueva existencia humana se convierte en realidad, y nosotros podemos verdaderamente convertirnos en nuevos si nos ponemos en sus manos y nos dejamos plasmar por Él.

Pablo hace aún más claro este proceso de "refundición" diciendo que nos convertimos en nuevos si transformamos nuestro modo de pensar. Esto que aquí ha sido traducido como "modo de pensar", es el término griego "nous". Es una palabra compleja. Puede ser traducida como "espíritu", "sentimiento", "razón" y, también, como "modo de pensar". Nuestra razón debe convertirse en nueva . Esto nos sorprende. Tal vez habríamos esperado que tuviera que ver con alguna actitud: aquello que en nuestra acción debemos cambiar. Pero no: la renovación debe ser completa. Nuestro modo de ver el mundo, de comprender la realidad, todo nuestro pensar, debe cambiar a partir de su fundamento. El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar común está dirigido en general hacia la posesión, el bienestar, la influencia, el éxito, y la fama. Pero de esta manera tiene un alcance muy limitado. Así, en último análisis, queda el propio "yo" en el centro del mundo. Debemos aprender a pensar de manera profunda. Qué significa eso. Lo dice san Pablo en la segunda parte de la frase: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por t anto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo.
El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado. Sobre esto, Pablo nos dice: "que Cristo habite por la fe en sus corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, puedan comprender con todos los Santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento" (Ef 3,17). El amor ve más allá de la simple razón, esto es lo que Pablo nos dice con sus palabras. Y nos dice además que sólo en la comunión con todos los santos, es decir en la gran comunidad de todos los creyentes -y no en contra o en ausencia de ella- podemos conoc er la enormidad del misterio de Cristo. (...) El amor de Cristo ha abrazado en la Cruz la profundidad más honda, la noche de la muerte, y la altura suprema, la elevación del mismo Dios. Y ha tomado entre sus brazos la amplitud y la enormidad de la humanidad y del mundo en todas sus distancias. Él abraza siempre al universo, a todos nosotros.

(Benedicto XVI, Homilía con motivo de la clausura del Año Paulino en la Basílica de San Pablo Extramuros, 28-VI-2009)

domingo, 28 de junio de 2009

¿Es posible santificar la política? (Extractos del discurso de Benedicto XVl sobre De Gasperi)

Alcide De Gasperi (*Pieve Tesino, Trento, 3 de abril de 1881 -† Sella di Valsugana, Trento, Italia, 19 de agosto de 1954) fue un político al que junto con Konrad Adenauer, Robert Schuman y Jean Monnet, se le considera como "padre de Europa" pues contribuyó decisivamente a la creación de las Comunidades Europeas. Además fue Ministro de Asuntos Exteriores y Primer Ministro de Italia, así como fundador de Democracia Cristiana (Italia) y último secretario del Partido Popular Italiano. Está en curso su proceso de beatificación. (Wikipedia).
Formado en la escuela del Evangelio, De Gasperi fue capaz de traducir en actos concretos y coherentes la fe que profesaba. Espiritualidad y política fueron en efecto dos dimensiones que convivieron en su persona y que caracterizaron su labor social y espiritual. Con prudente visión de futuro, guió la reconstrucción de la Italia surgida del fascismo y de la segunda guerra mundial, y le trazó con valor el camino hacia el futuro; defendió su libertad y su democracia; relanzó su imagen en ámbito internacional; promovió su recuperación económica abriéndose a la colaboración de todas las personas de buena voluntad.
"No soy un beato --escribía a su futura esposa Francesca-- ni siquiera religioso como debería ser; pero la personalidad del Cristo vivo me arrastra, me subyuga, me fascina como a un chiquillo. Ven, te quiero conmigo y que me sigas en esta misma atracción, como hacia un abismo de luz" (A. De Gasperi, Cara Francesca, Lettere, edición de M.R. De Gasperi, Morcelliana, Brescia 1999, pp. 40 -41).
Por tanto uno no se sorprende cuando se entera de que en su jornada, colmada de tareas institucionales, consideran siempre un amplio espacio a la oración y a la relación con Dios, comenzando cada día, cuando les era posible, con la participación en la Santa Misa.
Me limito a poner de relieve su reconocida rectitud moral, basada en una indiscutible fidelidad a los valores humanos y cristianos, como también la serena conciencia moral que le guió en las decisiones políticas.
Observaba que "para actuar en el campo social y político no bastan la fe ni la virtud, conviene crear y alimentar un instrumento adecuado a los tiempos... que tenga un programa, un método propio, una responsabilidad autónoma, una hechura y una gestión democráticas". Dócil y obediente a la Iglesia, fue por tanto autónomo y responsable en sus decisiones políticas, sin servirse de la Iglesia para fines políticos y sin descender nunca a compromisos con su recta conciencia. En el ocaso de sus días podrá decir: "He hecho todo lo que estaba en mi poder, mi conciencia está en paz", mientras se apagaba confortado por el apoyo de sus familiares, el 19 de agosto de 1954, tras haber musitado por tres veces el nombre de Jesús.
(Benedicto XVI, Discurso ante los miembros de la Fundación Alcide De Gasperi, 22-VI-2009)

sábado, 27 de junio de 2009

Felicitamos y encomendamos al Padre Castro

El Papa nombra a sacerdote del Opus Dei como obispo auxiliar de Caracas
El papa Benedicto XVI nombró como obispo auxiliar de la arquidiócesis de Caracas al sacerdote Fernando José Castro Aguayo, del clero de la prelatura personal del Opus Dei, asignándole la sede titular episcopal de Ampora, informó el sábado la oficina de prensa de la Santa Sede.
Castro Aguayo era hasta ahora vicario episcopal para la pastoral de la arquidiócesis de Caracas. Nació en Caracas el 29 de julio de 1951.
Obtuvo el título de ingeniero civil en la universidad católica “Andrés Bello” de Caracas. Realizó los estudios eclesiásticos de filosofía y de teología en el “Studium Generale” de la prelatura del Opus Dei en Venezuela y en el colegio de la Santa Cruz de Roma. Obtuvo el doctorado en teología en la universidad de Navarra, España.
Recibió la ordenación sacerdotal en Roma el 31 de mayo de 1984 por la prelatura personal del Opus Dei.
Ha sido capellán del centro universitario “Monteavila”, del centro cultural “Guayacán” y del liceo “Los Arcos” de Caracas.
Asimismo, fue rector de la iglesia de la Sagrada Familia de Nazaret en Caracas, profesor de teología en el “Studium Generale” del Opus Dei y del seminario mayor de Caracas y arcipreste de Baruta.

viernes, 26 de junio de 2009

Hoy es día de San Josemaría

Una fiesta más de Josemaría Escrivá, y yo no puedo negar el peso que tienen en mi vida sus enseñanzas. En especial: los valores de santificación del trabajo (a pesar de mis defectos y flojeras) y la vida de piedad diaria. Admiro la pasión del “Opus” por el trabajo bien hecho, por el estudio permanente, por el ser como decía San Ignacio: “contemplativos en la acción”, en especial: el trabajo y formación académica, por el apostolado de amistad, y por el cariño y buen gusto en todos sus espacios: especialmente sus templos. Tengo tantos amigos en el Opus Dei que gracias a Dios me enseñan y estiman día a día; y tengo la costumbre de rezar diariamente a San Josemaría. Hoy agradezco inmensamente a este santo, por los frutos de su carisma en Venezuela y en mi vida, encomendando a todos los miembros y obras de la hermosa institución de la Iglesia que fundó.

