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viernes, 4 de junio de 2010

¿Cómo debe comportarse un cristiano en política?

La Iglesia se concentra particularmente en educar a los discípulos de Cristo, para que sean cada vez más testigos de su Presencia, en todas partes. Toda a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana alarga el horizonte limitado del hombre y le proyecta hacia la verdadera altitud de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo; que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia – como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad – son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres. Compete también a los fieles laicos participar activamente en la vida política, de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural, sino, allí donde se comprometen, son movidos por a certeza de que Cristo es la piedra angular de toda construcción humana (cfr Congr. para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y al comportamiento de los católicos en la vida política, 24 nov. 2002).
(Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos con motivo de la celebración de su XXIV Asamblea Plenaria: “Testigos de Cristo en la comunidad política”, 21-V-2010).

Me gusta este principio de llevar a Cristo a todas las realidades con nuestro ejemplo de vida. Creo que es lo que más me cuesta y lo que más me preocupa: ¿Ven en mí a un cristiano?. Tener claro los principios de la DSI: la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad. Debemos buscar además EL CONSENSO, en especial con los que anhelan la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Y para finalizar con broche de oro: Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural. ¡Maravilloso!. Somos democráticos, somos tolerantes, somos pacientes, somos humildes. Nos vemos como parte de una sociedad donde somos uno más, y no queremos DICTADURAS NI TOTALITARISMOS DE NINGÚN TIPO, NI SIQUIERA EL RELIGIOSO. Pero esta tolerancia cristiana no significa que debemos buscar principios comunes tal como señala el Papa a continuación.

La difusión de un confuso relativismo cultural y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes. Hay que recuperar y revigorizar una auténtica sabiduría política; ser exigentes en lo que se refiere a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, yendo más allá de todo reduccionismo ideológico o pretensión utópica; mostrarse abiertos a todo verdadero diálogo y colaboración, teniendo presente que la política es también un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar nunca que la contribución de los cristianos es decisiva sólo si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Es necesaria una verdadera “revolución del amor”. (Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos con motivo de la celebración de su XXIV Asamblea Plenaria: “Testigos de Cristo en la comunidad política”, 21-V-2010).

¿Cómo combatir el relativismo? ¿Cómo construir bases sólidas en la Verdad sin ser intolerante?.

martes, 18 de agosto de 2009

Una lectura liberal de la “Caritas in veritates”

Autor: Carlos Balladares Castillo

Hace poco más de un mes, Benedicto XVI nos entregó su última Encíclica: Caritas in veritate. Al leerla creemos identificar, ciertos elementos a favor de un capitalismo moralizante o solidario, por lo que nuestra interpretación puede llamarse: “una lectura liberal”. Hemos tenido el suficiente cuidado de no tergiversar las palabras del Papa, o usarlas a favor esta perspectiva.

El texto realiza una revisión, a la luz del avance de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y de los hechos ocurridos en los últimos 40 años (la globalización), de los postulados de la Encíclica de Pablo VI Populorum progressio (los cuales se centraron en el problema del desarrollo de las sociedades). Resalta la necesaria “convergencia entre ciencia económica y valoración moral Los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos” (Nª 32). En su texto no ataca el desarrollo capitalista, al contrario, lo valora; pero señala que el mismo no puede estar separado de la moral. En este sentido, la globalización no es satanizada sino aplaudida como extensión del desarrollo a todos los países, aunque sin dejar de identificar sus problemas. Ante estos, plantea algunas soluciones generales, tales como el recordatorio de las metas últimas de toda la economía y la política: la dignidad de la persona humana, la búsqueda del bien común, la solidaridad en la caridad, y el principio de subsidiariedad.

La caridad en la verdad, porque Benedicto XVI sostiene que el verdadero desarrollo es el que se centra en Cristo y en su mensaje. El desarrollo, a pesar de ser una intricada realidad socioeconómica y política, debe inspirarse en las verdades últimas. Todo nuestro actuar debe ser la verdad que es caridad; lo cual, a pesar de nuestra diversidad cultural y de opiniones, e incluso de valores; es lo común a todos los humanos. El desarrollo es pasar de las "condiciones menos humanas a condiciones más humanas", pero ¿Cómo? Responde el Papa: con la caridad, y "relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad" (N° 9). El desarrollo humanizador se lograr con "libertad responsable", nunca con la COACCIÓN POR PARTE DEL ESTADO, "Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano" (N° 17).

El desarrollo no se limita a lo material, y la Iglesia nos enseña y ayuda en la comprensión que el ser humano debe tender a "las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige." El cristiano y en general el ser humano, no puede limitarse a lo material. Por otro lado, se debe tener claro que el centro del desarrollo no está en las instituciones sino en la persona LIBRE, RESPONSABLE Y SOLIDARIA.

El progreso y el desarrollo no puede separarse de la ética, "porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre" (N° 16). Es por esto que se deben rechazar de las actitudes parciales en nuestras visiones desde el cristianismo: algunos sólo con los pobres, otros quitándole importancia al tema de la pobreza, por sólo decir un ejemplo. Ser misionero, ser evangelizador, hacer apostolado, es SIEMPRE preocupación por el desarrollo, pero nunca SOLO POR EL DESARROLLO.

En lo relativo a la solución de la pobreza, plantea cuatro aspectos fundamentales: 1) Solidaridad con planes de financiamiento (no hablamos de regalar dinero, sino de apoyar con financiamiento); 2) Este financiamiento no significa asistencialismo porque los pobres deben resolver sus problemas; 3) La meta es "producir un verdadero crecimiento económico"; 4) Los países ricos deben estar conscientes que el desarrollo de los pobres permitirá "sostener su capacidad productiva" (N° 27). La lucha contra la pobreza es la lucha por el mejor funcionamiento de la economía (N° 32), es un mito que el mercado y el capitalismo son generadores de pobreza por si mismos (N° 35).

La solidaridad y el principio de subsidiariedad deben complementarse, lo cual se logra cuando el que otorga la ayuda como el que la recibe actúan libremente. El que la recibe (el pobre) puede y debe decidir los niveles de apoyo y no el que ofrece la ayuda, por lo general el Estado. Esto se observa en los siguientes condiciones de la subsidiariedad: 1) "Sin duda, el principio de subsidiaridad
es expresión de la inalienable libertad humana."; 2) "Dicha ayuda se ofrece", por tanto no se impone; 3) "implicando siempre una finalidad emancipadora"; 4) "favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades"; 5) "respeta la dignidad de la persona"; 6) "es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista"; 7) "la pluralidad de los sujetos, como de su coordinación".
Por todo esto: la decisión de recibir la ayuda la asume el afectado, y esta ayuda no debe implicar la destrucción de la libertad de los demás. No es una decisión colectivista, sino que afecta a los particulares, a personas específicas (N° 57).

En lo relativo a una posible propuesta estatista, en la idea de "verdadera autoridad política mundial"; esta parece diluirse al hablar también de "arquitectura económica y financiera internacional", lo cual no necesariamente plantea un gobierno mundial sino unas normas claras sobre nuestro mundo globalizado.

No es una lectura fácil, existen propuestas que me generan dudas y que podrían permitir interpretaciones desde perspectivas estatizantes. A pesar de ello, el Papa nos ha mostrado que debemos luchar por el desarrollo y la superación de la pobreza inspirados y atentos a la verdad.

jueves, 13 de agosto de 2009

La técnica junto a la moral. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XXI)