Imagen: San Josemaría en San Antonio de los Altos (Venezuela).

jueves, 25 de junio de 2009

¿Cómo es la organización eclesial Franciscana? (a propósito del 187ª Capìtulo General de los franciscanos OFM)


De hecho, la idea de Francisco fue la de un proyecto de vida supradiocesano (que ningún obispo podía haber aprobado), no fijado a lugares como los monasterios, casas o comunidades estables, colocándose, en claro contraste, con el planteamiento de la vida religiosa tradicional y, también, con el de otras fundaciones del tiempo, por ejemplo, los Trinitarios y los Dominicos, itinerante a través de todos los caminos del mundo (el mundo era ‘su claustro’[i]), formado por grupos variables en la composición, cercanos al pueblo y a los necesitados, y evangelizadores mediante la llamada a la conversión evangélica y, sobre todo, con el ejemplo de un profundo amor fraterno y de una absoluta pobreza.
[i] Cfr. SC. 63: FF 2022; Vitry Hoc.: FF 2230.

Francisco, después de un serio discernimiento delante del Señor, eligió la dimensión apostólica de su proyecto de vida evangélica[i]; y así lo manifestó en las peticiones hechas al papa Inocencio III. La respuesta del Papa, concediendo a la fraternidad franciscana personalidad jurídica en el orden eclesiástico, fue clara y alentadora: confió a Francisco y a sus primeros compañeros el compromiso de la evangelización, en el sentido, sobre todo, de predicar la penitencia, es decir, la conversión de la vida al Evangelio[ii]. Las fuentes históricas atestiguan sin titubeos este importante ‘mandato/oficio eclesial’ –de poenitentia praedicanda- como parte esencial de las concesiones pontificias hechas durante el encuentro celebrado en el 1209/10. Se ha de subrayar que Inocencio III confirió este mandato eclesial a la fraternidad franciscana in solidum, por lo tanto, no sólo a los hermanos sacerdotes, sino también a los hermanos no sacerdotes[iii].
[i] Cfr. LM. 12,2: FF 1205; Flor. 16: FF 1845; 1C. 22: FF 356.
[ii] Este oficio se extendió, contra el parecer de los párrocos, de parte de Honorio III con la bula Cum dilecti filii, del 11 de junio de 1219 (BF. I, n. 2, p. 2: FF 2707). San Buenaventura considera fundamental la misión de la predicación obtenida de la Sede Apostólica para la identidad de la Orden: “…missi sunt Fratres a Sede Apostolica per mundum muniti eius testimonio” (S. BUENAVENTURA, Quare Fratres Minores praedicent et confessiones audiant, en Opera omnia VIII, p. 380).
[iii] “Les dio la bendición y les dijo: “Id con Dios, hermanos, y predicad a todos la penitencia, como El se dignare inspiraros” (TC. 49: FF 1458). Cfr. AP. 36: FF 1528; Vitry Hoc.: FF 2219; 1C. 33: FF 373; JULIAN DE ESPIRA, Vida de San Francisco, 21, en Analecta Franciscana 10, p. 345. En la Leyenda mayor (LM. 10: FF 1064) San Buenaventura sostiene que Francisco y sus primeros compañeros recibieron la tonsura ministerial (clerical), en cuanto se les confirió el noble oficio de la predicación. Por el contrario, según el testimonio de la Leyenda de los tres compañeros (TC. 52: FF 1461) y del Anónimo de Perusa (AP. 36: FF 1528), los hermanos que con Francisco fueron admitidos a la presencia de Inocencio III todos recbieron la tonsura de conversión (monástica) como testimonio público de su conversión a Dios (propter eorum devotionem). Probablemente San Buenaventura fue inducido a subrayar dicha interpretación como apoyo en la defensa del derecho de los Hermanos Menores en el ejercicio de la predicación y en la escucha de las confesiones reservado a los sacerdotes. Cfr. S. BUENAVENTURA, Quare Fratres…, en Opera omnia VIII, pp. 375-385.

LA IDENTIDAD DE LA ORDEN FRANCISCANA EN SU MOMENTO FUNDACIONAL (1998).

¿Qué es un sacerdote? Nos responde Benedicto XVI en la Audiencia General

Mis extractos de la Audiencia.
¿Por qué un Año Sacerdotal? ¿Por qué precisamente en recuerdo del santo cura de Ars, que aparentemente no hizo nada de extraordinario?
(…) a san Juan María Vianney le gustaba repetir: "Si tuviésemos fe, veríamos a Dios escondido en el sacerdote como una luz tras el cristal, como el vino mezclado con el agua". El objetivo de este Año Sacerdotal, como he escrito en la carta enviada a los sacerdotes para esta ocasión, consiste en favorecer la tensión de todo presbítero "hacia la perfección espiritual de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio", y ayudar ante todo a los sacerdotes, y con ellos a todo el Pueblo de Dios, a redescubrir y revigorizar la conciencia del extraordinario e indispensable don de la Gracia que el ministerio ordinario representa para quien lo ha recibido, para la Iglesia entera y para el mundo, que sin la presencia real de Cristo estaría perdido.
También la mutación terminológica de la palabra "sacerdocio" hacia el sentido de "servicio, ministerio, encargo", es signo de esta concepción distinta. A la concepción ontológica-sacramental está ligado el primado de la Eucaristía, en el binomio "sacerdocio-sacrificio", mientras que a la otra correspondería el primado de la palabra y del servicio del anuncio.
(…) un auténtico servicio a la Palabra requiere por parte del sacerdote que tienda a una abnegación profunda de sí mismo, hasta decir con el Apóstol: "No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí". El presbítero no puede considerarse "amo" de la palabra, sino siervo. Él no es la palabra, sino que, como proclamaba Juan el Bautista, del que celebramos precisamente hoy su nacimiento, es "voz" de la Palabra: "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezar sus sendas" (Marcos 1,3). (…) El anuncio, por tanto, comporta siempre también el sacrificio de sí, condición para que el anuncio sea auténtico y eficaz.
(Benedicto XVI, Audiencia General, 24-VI-2009).

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Cómo interpretar la afirmación: "no he venido para traer paz, sino espada"?

Mateo 10 34, 39.
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y serán enemigos del hombre, los de su casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mi; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.
En verdad que no soy el más indicado para analizarla, no soy teòlogo; pero lo que humildemente he entendido de dicha sentencia es lo siguiente.
La Biblia entera segùn el catolicismo debe entenderse bajo el sentido de la Caridad, ninguna sentencia puede contradecir este principio y de parecerlo debe buscarse su sentido frente al màs importante fundamento: Dios es Amor. En tal sentido, no se puede interpretar dichas palabras como que Jesùs desea sembrar la guerra...no, sino que se està refiriendo al problema, a los conflictos, a las divisiones que inevitablemente debe padecer el cristiano. La conversiòn a Dios puede llevar el rechazo de la gente, pero no por ello se debe dejar de ser cristiano. Esto es lo que entiendo. Debemos seguir a Dios aunque no lo deseen nuestro seres màs queridos, pero es evidente (para la octrina cristiana) que seguir a Dios significa amar BIEN a nuestros seres màs queridos. Una vez leyendo a Santa Teresa, no recuerdo el libro; esta santa señalaba que la ùnica forma de demostrar el amor a Dios era amando a los semejantes; porque saber si estamos amando a Dios no es tan evidente pero saber que estamos amando al pròjimo si es màs comprobable.

¿Cómo es la autoridad en la espiritualidad Franciscana? (a propósito del 187ª Capìtulo General de los franciscanos OFM)

El primer criterio se puede traducir en los términos con que el Evangelio define la autoridad de la Iglesia: no la potestad que domina, sino la caridad que sirve. El segundo crietrio es el de la acesibilidad de todos los hermanos, por lo general, en el ejercicio de la potestad eclesial de gobierno –al miniterium fratrum[i] en la Orden.
[i] 1R. 17,4: FF 46.