Mi selección (lo que considero más importante):
70. El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo. Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas. El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica[152], transformándose ella misma en un poder ideológico, que expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad. En ese caso, cada uno de nosotros conocería, evaluaría y decidiría los aspectos de su vida desde un horizonte cultural tecnocrático, al que perteneceríamos estructuralmente, sin poder encontrar jamás un sentido que no sea producido por nosotros mismos. Esta visión refuerza mucho hoy la mentalidad tecnicista, que hace coincidir la verdad con lo factible. Pero cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo. En efecto, el verdadero desarrollo no consiste principalmente en hacer. La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser.
71. Esta posible desviación de la mentalidad técnica de su originario cauce humanista se muestra hoy de manera evidente en la tecnificación del desarrollo y de la paz. El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingeniería financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva como una cuestión exclusivamente técnica. Sin duda, todos estos ámbitos tienen un papel muy importante, pero deberíamos preguntarnos por qué las decisiones de tipo técnico han funcionado hasta ahora sólo en parte. La causa es mucho más profunda. El desarrollo nunca estará plenamente garantizado plenamente por fuerzas que en gran medida son automáticas e impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de políticas de carácter internacional. El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situación real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipación.
73. (...) Al igual que ocurre con la correcta gestión de la globalización y el desarrollo, el sentido y la finalidad de los medios de comunicación debe buscarse en su fundamento antropológico. Esto quiere decir que pueden ser ocasión de humanización no sólo cuando, gracias al desarrollo tecnológico, ofrecen mayores posibilidades para la comunicación y la información, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien común que refleje sus valores universales. El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural.
75. (...) Mientras los pobres del mundo siguen llamando a la puerta de la opulencia, el mundo rico corre el riesgo de no escuchar ya estos golpes a su puerta, debido a una conciencia incapaz de reconocer lo humano.
76. (...) No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.
78. (...) La fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano,[157] que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano.

miércoles, 12 de agosto de 2009

¿Requiere la globalización un "gobierno mundial"?. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XX)

Mi selección (lo que considero más importante):
66. La interrelación mundial ha hecho surgir un nuevo poder político, el de los consumidores y sus asociaciones. Es un fenómeno en el que se debe profundizar, pues contiene elementos positivos que hay que fomentar, como también excesos que se han de evitar. Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico.

67. Ente el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger[146] y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. (...) El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización[149], que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas.
68. (...) El desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma. De modo análogo, también el desarrollo de los pueblos se degrada cuando la humanidad piensa que puede recrearse utilizando los «prodigios» de la tecnología. Lo mismo ocurre con el desarrollo económico, que se manifiesta ficticio y dañino cuando se apoya en los «prodigios» de las finanzas para sostener un crecimiento antinatural y consumista. Ante esta pretensión prometeica, hemos de fortalecer el aprecio por una libertad no arbitraria, sino verdaderamente humanizada por el reconocimiento del bien que la precede. Para alcanzar este objetivo, es necesario que el hombre entre en sí mismo para descubrir las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su corazón.
Mi comentario:
67. La "arquitectura económica y financiera internacional" me hace pensar que Benedicto XVI no necesariamente plantea un gobierno mundial sino una normas claras sobre nuestro mundo globalizado, que no necesariamente se refieren a un estatismo. Aunque luego hable de "verdadera Autoridad política mundial"; él será el que lo aclare.

martes, 11 de agosto de 2009

Principio de subsidariedad, el trabajo en Benedicto XVI. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XIX)

Mi selección (lo que considero más importante):

58. El principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado. Esta regla de carácter general se ha de tener muy en cuenta incluso cuando se afrontan los temas sobre las ayudas internacionales al desarrollo.
59. La cooperación para el desarrollo no debe contemplar solamente la dimensión económica; ha de ser una gran ocasión para el encuentro cultural y humano.
60. En la búsqueda de soluciones para la crisis económica actual, la ayuda al desarrollo de los países pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creación de riqueza para todos. (...) Una posibilidad de ayuda para el desarrollo podría venir de la aplicación eficaz de la llamada subsidiaridad fiscal, que permitiría a los ciudadanos decidir sobre el destino de los porcentajes de los impuestos que pagan al Estado. Esto puede ayudar, evitando degeneraciones particularistas, a fomentar formas de solidaridad social desde la base, con obvios beneficios también desde el punto de vista de la solidaridad para el desarrollo.
63. Al considerar los problemas del desarrollo, se ha de resaltar relación entre pobreza y desocupación. Los pobres son en muchos casos el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque se limitan sus posibilidades (desocupación, subocupación), bien porque se devalúan «los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia»[143]. Por esto, ya el 1 de mayo de 2000, mi predecesor Juan Pablo II, de venerada memoria, con ocasión del Jubileo de los Trabajadores, lanzó un llamamiento para «una coalición mundial a favor del trabajo decente»[144], alentando la estrategia de la Organización Internacional del Trabajo. Pero ¿qué significa la palabra «decencia» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación.