Francisco conocía bien las estructuras verticalistas y estratificantes de la ‘sociedad cristiana’ de su tiempo. El, sin embargo, a partir de su conversión, permaneció profundamente impresionado por una imagen bíblica de Jesús: no la imagen del Jesús Jefe, Maestro, Sacerdote, Rey, sino la del Jesús Siervo, desnudo, pobre, humilde y crucificado, el Jesús del lavatorio de los pies. Es muy significativa su insistencia acerca de estas ideas inspiradas dirctamente en el Evangelio y fundamentales, desde el punto de vista teológico, para su concepto de ‘minoridad’. Escribe en las Admoniciones: “No vine a ser servido, sino a servir (Mt. 20,28), dice el Señor. Los que han sido constituidos sobre otros, gloríense de tal prelacía tanto como si estuviesen encargados del oficio de lavar los pies a los hermanos. Y cuanto más se alteren por quitárseles la prelacía que el oficio de lavar los pies, tanto más atesoran en sus bolsas para peligro del alma”[i]. Francisco hace referencia a una metáfora indicativa de la falta de pobreza de espíritu, porque, acumulando para sí mismo, uno se ‘apropia’ –el contrario de vivir ‘sin nada proprio’[ii] del verdadero hermano menor –de la potestad y de los cargos, esclavo de la sobervia, de la vanagloria, de la avaricia, del deseo de dominar, en neto contraste con la actitud de Jesús que está en medio de los suyos “como aquel que sirve” (Lc. 22,27; cfr. Mc. 10,45). Por esto afirma también: “Ningún ministro se apropie el ser ministro (servicio) de los hermanos; de forma que, en cuanto se lo impongan, abandone su oficio sin réplica alguna”[iii].
[i] Adm. 4,1-3: FF 152. Cfr. 2R. 6,1: FF 90.
[ii] Cfr. 1R. 1,1: FF 4; 2R. 1,1: FF 75.
[iii] 1R. 17,4: FF 46.

LA IDENTIDAD DE LA ORDEN FRANCISCANA EN SU MOMENTO FUNDACIONAL (1998).

martes, 23 de junio de 2009

¿Qué es la espiritualidad Franciscana? (a propósito del 187ª Capìtulo General de los franciscanos OFM)

La convicción fundamental de Francisco, una vez convertido y después que el Señor le dio hermanos, fue que su nueva vida y la de sus compañeros debía ser una consagración radical a Dios, viviendo según el modelo del Evangelio. Lo que se resume, a la luz de su pensamiento y de su sensibilidad espiritual, en tres elementos. En primer lugar, que la vida consagrada consiste sobre todo en ‘un especial ser para Dios’, por deducción: ‘un especial obrar en su servicio’. En segundo lugar, que el tipo de fraternidad evangélica elegido por él constituye, por así decir, el objetivo, el principio formal y el signo inconfundible de todo su programa de vida –ser y obrar- y el de los ‘hermanos menores’. En tercer lugar, que el campo de trabajo de los ‘hermanos menores’ por el Reino de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús, es amplísimo; insertos en el mundo, al lado de los hombres, edifican y sirven con el ejemplo[i], con el trabajo manual, con las actividades caritativas –en particular con la asistencia a los leprosos-, con el compromiso itinerante de predicación penitencial, etc…
[i] Cfr.LM. 8,1: FF 1135; TC. 36: FF 1440.
Para Francisco, lo que más contaba era el mensaje de fondo: el testimonio evangélico de los auténticos ‘hermanos menores’, con la propia vida, invitados a ‘reparar’ la Iglesia y la sociedad, respondiendo a la ‘gracia del trabajo’ de cada uno de ellos.
Francisco quiso que todos sus hermanos fuesen hombres apostólicos, pero no que todos se dedicasen –y siempre- a un ministerio específicamente y directamente pastoral. El primero y más válido apostolado, según él, debía ser la vida “con el ejemplo más que con las palabras”[i], según su dicho: “Todos los hermanos prediquen con las obras”[ii]. A este respecto es significativo que, en el capítulo de la Regla sobre los predicadores, Francisco ruega a “todos sus hermanos, predicadores, orantes, trabajadores, tanto clérigos como laicos, que procuren humillarse en todo, no gloriarse ni gozarse en sí mismos, ni exaltarse interiormente de las palabras y obras buenas; más aún, de ningún bien que Dios hace o dice y obra alguna vez en ellos y por ellos"[iii]
[i] “Consideremos, hermanos queridos, nuestra vocación, a la cual por su misericordia nos ha llamado el Señor, no tanto por nuestra salvación cuanto por la salvación de muchos otros, a fin de que vayamos por el mundo exhortando a los hombres más con el ejemplo que con las palabras, para moverlos a hacer penitencia de sus pecados y para que recuerden los mandamientos de Dios” (TC. 36: FF 1440).
[ii] 1R. 17,3: FF 46.
[iii] 1R. 17,5-6: FF 47.
LA IDENTIDAD DE LA ORDEN FRANCISCANA EN SU MOMENTO FUNDACIONAL (1998).

lunes, 22 de junio de 2009

¿Por qué el Padre Pío fue santo? (extractos de la homilìa de Benedicto XVI sobre San Pío de Pietrelcina)

Queridos amigos, frailes menores capuchinos, miembros de los grupos de oración y fieles todos de san Giovanni Rotondo, sois los herederos del padre Pío y la herencia que os ha dejado es la santidad. En una de sus cartas escribe: "Parece que el único tratamiento de Jesús para las manos es el de santificar vuestra alma" (Epístolas II, p. 155). Era siempre su primera preocupación, su ansia sacerdotal y paterna: que las personas regresaran a Dios, que pudieran experimentar su misericordia y, una vez renovados interiormente, redescubrir la belleza y la alegría de ser cristianos, de vivir en comunión con Jesús, de pertenecer a su Iglesia y practicar el Evangelio. El padre Pío atraía al camino de la santidad con su mismo testimonio, indicando con el ejemplo el "binomio" que nos conduce a ella: la oración y la caridad.

Ante todo la oración. Como todos los grandes hombres de Dios, el padre Pío se convirtió él mismo en oración, con el alma y con el cuerpo. Sus jornadas eran un rosario vivido, es decir, una continua meditación y asimilación de los misterios de Cristo en unión espiritual con la Virgen María. Se explica así la singular presencia en él de dones sobrenaturales y de sentido práctico humano. Y todo tenía su culmen en la celebración de la santa misa: en ella, él se unía plenamente al Señor muerto y resucitado. De la oración, como de una fuente siempre viva, brotaba la caridad. El amor que él llevaba en el corazón y transmitía a los demás estaba lleno de ternura, siempre atento a las situaciones reales de las personas y de las familias. Especialmente hacia los enfermos y dolientes, sustentaba la predilección del Corazón de Cristo, y precisamente de ella tuvo origen y forma el proyecto de una gran obra dedicada al "alivio del sufrimiento". No se puede entender ni interpretar adecuadamente esta institución si se la separa de su fuente inspiradora, que es la caridad evangélica, animada a su vez por la oración.

Muchos de vosotros, religiosos, religiosas y laicos, estáis tan absorbidos por miles de tareas que conlleva el servicio a los peregrinos o a los enfermos del hospital que corréis el riesgo de descuidar lo que es verdaderamente necesario: escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios. Cuando os deis cuenta de que corréis este riesgo, contemplad al padre Pío, su ejemplo, sus sufrimientos; e invocad su intercesión, para que os alcance del Señor la luz y la fuerza que necesitáis para continuar con vuestra misión empapada de amor por Dios y de caridad fraterna.

(Benedicto XVI, Homilía en la iglesia de san Pío de Pietrelcina, en San Giovanni Rotondo; 21-06-2009)

domingo, 21 de junio de 2009

Clausura del 187ª Capítulo General de los Franciscanos (OFM) (Sigo leyendo la Identidad franciscana)

En la dialéctica evangélica de Francisco, el substantivo ‘hermano’ es calificado por un adjetivo esencial: menor. El contenido real del término ‘menor’ es más rico y complejo. Un acercamiento profundo al léxico y a la sensibilidad de Francisco justifica inmediatamente que detrás de la inspiración evangélica de la palabra ‘menor’ se hallaban las connotaciones de ‘humildad y sencillez, pobreza de espíritu y pobreza material, espontaneidad y mansedumbre, sumisión caritativa recíproca, paciencia y espíritu de servicio, etc…’. Un conjunto de actitudes y virtudes decisivas para promover a fondo todas las exigencias del ser ‘hermano’. “Igualmente a este propósito, ninguno de los hermanos tenga potestad o dominio, y menos entre ellos. Pues, como dice el Señor en el Evangelio, los príncipes de los pueblos se enseñorean de ellos y los que son mayores ejercen el poder en ellos; no será así entre los hermanos; y todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro y siervo, y el que es mayor entre ellos, hágase como el menor.
De verdad, no se comprende una práctica semejante de la fraternidad evangélica (…)si no se añade el otro gran valor evangélico, que tanto repercutió en Francisco, el de la minoridad. Sólo el vaciamiento de sí mismo por amor al otro, al Padre y al prójimo (hermano), encarnado por Jesús, siervo humilde y pobre hasta la muerte, colocado por Francisco como fundamento y modelo de la vida de su fraternidad, podía infundir, tener viva y realizar la caridad evangélica de manera tan radical.
OFM, LA IDENTIDAD DE LA ORDEN FRANCISCANA EN SU MOMENTO FUNDACIONAL (1998).
Video: misa de clausura del 187° capítulo general de los Franciscanos.

sábado, 20 de junio de 2009

Clausura del 187ª Capítulo General de los Franciscanos (OFM)

CapGen09: Diario 25
Asís, 20 de junio de 2009.
Con la solemne concelebración eucarística a las 11h. de la mañana, en la Basílica de la Porciúncula, se ha concluido el 187º Capítulo general de los Frailes Menores.

Antes de este momento, el Ministro general, había dirigido su discurso conclusivo a los frailes, agradeciéndoles por haber soportado el peso y el calor de las jornadas. Ha hecho memoria del camino recorrido en los últimos años para reforzar las relaciones fraternas entre las distintas Entidades de la Orden. Ha subrayado cómo ha crecido entre los frailes la comprensión del Evangelio como don, a recibir y a ofrecer a los demás. Este elemento ha estado subrayado también en el documento final del Capítulo: “Portadores del don del Evangelio”.
Al final, los hermanos capitulares han agradecido a los 29 oficiales que en estas cuatro semanas han trabajado para hacer posible un buen desarrollo del Capítulo: el Secretario, los vice-secretarios, el adjunto de secretaría, el secretario del Ministro general, el economo, los traductores, los intérpretes, los peritos y los oficiales de las comunicaciones.
En la homilía, Fr. José Rodríguez Carballo, reelegido Ministro general de la Orden, ha hecho memoria, una vez más, de los 800 años del movimiento franciscano. Ha subrayado cómo la diversidad de lengua y cultura, que desde siempre lo caracteriza, ha representado, también en esta experiencia capitular, una riqueza para comprender en profundidad la voluntad de Dios.
Como en el primer Pentecostés cristiano y en los primeros Capítulos de la Orden (en particular en el gran Capítulo de las Esteras del 1221) el Espíritu ha animado la reflexión sobre todo aquello que afecta la vida y la misión de los Hermanos.
Un elemento esencial para actualizar hoy las iniciativas pastorales y misioneras de los frailes será la atención, para “conocer bien el corazón de los hombres a los cuales nos dirigimos, de su modo de pensar y de situarse”, solo así se podrá continuar siendo “los frailes del pueblo”.
Junto a esto “También es necesario estar bien preparados intelectualmente, para una lectura atenta de los signos de los tiempos y de los lugares, y poder, de este modo, dar una respuesta evangélica a todos ellos”.
El mundo tiene derecho a esperar que los frailes sean instrumentos de reconciliación y de paz, solidarios con los más pobres, atentos a la salvaguarda de la creación, “que fomentan el diálogo entre las culturas, las generaciones, las religiones, las corrientes de pensamiento, a fin de propiciar el conocimiento y el reconocimiento mutuos y la búsqueda de caminos comunes para instaurar un mundo hermanado en las ricas y sanas diferencias”.
Todos los frailes han sido acogidos por la Comunidad de la Porciúncula, con la que han compartido la comida.
En la tarde, los capitulares han comenzado a dejar S. María de los Ángeles para regresar a sus Fraternidades provinciales.
Desde la oficina de comunicaciones os agradecemos el habernos seguido en este camino y habernos sostenidos con la oración y la amistad.
Os pedimos que continúeis orando, para que el camino de los próximos seis años, trazado en estos días, pueda ser recorrido con fidelidad y valentía.
¡En alabanza de Cristo y del Pobrecillo Francisco, Amén!
Fr. John Abela, Fr. Mirko Sellitto y Fr. Francisco Javier Arellano Suárez

viernes, 19 de junio de 2009

¿Por qué el Sagrado Corazón de Jesús? (Extractos de la homilía de Benedicto XVI)

En la antífona del Magníficat dentro de poco cantaremos: "El Señor nos ha acogido en su corazón"- "Suscepit nos Dominus in sinum et cor suum". En el Antiguo Testamento se habla 26 veces del corazón de Dios, considerado como el órgano de su voluntad: en referencia al corazón de Dios, el hombre es juzgado. A causa del dolor que su corazón siente por los pecados del hombre, Dios decide el diluvio, pero después se conmueve ante la debilidad humana y perdona. Luego hay un pasaje del Antiguo Testamento en el que el tema del corazón de Dios se expresa de manera totalmente clara: se encuentra en el capítulo 11 del libro del profeta Oseas, donde los primeros versículos describen la dimensión del amor con el que el Señor se dirige a Israel en la aurora de su historia: "Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo" (v. 1). En realidad, a la incansable predilección divina, Israel responde con indiferencia e incluso con ingratitud. "Cuanto más los llamaba --constata el Señor--, más se alejaban de mí" (v. 2). Sin embargo, Él no abandona Israel en las manos de los enemigos, pues "mi corazón -dice el Creador del universo-- está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas" (v. 8).

(Benedicto XVI, Homilía al inaugurar el Año Sacerdotal durante las vísperas de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 19-VI-2009).

En casa de mi abuela existía un cuadro grande del Sagrado Corazón muy parecido al de la imagen que publiqué acá, y mi madre siempre tuvo uno pequeño, y en todo templo católico existe uno. En mi vida su presencia ha sido permanente, por tando mi devoción.

jueves, 18 de junio de 2009

Cirilio y Metodio (Extractos del discurso de Benedicto XVI en la Audiencia General)

En Roma, Cirilo y Metodio fueron recibidos por el Papa Adriano II, que les salió al encuentro en procesión para acoger dignamente las reliquias de san Clemente. El Papa también había comprendido la gran importancia de su excepcional misión. Desde la mitad del primer milenio, de hecho, los eslavos se habían asentado en gran número en aquellos territorios situados entre las dos partes del Imperio Romano, el oriental y el occidental, que experimentaban tensiones entre sí. El Papa intuyó que los pueblos eslavos podrían desempeñar el papel de puente, contribuyendo de este modo a conservar la unión entre los cristianos de una y otra parte del Imperio. Por tanto, no dudó en aprobar la misión de los dos hermanos en la Gran Moravia, acogiendo y aprobando el uso del eslavo en la liturgia. Los libros eslavos fueron colocados en el altar de Santa María de Phatmé (Santa María la Mayor) y se celebró la liturgia eslava en las basílicas de San Pedro, San Andrés, San Pablo.