lunes, 10 de agosto de 2009

Extractos de la presentación de la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B (01-VIII-2009) (III)

Mi selección (lo que considero más importante):
En primer lugar, que la crítica sacrosanta al "Estado intervencionista" de ningún modo puede hacer que se desconozca el papel central del "Estado regulador". En segundo lugar, que las autoridades públicas situadas en los diversos niveles de gobierno deben permitir, más aún, favorecer el nacimiento y el reforzamiento de un mercado financiero pluralista, o sea, un mercado en el que puedan actuar en condiciones de igualdad objetiva sujetos diferentes en lo que atañe al fin específico que atribuyen a su actividad. Pienso en los bancos del territorio, en los bancos de crédito cooperativo, en los bancos éticos, en los distintos fondos éticos. Se trata de entidades que no sólo no proponen en sus ventanillas finanzas creativas, sino que sobre todo desempeñan un papel complementario, y por tanto equilibrador, respecto a los agentes de las finanzas especulativas. Si en las últimas décadas las autoridades financieras hubieran eliminado los numerosos vínculos que pesan sobre los sujetos de las finanzas alternativas, la crisis actual no habría tenido el poder devastador que estamos conociendo.

El hecho de que existan valores que no pueden ser manipulados por nadie es la verdadera garantía de nuestra libertad y de la grandeza humana; la fe cristiana ve en ello el misterio del Creador y de la condición de imagen de Dios que él ha conferido al hombre".
En la Caritas in veritate Benedicto XVI repite que "se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos" cuando "se les priva de su fundamento trascendente" (
ib., 56), es decir, cuando se olvida que "Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente" (ib., 29).

domingo, 9 de agosto de 2009

Extractos de la presentación de la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B (01-VIII-2009) (II)

Mi selección (lo que considero más importante):
La Caritas in veritate nos dice, en cambio, que se puede hacer empresa también cuando se persiguen fines de utilidad social y se actúa por motivaciones de tipo pro-social. Esta es una manera concreta, aunque no la única, de colmar la brecha entre lo económico y lo social dado que una gestión económica que no incorporara en su interior la dimensión de lo social no sería éticamente aceptable, como también es verdad que una gestión social meramente redistributiva, que no tenga en cuenta el vínculo de los recursos, a la larga no sería sostenible, pues antes de poder distribuir es necesario producir.
La "doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o "después" de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente" (ib., 36).
Esta es una concepción que se podría definir alternativa, sea respecto a la que ve el mercado como lugar de la explotación y del atropello del fuerte sobre el débil, sea respecto a la que, en línea con el pensamiento anárquico-liberal, lo ve como lugar capaz de dar solución a todos los problemas de la sociedad.
La Caritas in veritate nos ayuda a tomar conciencia de que la sociedad no es capaz de futuro si se disuelve el principio de fraternidad; es decir, no es capaz de progresar si existe y se desarrolla sólo la lógica del "dar para tener" o del "dar por deber". Por eso, ni la visión liberal-individualista del mundo, en la que todo -o casi- es intercambio, ni la visión estado-céntrica de la sociedad, en la que todo -o casi- constituye un deber, son guías seguras para poder salir del atolladero en el que se encuentran hoy nuestras sociedades.
La doctrina social de la Iglesia toma como su punto de Arquímedes el "estar con". El sentido de la ética del bien común explica que para poder comprender la acción humana es preciso situarse en la perspectiva de la persona que actúa (cf. Veritatis splendor, 78) y no en la perspectiva de la tercera persona (como hace el iusnaturalismo) o bien del espectador imparcial (como había sugerido Adam Smith). En efecto, dado que el bien moral es una realidad práctica, lo conoce principalmente no quien lo teoriza, sino quien lo practica: este es el que sabe identificarlo y, por lo tanto, escogerlo con certeza cada vez que está en discusión.

viernes, 7 de agosto de 2009

Extractos de la presentación de la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B (01-VIII-2009)

Mi selección (lo que considero más importante):

Esta realidad no sólo se nos manifiesta a través de la Revelación bíblica, sino que también la puede conocer todo hombre de buena voluntad que utiliza rectamente su razón al reflexionar sobre sí mismo ("La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad", ib.).

"Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos" (Discurso a la Asamblea general de la ONU, 18 de abril de 2008: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de abril de 2008, p. 10).

"En su búsqueda del bien moral, la persona humana se pone a la escucha de lo que ella misma es y toma conciencia de las inclinaciones fundamentales de su naturaleza" (En busca de una ética universal: nueva mirada sobre la ley natural, n. 45), las cuales orientan al hombre hacia los bienes necesarios para su realización moral.

Como es sabido, "tradicionalmente se distinguen tres grandes conjuntos de dinamismos naturales... El primero, que es común a todo ser sustancial, comprende esencialmente la inclinación a conservar y a desarrollar su propia existencia. El segundo, común a todos los seres vivos, comprende la inclinación a reproducirse para perpetuar la especie. El tercero, propio del hombre como ser racional, conlleva la inclinación a conocer la verdad sobre Dios y a vivir en sociedad" (ib., n. 46).

Así pues, el hombre está hecho para conocer mediante la "razón ampliada" (cf. Benedicto XVI, Discurso del 12 de septiembre de 2006 en la Universidad de Ratisbona) la verdad en toda su extensión, es decir, sin limitarse a adquirir conocimientos técnicos para dominar la realidad material, sino abriéndose hasta encontrar al Trascendente, y para vivir plenamente la dimensión interpersonal del amor, que "no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas" (Caritas in veritate, 2).

La propuesta de la encíclica ni es de carácter ideológico ni está reservada sólo a quienes comparten la fe en la Revelación divina, sino que se funda en realidades antropológicas fundamentales, como son precisamente la verdad y la caridad correctamente entendidas, o como dice la encíclica, dadas al hombre y recibidas por él, y no producidas por él arbitrariamente ("La verdad, que como la caridad es don, nos supera, como enseña san Agustín. Incluso nuestra propia verdad, la de nuestra conciencia personal, ante todo nos ha sido "dada". En efecto, en todo proceso cognitivo la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe. Como el amor, "no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano"", ib., 34).

Imagen: cardenal Bertone.

martes, 4 de agosto de 2009

¿Qué es el principio de subsidiariedad? ¿La Iglesia católica apoya el estatismo?

El RAE señala:
Principio de subsidiariedad.
1. m. Der. Criterio que pretende reducir la acción del Estado a lo que la sociedad civil no puede alcanzar por sí misma.
2. m. Der. El que se aplica al proceso de integración europea para limitar la intervención de las autoridades comunitarias a los supuestos en que los Estados por sí solos no puedan ser eficaces.de subsidiariedad.

1883 “La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del
Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de
orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior,
privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y
ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al
bien común” (CA 48; Pío XI, enc. "Quadragesimo anno").

1885 El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los
límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y
sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional.
Juan Pablo II (Discurso en la CEPAL, Chile, 04-III-1987) señaló:
- 3. (...) "círculo virtuoso", de sentido inverso, entre producción, empleo, crecimiento y equidad.
- 6. (...) El desafío de la miseria es de tal magnitud, que para superarlo hay que recurrir a fondo al dinamismo y. a la creatividad de la empresa privada, a toda su potencial eficacia, a su capacidad de asignación eficiente de los recursos y a la plenitud de sus energías renovadoras.
9. El trabajo estable y justamente remunerado posee, más que ningún otro subsidio, la posibilidad intrínseca de revertir aquel proceso circular que habéis llamado "repetición de la pobreza y de la marginalidad". (...) Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede resolver, como por arte de magia, el problema de la pobreza al margen de estas virtudes; a la larga, tanto el diseño como el funcionamiento de las instituciones reflejan estos hábitos de los sujetos humanos, que se adquieren esencialmente en el proceso educativo y conforman una auténtica cultura laboral.
10. (...) "Ciertamente, ante las dificultades que hay que superar, existe la gran tentación de usar la autoridad para disminuir el número de los comensales más que multiplicar el pan a repartir" (Pablo VI)
Juan Pablo II en Centesimus annus (1991):
48. (...) Al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos.