En realidad, ya años antes de que el príncipe de Moravia pidiera al emperador Miguel III el envío de misioneros a su tierra, parece que Cirilo y el hermano Metodio, rodeados por un grupo de discípulos, estaban trabajando en el proyecto de recoger los dogmas cristianos en libros escritos en eslavo. Entonces se constató con claridad la necesidad de contar con nuevos signos gráficos, que fueran más adecuados a la lengua hablada: nació así el alfabeto glagolítico que, posteriormente modificado, fue designado con el nombre de "cirílico" en honor de su inspirador. Fue un hecho decisivo para el desarrollo de la civilización eslava en general. Cirilo y Metodio estaban convencidos de que los diferentes pueblos no podían considerar que habían recibido plenamente la Revelación hasta que no la hubieran escuchado en su propio idioma y leído en los caracteres propios de su alfabeto.

A Metodio le corresponde el mérito de permitir que la obra emprendida por su hermano no quedara bruscamente interrumpida. Mientras Cirilo, el "filósofo", tendía a la contemplación, él se orientaba más bien a la vida activa. De este modo, pudo sentar los cimientos de la sucesiva afirmación de lo que podríamos llamar la "idea cirilo-metodiana", que acompañó en los diferentes períodos históricos a los pueblos eslavos, favoreciendo el desarrollo cultural, nacional y religioso. Lo reconoció ya el Papa Pío XI con la carta apostólica Quod Sanctum Cyrillum, en la que calificaba a los dos hermanos "hijos de Oriente, bizantinos de patria, griegos de origen, romanos por su misión, eslavos por los frutos apostólicos" (AAS 19 [1927] 93-96). El papel histórico que ellos desempeñaron fue después oficialmente proclamado por el Papa Juan Pablo II quien, con la carta apostólica Egregiae virtutis viri, les declaró copatronos de Europa junto a san Benito (AAS 73 [1981] 258-262).

En efecto, Cirilo y Metodio constituyen un ejemplo clásico de lo que hoy se indica con el término "enculturación": cada pueblo debe hacer que penetre en la propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvífica con su propio lenguaje. Esto supone un trabajo de "traducción" muy empeñativo, pues exige encontrar términos adecuados para volver a proponer, sin traicionarla, la riqueza de la Palabra revelada. Los dos santos hermanos han dejado en este sentido un testimonio particularmente significativo que la Iglesia sigue mirando hoy para inspirarse y orientarse.

(Benedicto XVI, Audiencia General, 17-06-2009)

miércoles, 17 de junio de 2009

La fraternidad como fundamento franciscano

Un primer dato, particularmente significativo en la mentalidad medieval, que era eminentemente clasista, fue la actitud de Francisco con relación a las vocaciones que se unían a su grupo de ‘hombres evangélicos’. Su criterio básico, inspirado en el Evangelio, que adoptó durante toda su vida, fue el de recibir a los que venían a él impulsados por la misma vocación, eliminando todo tipo de discriminaciones debido a la condición social, cultural o eclesiástica del candidato, extendida en aquel tiempo.
En resumen, la única condición fundamental que consideraba y retenía indispensable para la admisión a la fraternidad era la ‘conversión’. Cada candidato debía ser moralmente un convertido, movido, ‘por divina inspiración’, a emprender el tenor de vida evangélica asumida por él y capaz de una total negación a sí mismo, sobre todo mediante la prueba de la obediencia, del servicio a los leprosos y de la renuncia total a los propios bienes, las ganancias de cuya venta debía distribuirse entre los pobres.
“Quería unir a grandes y pequeños, atar con afecto de hermanos a sabios y simples, conglutinar con la ligadura del amor a los que estaban distanciados entre sí”
(OFM, 1998, LA IDENTIDAD DE LA ORDEN FRANCISCANA EN SU MOMENTO FUNDACIONAL)

martes, 16 de junio de 2009

Mi amiga misionera: Hermana marianita Luz Stella Novoa

No recuerdo bien el año, creo que fue en 1986 cuando conocí a Luz Stella Novoa. En ese entonces, era maestra de química en un colegio religioso, y vivía en un anexo de "la casa" de mi abuela. Ella es de esas personas que transpiran santidad; porque siempre estaba dispuesta a ayudar y, Dios no dejaba de estar en sus palabras y acciones.
Les dejo el escrito que habla de su viaje en misión, que tomé de acá; y les ruego oraciones para que tenga mucho éxito apostólico y que Dios la libre de todos los males en esas regiones tan peligrosas.

Un sueño misionero hecho realidad
La hermana Marianita Luz Stella Novoa irá a Etiopía este 10 de noviembre, a cumplir su sueño de ser misionera en el África. Con 60 años, Luz Stella, viajará dos días con una sola parada en Frankfurt para llegar al hogar que la acogerá por los próximos 5 años en Adis Ababa (Flor Nueva), lugar al que siente pertenencia absoluta. Luz Stella, nació en Bogotá, Colombia el 25 de agosto de 1948. Sus padres Don Víctor Manuel Novoa (+) y doña María Esther Salguero, formaron su familia con 9 hijos(7 mujeres y dos varones). A pesar de tanta alegría, Luz Stella, siente tristeza por su familia y sobre todo por su madre de 90 años, a quien no podrá ver en mucho tiempo por la distancia geográfica y por la falta de comunicación en África.
Su estadía en Ecuador ha sido de un año sirviendo en el Santuario de la Beata Mercedes de Jesús Molina (primera misionera del Ecuador) ubicado en Riobamba. Antes, en Colombia, trabajó como profesora de las cátedras de Química, Biología e Inglés en varios colegios, experiencia que le permitió vincularse con la Pastoral Educativa de la Diócesis de Riobamba.
Luz Stella, había hecho el intento de viajar y hacer misión en África en una oportunidad anterior, pero sin resultados positivos. No hace mucho, cuando su Provincial pidió en una oración “porque hayan hermanas que quieran ir al continente africano”, sintió que el corazón le ardía y que era la oportunidad para hacer su sueño realidad. Presentó su solicitud a la Madre General y al Consejo de su Congregación, quienes a finales de junio de este año le dieron la buena noticia. Frente a este nuevo escenario pudo conversar con su Madre Provincial, sobre aspectos y condiciones de vida con los que se toparía, pero nada detiene su inquietud misionera.
Luz Stella estuvo en la Eucaristía de Clausura del Tercer Congreso Americano Misionero CAM3-comla8 el pasado 17 de agosto, para recibir el envío misionero al igual que otros misioneros y misioneras que anhelan llevar por el mundo el amor y el mensaje de salvación.
Su relación con el CAM3-comla8Cuenta la hermana Luz Stella que fue su Madre General, María Lucy Villa Carvajal, quien le envío un oficio con un Instrumento de Trabajo del CAM3 para que fuera traducido al inglés como un aporte de la Comunidad hacia el Congreso del pasado mes de agosto. Empezó a traducir el Instrumento y al poco tiempo colaboró con las traducciones de los contenidos publicados en la página web. Así, desde el 21 de septiembre de 2007 hasta la presente fecha, ha contribuido con este gran proyecto misionero.
“La mejor preparación es la que te da la vida”A pesar de que no ha tenido oportunidad de realizar cursos o formación en misionología, Luz Stella, cuenta con todo el enriquecimiento que el Tercer Congreso Americano Misionero CAM3-comla8 le otorgara antes y durante el evento. También, han sido de mucha ayuda los testimonios que sus hermanas de comunidad le han compartido sobre la vida, las costumbres y la cotidianidad de los etíopes.

El Señor nunca nos pide algo sin darnos las herramientas“Siempre me pongo en el corazón de Dios”, asegura, pues el me muestra el camino y el amor cada día, esa fuerza me impulsa para trabajar por un grupo de personas que siempre están ávidos de ayuda, solidaridad, trabajo, educación, palabras de aliento y de bondad…
Luz Stella Novoa, no se va sola, irá acompañada de dos hermanas de su misma comunidad, Matilde Rivera que ha vivido 9 años en Etiopía y Ruth Inés, de origen peruano que ha vivido más de 10 años en África Occidental (Guinea) juntas irán a llevar por esa parte del mundo, el amor de Dios y su mensaje de salvación hasta que se les agote sus días.


Franciscanos: Capìtulo General 187ª: (extractos de mis lecturas)

Me empecé a leer algunos documentos sobre los franciscanos, por ahora los relativos al actual Capìtulo General aquí.

LA HISTORIA FRANCISCANA

En el invierno del 1206-1207 Francisco de Bernardone, joven de Asís, renuncia publicamente al propio padre terreno para ser solo de Dios. Abandona las brigadas de los compañeros para asistir a los leproso, los desamparado y refiutados de la sociedad. Transcurre los siguientes dos años como mendicante, ermitaño y restaurador de tres iglesias derruídas en las cercanías de Asís: San Damián, San Pedro y Santa María de la Porciúncula.

Su estilo de vida rápidamente atrae a dos conciudadanos: el rico Bernardo de Qintavalle y el
canónico-jurista Pedro Catani. Poco después otros nueve hombres se suman al grupo. Doce penitentes y peregrinos, sin casa y sin morada fija.
Al inicio Francisco formula una breve regla, dictando algunas normas de vida aprobadas
oralmente por Inocencio III; sucesivamente escribe la Regla de la Orden de los Frailes Menores confirmada con la Bula papal de Onorio III el 29 noviembre 1223.

También la noble de 18 años, Clara, es atraída por el ejemplo de Francisco. (...)

Entre ell 1210 y el 1221 se da un grande desarrollo de la obra de San Francisco, que envía a sus compañeros por todos los caminos del mundo a predicar a Cristo pobre, humilde y crucificado, y a llevar a todos la reconciliación y la paz.
En el 1221 en Florencia, el marcader Lucchesi y su esposa Buonadonna, fascinados del estilo
de vida de Francisco, piden de poder vivir la vida de los Menores en su estado matrimonial. Así nace la Orden Franciscana Seglar.
La identidad del franciscanismo está en el vivir el Evangelio en la Iglesia según el modelo observado y propuesto por Francisco de Asís y predicarlo a toda creatura.

También la Orden Franciscana ha pasado a través de una profunda reestructuración. Desde
el interno, nacieron tres tendencias, que han dado vida a tres ramas jurídicamente independientes, pero con la misma Regla de vida. Las tres ramas tienen un gobierno y estructuras propias: los Frailes Menores, los Frailes Menores Conventuales, los Frailes Menores Capuchinos.

lunes, 15 de junio de 2009

Franciscanos: Capìtulo General 187ª: (extractos de mis lecturas)

Me empecé a leer algunos documentos sobre los franciscanos, por ahora los relativos al actual Capìtulo General aquí.
Contexto en el cual nace el Capítulo general de los Frailes menores
Tomás de Celano – fraile biografo de san Francisco – en la Vida Primera refiere las fases de dosreuniones de la primitiva fraternidad franciscana.
La primera reunión es así descrita: Cuando la fraternidad alcanzó el número de ocho frailes «
el beato Francisco los reunió a todos juntos y después de haberles hablado tanto del Reino de Dios, del desprecio del mundo, de la negación de la propia voluntad, del dominio que se debe ejercer sobre el propio cuerpo, los dividió en cuatro grupos de dos cada uno y les dijo: “Andad, queridísimos, de dos en dos por las varias partes del mundo y anunciad a los hombres la paz y la penitencia en remisión de los pecados”... »

(...) El fuerte sentido de fratenidad respirado por la nueva forma de vida religiosa había creado en la reunión fraterna su típica y congenial estructura expresiva. Inicialmente, habiendo excluido por principio la stabilitas loci propia de la comunidad monástica, y encontrándose todavía en una situación de vida peregrinante sin una morada fija, los frailes pudieron experimentar felizmente en la reunión fraterna una forma de subsidio particularmente válido para experimentar y consolidar la comunión de vida consagrada al seguimiento de Jesucristo.

Familia Franciscana

La Familia franciscana, desde los origenes, está compuesta por tres Ordenes: los Frailes Menores (Primera Orden), las Hermanas Pobres, hoy “Clarisas” (Segunda Orden) y la Orden Franciscana Seglar, compuesta por laicos de ambos sexos (Tercera Orden).

En el curso de los siglos, los Frailes de la Primera Orden se distinguieron en tres familias: los
Menores (actualmente con 14,700 miembors aprox.), los Conventuales (4,500 aprox) y los Capuchinos(11,000 aprox.).

Las Clarisas están presentes en el mundo con cerca 900 Monasterios y 16,000 claustrales.
Se añaden otros siete grupos de Franciscanas contemplativas (algunas con Reglas propias y
otras con la Regla de la Tercera Orden Regular).

La Orden Franciscana Seglar cuenta hoy aproximadamente con 400,000 miembros, a los cuales se suman los casí 50,000 de la Juventud Franciscana.

Por la rama masculina se desarrolla también la Tercera Orden Regular (954 aprox.), cuyos miembros son religiosos.

Se desarrolla, después otro importante grupo de cerca de 400 Institutos femeninos con la
Regla de la Tercera Orden, con casí 250,000 miembros.

El carisma franciscano ha dado vida – hecho único – a Familias franciscanas en otras confesiones
cristianas (franciscanos y clarisas anglicanos), a comunidades franciscanas indúes y a grupos
de “amigos de san Francisco” en cada cultura y religión.

En fin, el carisma franciscano, propio por su innata apertura a los demás, ha facilmente tomado
la vía del diálogo y la comunicación con los recientes Movimientos eclesiales.

sábado, 13 de junio de 2009

La mejor película sobre San Antonio, en conmemoración del día de este gran santo que quiero tanto

En mi opinión. La historia perfecta, las actuaciones convincentes, la fotografìa y mùsica conmovedora. El final: esperanzador. Inspira a la imitaciòn, y a los anhelos de seguimiento de nuestro Señor.





















viernes, 12 de junio de 2009

Benedicto XVI: la herencia benedictina: la paz de la oraciòn

¡Qué necesidad tiene la comunidad cristiana y la humanidad entera de saborear toda la riqueza y el poder de la paz de Cristo! San Benito ha sido un gran testimonio de ella, porque la ha acogido en su vida y la ha hecho fructificar en obras de auténtica renovación cultural y espiritual". Precisamente por esto, a la entrada de la Abadía de Montecassino y de todos los monasterios benedictinos, está escrita, como lema, la palabra "PAX": es más, la comunidad monástica está llamada a vivir según esta paz, que es el don pascual por excelencia. Como sabéis, en mi reciente viaje a Tierra Santa me hice peregrino de paz, y hoy -en esta tierra marcada por el carisma benedictino- se me da la oportunidad de subrayar una vez más que la paz es en primer lugar don de Dios, y por tanto su fuerza está en la oración.

Una vez más, la historia del monaquismo nos enseña que un gran avance de civilización se prepara con la escucha cotidiana de la Palabra de Dios, que impulsa a los creyentes a un esfuerzo personal y comunitario de lucha contra toda forma de egoísmo y de injusticia. Sólo aprendiendo, con la gracia de Cristo, a combatir y vencer el mal dentro de uno mismo y en las relaciones con los demás, se convierten las personas en auténticos constructores de paz y de progreso civil. La Virgen María, Reina de la Paz, ayude a todos los cristianos, en las diversas vocaciones y situaciones de la vida, a ser testimonios de la paz, que Cristo nos ha dado y nos dejó como tarea a realizar en todas partes.