El Compendio de la DSI:
187. (...) La experiencia constata que la negación de la subsidiariedad, o su negación en nombre de una pretendida democratización o igualdad de todos en la sociedad, limita y a veces también anula, el espíritu de libertad e iniciativa.
Mi comentario:
Creo que la frase fundamental es esta: "1885. El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo.". Es decir, existe una fuerte confianza en la acción de las personas en el ámito privado y una fuerte desconfianza al intervencionismo estatal. Lo normal es la acción privada, lo extraño y peligroso es la acción estatal. Considero que en este punto se expresa el peligro del estatismo: el colectivismo (según el RAE: "colectivismo. (De colectivo).
1. m. Doctrina que tiende a suprimir la propiedad particular, transferirla a la colectividad y confiar al Estado la distribución de la riqueza.").
La DSI acepta la existencia del Estado, pero con el principio de subsidiariedad establece que son los privados los que deben solicitar la ayuda del Estado y otros grupos para su desarrollo, no al revés (es nuestro pensar, pero no queda TOTALMENTE CLARO en la DSI). No negaremos que en la DSI sigue existiendo, la visión del Estado como tutor de la sociedad en el logro del bien común como fin último.
En el discurso de JPII ante la CEPAL en 1987, se valora fuertemente la empresa privada, y de manera tácita se da un apoyo a un "capitalismo solidario". El lenguaje es muy claro: es mejor el trabajo productivo que el asistencialismo estatal para resolver el problema de la pobreza.

sábado, 1 de agosto de 2009

El Principio de subsidariedad en Benedicto XVI. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XVIII)

Mi selección (lo que considero más importante):

57. (...) Los Padres conciliares afirmaban en la Constitución pastoral Gaudium et spes: «Según la opinión casi unánime de creyentes y no creyentes, todo lo que existe en la tierra debe ordenarse al hombre como su centro y su culminación»[136]. Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ahí nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador. Sin duda, el principio de subsidiaridad[137], expresión de la inalienable libertad humana. La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a través de la autonomía de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por sí mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades. La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista. Ella puede dar razón tanto de la múltiple articulación de los niveles y, por ello, de la pluralidad de los sujetos, como de su coordinación. Por tanto, es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalización y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano. Para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocrático, el gobierno de la globalización debe ser de tipo subsidiario, articulado en múltiples niveles y planos diversos, que colaboren recíprocamente. La globalización necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes[138], tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz.
Mi comentario:

57. Benedicto XVI hereda una tradición sobre la "subsidiariedad" y la asume, y da un conjunto de argumentos que nos hace pensar que el afectado puede y debe decidir los niveles de apoyo y no el que ofrece la ayuda, por lo general el Estado. Esto se observa en los siguientes condiciones de la subsidiarierdad:
- "Sin duda, el principio de subsidiaridad[137], expresión de la inalienable libertad humana.", lo cual nos hace suponer que la libertad es su fundamento;
- "Dicha ayuda se ofrece", por tanto no se impone;
- "implicando siempre una finalidad emancipadora";
- "favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades";
- "respeta la dignidad de la persona";
- "es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista";
- "la pluralidad de los sujetos, como de su coordinación".
Por todo esto: la decisión de recibir la ayuda la asume el afectado, y esta ayuda no debe implicar la destrucción de la libertad de los demás. No es una decisión colectivista, sino que afecta a los particulares, a personas específicas.
El problema está en que luego dice, aunque refirièndose a la globalización es una idea que se puede relacionar perfectamente con cualquier Estado:
"La globalización necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes[138], tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz."
De alguna forma volvemos al problema de que el Bien comùn necesita un Estado, con el peligro del intervencionismo, la planificación y la reducción de las libertades individuales. Ante esta realidad, Bneedicto XVI señala que ese peligro se evita al hacerse de "modo subsidiario y con división de poderes". Algunas naciones, ya sabemos en qué ha terminado la división de poderes cuando se cree que el Estado es el que determina el bien común: mayor poder concentrado para el Estado y menores libertades para las personas, con la consecuente pérdida de su diginidad y derechos.
En la próxima entrega, ampliaremos el desarrollo del principio de subsidariedad en la DSI. El cual debemos revisar y analizar tomando en cuenta lo dicho por el Papa (lo cual ya hicimos), y por la tradición católica. Es por ello que revisaremos los siguientes textos que son citados por Benedicto XVI:
[137] Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno (15 mayo 1931): AAS 23 (1931), 203; Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 48: l.c., 852-854; Catecismo de la Iglesia Católica, 1883.
Pero tambièn el Compendio de la DSI, y lo dicho por JPII:

miércoles, 29 de julio de 2009

Lograr beneficio en la humanización. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XV)

Mi selección (lo que considero más importante):

47. La potenciación de los diversos tipos de empresas y, en particular, de los que son capaces de concebir el beneficio como un instrumento para conseguir objetivos de humanización del mercado y de la sociedad, hay que llevarla a cabo incluso en países excluidos o marginados de los circuitos de la economía global, donde es muy importante proceder con proyectos de subsidiaridad convenientemente diseñados y gestionados, que tiendan a promover los derechos, pero previendo siempre que se asuman también las correspondientes responsabilidades. (...) «Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de él. Pero no lo realizarán en el aislamiento»[114].

48. El tema del desarrollo está también muy unido hoy a los deberes que nacen de la relación del hombre con el ambiente natural. Éste es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad.

49. Hoy, las cuestiones relacionadas con el cuidado y salvaguardia del ambiente han de tener debidamente en cuenta los problemas energéticos. En efecto, el acaparamiento por parte de algunos estados, grupos de poder y empresas de recursos energéticos no renovables, es un grave obstáculo para el desarrollo de los países pobres.

Mi comentario:

De aucerdo, nada que comentar.

martes, 28 de julio de 2009

Nuevas formas de comprender la empresa. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XIV)

Mi selección (lo que considero más importante):
43. «La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber».
[105] En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno. Por ello, es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario[106]. (...) La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes. (...) si los derechos del hombre se fundamentan sólo en las deliberaciones de una asamblea de ciudadanos, pueden ser cambiados en cualquier momento y, consiguientemente, se relaja en la conciencia común el deber de respetarlos y tratar de conseguirlos. (...) Compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos.
44. (...) No es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y al aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad. Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral.
45. Responder a las exigencias morales más profundas de la persona tiene también importantes efectos beneficiosos en el plano económico. En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona.
Mi comentario:

43. Los derechos humanos son naturales... No creación de un consenso.
44. Ok
45. La moral cristiana centrada en la persona genera beneficios económicos ¿cuándo aprenderemos esto?.

lunes, 27 de julio de 2009

Nuevas formas de comprender la empresa. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XIII)


Mi selección (lo que considero más importante):
40. (...) El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acción. Sin embargo, también es verdad que se está extendiendo la conciencia de la necesidad de una «responsabilidad social» más amplia de la empresa. (...) Juan Pablo II advertía que invertir tiene siempre un significado moral, además de económico[96].
41. A este respecto, es útil observar que la iniciativa empresarial tiene, y debe asumir cada vez más, un significado polivalente. El predominio persistente del binomio mercado-Estado nos ha acostumbrado a pensar exclusivamente en el empresario privado de tipo capitalista por un lado y en el directivo estatal por otro. En realidad, la iniciativa empresarial se ha de entender de modo articulado. Así lo revelan diversas motivaciones metaeconómicas. El ser empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado humano[98]. Es propio de todo trabajo visto como «actus personae»[99] y por eso es bueno que todo trabajador tenga la posibilidad de dar la propia aportación a su labor, de modo que él mismo «sea consciente de que está trabajando en algo propio»[100]. Por eso, Pablo VI enseñaba que «todo trabajador es un creador»[101].
42. La verdad de la globalización como proceso y su criterio ético fundamental vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria.