(Benedicto XVI, “Regina Caeli" en la Plaza Benedicto XVI, en Cassino”, 24-V-2009).

Dejar de vivir para nosotros mismos, sino para Cristo: esto es lo que da pleno sentido a la vida de quien se deja conquistar por Él. Lo manifiesta claramente la vicisitud humana y espiritual de san Benito, que abandonando todo siguió fielmente a Jesús. Encarnando en su propia existencia el Evangelio, se convirtió en iniciador de un amplio movimiento de renacimiento espiritual y cultural en Occidente.

Siguiendo la escuela de san Benito, con el paso de los siglos, los monasterios han sido centros fervientes de diálogo, de encuentro y benéfica fusión entre gentes diversas, unificadas por la cultura evangélica de la paz. Los monjes han sabido enseñar con la palabra y el ejemplo el arte de la paz, sirviéndose de los tres "vínculos" que san Benito consideraba necesarios para conservar la unidad del Espíritu entre los seres humanos: la Cruz, que es la ley misma de Cristo; el libro, es decir la cultura; y el arado, que indica el trabajo, la señoría sobre la materia y el tiempo. Gracias a la actividad de los monasterios, articulada en el triple compromiso cotidiano de la oración, del estudio y del trabajo, pueblos enteros del continente europeo han experimentado un auténtico rescate y un benéfico desarrollo moral, espiritual y cultural, educándose en el sentido de la continuidad con el pasado, en la acción concreta a favor del bien común, en la apertura hacia Dios y la dimensión trascendental. Recemos para que Europa valorice siempre este patrimonio de principios e ideales cristianos que constituye una riqueza cultural y espiritual inmensa.

(Benedicto XVI, Homilía a monjes y monjas benedictinos en Montecassino, 25-V-2009).

jueves, 11 de junio de 2009

¿Se puede recristianizar nuestra cultura actual y cambiar la cultura de muerte que domina en Venezuela?

El jesuita Matteo Ricci, que nació en Macerata el 6 de octubre de 1552, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó muchos años de su vida a tejer un provechoso diálogo entre Occidente y Oriente, realizando al mismo tiempo una acción eficaz de arraigo del Evangelio en la cultura del gran pueblo de China. Su ejemplo sigue siendo también hoy un modelo de encuentro beneficioso entre la civilización europea y la china.

(…) Además, lo que ha hecho original y -podríamos decir- profético su apostolado, fue seguramente la profunda simpatía que sentía por los chinos, por su historia, por sus culturas y tradiciones religiosas. Baste recordar su Tratado sobre la amistad (De amicitia Jiaoyoulun), que obtuvo gran éxito desde su primera edición en Nankín en 1595. Este paisano vuestro, modelo de diálogo y de respeto por las creencias de los demás, hizo de la amistad el estilo de su apostolado durante los veintiocho años que permaneció en China. La amistad que ofrecía era correspondida por las poblaciones locales precisamente gracias al clima de respeto y estima que trataba de cultivar, preocupándose por conocer cada vez mejor las tradiciones de la China de ese tiempo.

(Benedicto XVI, Mensaje sobre el gran evangelizador de China, Matteo Ricci; IV centenario de su muerte, 06-V-2009).

Recuerdo cuando leí sobre Matteo Ricci, me impresionó sus grandes esfuerzos por evangelizar respetando la cultura china; porque evangelizar no es occidentalizar, como creen algunos, sino que es descubrir todo lo bueno y cristiano que ya hay en cada cultura. Creo firmemente que en nuestra cultura actual podemos inculturar el cristianismo de nuevo, aunque no será fácil. ¿Cómo se descubre en las costumbres de un malandro (delincuente) lo bueno? Sólo en su humanidad, y posiblemente en la educación y algo de cariño que recibió en su vida. ¿Cómo cristianizar y por tanto transformar, este odio político que se ha hecho lo normal en Venezuela?.

miércoles, 10 de junio de 2009

Retomando una práctica de piedad abandonada

Así son las cosas, había dejado de mi lectura espiritual (10 minutos) y la del Evangelio (5 minutos) de un tiempo para acá. Espero ser constante...; como en las visitas a Jesús Sacramentado, por tener la suerte de trabajar cerca del oratorio.

Benedicto XVI: recapitula su viaje a Tierra Santa

Ahora bien, la historia de ayer y de hoy muestra que precisamente esta Tierra se ha convertido también en símbolo de lo contrario, es decir, de divisiones y de conflictos interminables entre hermanos. ¿Cómo es posible? Es justo que este interrogante interpele nuestro corazón, si bien sabemos que un misterioso designio de Dios concierne a aquella Tierra, donde Dios "ha enviado a su Hijo como víctima de expiación para nuestros pecados" (1 Juan 4, 10). Tierra Santa ha sido llamada un "quinto Evangelio", porque aquí podemos ver, es más tocar la realidad de la historia que Dios ha realizado con los hombres. Comenzando con los lugares de la vida de Abraham hasta los lugares de la vida de Jesús, desde la encarnación hasta la tumba vacía, signo de su resurrección. Sí, Dios ha entrado en esta tierra, ha actuado con nosotros en este mundo. Pero podemos decir más todavía: Tierra Santa, por su misma historia, puede ser considerada un microcosmos que resume en sí el esforzado camino de Dios con la humanidad. Un camino que incluye a causa del pecado también la Cruz, pero gracias la abundancia del amor divino también la alegría del Espíritu Santo, la Resurrección ya comenzada; es un camino entre los valles de nuestro sufrimiento hacia el Reino de Dios. Reino que no es de este mundo, sino que vive en este mundo y debe penetrarlo con su fuerza de justicia y de paz.

La historia de la salvación comienza con la elección de un hombre, Abraham, y de un pueblo, Israel, pero su intención es universal, la salvación de todos los pueblos. La historia de la salvación siempre está marcada por este enlace de particularidad y universalidad. En la primera lectura de hoy vemos bien esta relación: san Pedro, al ver en la casa de Cornelio la fe de los paganos y su deseo de Dios, dice: "Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato" (Hechos 10, 34-35).

(Benedicto XVI, “Discurso al rezar el Regina Caeli”, 17-V-2009).

¡Cuán importante es que los cristianos y los musulmanes convivan pacíficamente respetándose los unos a los otros! Gracias a Dios y al compromiso de los gobernantes, esto sucede en Jordania. Por eso, he rezado para que sea así también en otros lugares, pensando sobre todo en los cristianos que viven una situación difícil en el vecino Irak.
(...) Jerusalén es la encrucijada de las tres grandes religiones monoteístas, y su nombre mismo, "ciudad de la paz", expresa el designio de Dios sobre la humanidad: hacer de ella una gran familia. Este designio, anunciado a Abraham, se realizó plenamente en Jesucristo, al que san Pablo llama "nuestra paz", pues con la fuerza de su Sacrificio derribó el muro de la enemistad (cf. Ef 2, 14). Por tanto, todos los creyentes deben renunciar a los prejuicios y a la voluntad de dominio, y practicar concordes el mandamiento fundamental: amar a Dios con todo su ser y amar al prójimo como a nosotros mismos.


(…) Un momento de intenso recogimiento fue, además, la visita al Mausoleo de Yad Vashem, erigido en Jerusalén en honor de las víctimas del Holocausto. Allí rezamos en silencio y meditamos en el misterio del "nombre": toda persona humana es sagrada, y su nombre está escrito en el corazón del Dios eterno. No se debe olvidar jamás la tremenda tragedia del Holocausto. Al contrario, es necesario que esté siempre en nuestra memoria como advertencia universal al respeto sagrado de la vida humana, que tiene siempre un valor infinito.

De rodillas en el Calvario y en el Sepulcro de Jesús invoqué la fuerza del amor que brota del misterio pascual, la única fuerza capaz de renovar a los hombres y de orientar hacia su fin la historia y el cosmos.

(Benedicto XVI, “Audiencia General: El Viaje Apostólico a Tierra Santa”, 20-V-2009).

martes, 9 de junio de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa: el mensaje de la esperanza

El largo dominio del pecado y de la muerte fue destruido por el triunfo de la obediencia y de la vida; el madero de la cruz revela la verdad sobre el bien y el mal; el juicio de Dios fue pronunciado sobre este mundo y la gracia del Espíritu Santo fue derramada sobre toda la humanidad. Aquí Cristo, el nuevo Adán, nos ha enseñado que el mal nunca tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte, que nuestro futuro y el de la humanidad está en las manos de un Dios providente y fiel.La tumba vacía nos habla de esperanza, la misma que no defrauda, porque es don del Espíritu Santo, que nos da la vida (cf. Romanos 5, 5). Este es el mensaje que hoy deseo dejaros, al concluir mi peregrinación a Tierra Santa. ¡Que la esperanzase eleve nuevamente, por la gracia de Dios, en el corazón de cada persona que vive en estas tierras! Que pueda arraigarse en vuestros corazones, permanecer en vuestras familias y comunidades e inspirar a cada uno de vosotros un testimonio cada vez más fiel del Príncipe de la Paz. La Iglesia en Tierra Santa, que continuamente ha experimentado el oscuro misterio del Gólgota, no debe nunca dejar de ser un intrépido heraldo del luminoso mensaje de esperanza que proclama esta tumba vacía. El Evangelio nos dice que Dios puede hacer nuevas todas las cosas, que la historia no necesariamente se repite, que las memorias pueden ser purificadas, que los frutos amargos de la recriminación y de la hostilidad pueden ser superados, y que un futuro de justicia, de paz, de prosperidad y de colaboración puede surgir para cada hombre y mujer, para toda la familia humana, y de manera especial para el pueblo que vive en esta tierra, tan querida por el corazón del Salvador.

(…) ¡También ahora la gracia de la resurrección está actuando en nosotros! Que la contemplación de este misterio impulse nuestros esfuerzos, como individuos y como miembros de la comunidad eclesial, para crecer en la vida del Espíritu mediante la conversión, la penitencia y la oración. Que nos ayude a superar, con la potencia de ese mismo Espíritu, todo conflicto y tensión nacidos de la carne y remover todo obstáculo, por dentro y por fuera, que se interpone en nuestro testimonio común de Cristo y en el poder de su amor que reconcilia.

(…) Él puede sosteneros en vuestras pruebas, confortaros en vuestras aflicciones, y confirmaros en vuestros esfuerzos por anunciar y extender su Reino.

(Benedicto XVI, Discurso en el Santo Sepulcro, 15-V-2009).

lunes, 8 de junio de 2009

Benedicto XVI y la Iglesia en Venezuela (visita "ad limina apostolorum")

Si algo ha caracterizado tanto la vida de fe de nuestro pueblo como el ejercicio pastoral de nuestro episcopado a través de todas las épocas, ha sido el reconocimiento y el cultivo de la relación vital con el Sucesor de Pedro. La historia de nuestra Iglesia, en estos dos últimos siglos, nos ha enseñado que estrechar la comunión y consolidar la unidad "cum Petro et sub Petro" son bienes particularmente preciosos ya que hemos vivido en carne propia la amenaza por parte de gobiernos anticlericales, de separarnos de la roca romana creando Iglesias nacionales sometidas a los poderes de turno.

Un servicio en el que hemos puesto particular empeño ha sido el de iluminar desde la fe el difícil camino por el que viene transitando el pueblo venezolano desde hace una década. Como es sabido, en Venezuela se ha impuesto desde hace una década un nuevo proyecto político que lleva por nombre socialismo del siglo XXI, de talante revolucionario, que ha introducido profundas modificaciones en todas las dimensiones de la vida del país, ha contado para su implantación con ingentes ingresos provenientes del petróleo y ha causado crecientes polarizaciones económicas, sociales y culturales. La progresiva ejecución de este proyecto ha polarizado el país y lo ha dividido en grupos contrapuestos.

Esta confrontación, que se ha resuelto a través de numerosos eventos electorales, ha provocado una creciente polarización política, ha aumentado la violencia, la inseguridad y el odio, poniendo en serio riesgo la convivencia democrática. Ante tales amenazas, y sabiendo que la gran mayoría de la población es profundamente religiosa y católica, nos hemos sentido llamados como pastores a emitir numerosos mensajes, cartas y exhortaciones pastorales.

(Ubaldo R. Santana Sequera, Informe del presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana sobre su acción al Papa en la visita "ad limina apostolorum", 08-VI-2009)

Os animo, por tanto, a incrementar las iniciativas para dar a conocer en toda su integridad y hermosura la figura y el mensaje de Jesucristo. Para ello, además de una buena formación doctrinal de todo el Pueblo de Dios, es importante fomentar una profunda vida de fe y oración. En la liturgia, y en el diálogo íntimo de la plegaria personal o comunitaria, el Resucitado viene a nuestro encuentro, transformando nuestro corazón con su presencia amorosa.

(Benedicto XVI, “Discurso a los obispos del Venezuela en visita "ad limina apostolorum", 08-VI-2009)

domingo, 7 de junio de 2009

Dios es Trino porque es Amor (leyendo la Carta del Prelado del Opus Dei: Javier Echevarría (Junio, 2009))

Desempeñar con amor a Dios y a los demás las acciones diarias: en esto consiste el secreto de la santidad a la que Dios llama a los cristianos que viven y trabajan en medio de las realidades temporales.

Siendo el Amor por esencia, nuestro Dios no es un Ser solitario, encerrado en una lejanía trascendente, ajeno a las preocupaciones de los hombres. Dios es trinidad de Personas, tan unidas y compenetradas que son un solo y único Dios. "Esta revelación de Dios se delineó plenamente en el Nuevo Testamento, gracias a la palabra de Cristo. Jesús nos manifestó el rostro de Dios, uno en esencia y trino en personas: Dios es amor, Amor Padre, Amor Hijo y Amor Espíritu Santo" (Benedicto XVI, Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad, 18-V-2008)


(Javier Echevarría, Carta del Prelado del Opus Dei, junio de 2009)

lunes, 1 de junio de 2009

Benedicto en Tierra Santa: "El prodigio de la Encarnación"

No podemos hacer con el mundo todo lo que nos place; por el contrario, estamos llamados a conformar nuestras decisiones con las complejas y perceptibles leyes escritas por el Creador en el universo y a modelar nuestras acciones según la bondad divina que penetra el reino de lo creado.


(Benedicto XVI, “Discurso en el encuentro con representantes religiosos de Galilea”, 14-V-2009).


El prodigio de la Encarnación continúa desafiándonos a abrir nuestra inteligencia a las ilimitadas posibilidades del poder transformador de Dios, de su amor por nosotros, de su deseo de estar en comunión con nosotros. Aquí el eterno Hijo de Dios se convirtió en hombre, e hizo posible para nosotros, sus hermanos y hermanas, el compartir su filiación divina. Aquel movimiento de rebajamiento de un amor que se vació a sí mismo hizo posible el movimiento inverso de exaltación en el cual también nosotros fuimos elevados para compartir la vida misma de Dios (cf. Filipenses 2,6-11).


(Benedicto XVI, “Discurso en la Basílica de la Anunciación”, 14-V-2009).

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