Mi comentario:
40-42: ¿Será posible una nueva forma de empresa?. Algo queda claro en estos puntos: la globalización es irreversible, y se ve como una gran oportunidad para lograr muchas metas establecidad por la Doctrina Social de la Iglesia.

domingo, 26 de julio de 2009

El ámbito de la solidaridad debe estar más allá del Estado. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XII)


Mi selección (lo que considero más importante):
37. La doctrina social de la Iglesia ha sostenido siempre que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, porque en todo momento tiene que ver con el hombre y con sus derechos. (...) las normas de justicia deben ser respetadas desde el principio y durante el proceso económico, y no sólo después o colateralmente. Para eso es necesario que en el mercado se dé cabida a actividades económicas de sujetos que optan libremente por ejercer su gestión movidos por principios distintos al del mero beneficio, sin renunciar por ello a producir valor económico. Muchos planteamientos económicos provenientes de iniciativas religiosas y laicas demuestran que esto es realmente posible.
38. En la Centesimus annus, mi predecesor Juan Pablo II señaló esta problemática al advertir la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil[92]. Consideró que la sociedad civil era el ámbito más apropiado para una economía de la gratuidad y de la fraternidad, sin negarla en los otros dos ámbitos.
(...) Junto a la empresa privada, orientada al beneficio, y los diferentes tipos de empresa pública, deben poderse establecer y desenvolver aquellas organizaciones productivas que persiguen fines mutualistas y sociales.
39. Pablo VI pedía en la Populorum progressio que se llegase a un modelo de economía de mercado capaz de incluir, al menos tendencialmente, a todos los pueblos, y no solamente a los particularmente dotados. Pedía un compromiso para promover un mundo más humano para todos, un mundo «en donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea un obstáculo para el desarrollo de los otros»[94].
(...) Cuando la lógica del mercado y la lógica del Estado se ponen de acuerdo para mantener el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se debilita a la larga la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participación y el sentido de pertenencia, que no se identifican con el «dar para tener», propio de la lógica de la compraventa, ni con el «dar por deber», propio de la lógica de las intervenciones públicas, que el Estado impone por ley.
Mi comentario:
37. Estamso de acuerdo.
38. Esta frase: "deben poderse establecer y desenvolver aquellas organizaciones productivas que persiguen fines mutualistas y sociales." No entiendo qué lo impide.
39. El ámbito de la solidaridad debe estar más allá del Estado, debe ser el ámbito libre de las personas.

jueves, 23 de julio de 2009

Es un mito la idea de que "El mercado NECESITA GENERAR POBREZA". Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI

Mi selección (lo que considero más importante):
34. La caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. (...) Creerse autosuficiente y capaz de eliminar por sí mismo el mal de la historia ha inducido al hombre a confundir la felicidad y la salvación con formas inmanentes de bienestar material y de actuación social. Además, la exigencia de la economía de ser autónoma, de no estar sujeta a «injerencias» de carácter moral, ha llevado al hombre a abusar de los instrumentos económicos incluso de manera destructiva.
35. (...) En efecto, si el mercado se rige únicamente por el principio de la equivalencia del valor de los bienes que se intercambian, no llega a producir la cohesión social que necesita para su buen funcionamiento. Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica. Hoy, precisamente esta confianza ha fallado, y esta pérdida de confianza es algo realmente grave. (...) No se debe considerar a los pobres como un «fardo»[91], sino como una riqueza incluso desde el punto de vista estrictamente económico. No obstante, se ha de considerar equivocada la visión de quienes piensan que la economía de mercado tiene necesidad estructural de una cuota de pobreza y de subdesarrollo para funcionar mejor. Al mercado le interesa promover la emancipación, pero no puede lograrlo por sí mismo, porque no puede producir lo que está fuera de su alcance. Ha de sacar fuerzas morales de otras instancias que sean capaces de generarlas.
36. (...) La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella.
Mi comentario:

34. ¿Cómo vivir "el don" en el mercado? ¿Cómo vivir "el don" en la búsqueda del desarrollo económico en libertad?.
35. Se necesita moralizar (confianza, justicia social) el mercado, más no eliminarlo. Es un mito el hecho de la relación directa entre mercado y pobreza. ¿Acaso no faltó aclarar acá qué se entiende por "economía de mercado"?.

miércoles, 22 de julio de 2009

La superación a la pobreza. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (X)

Mi selección (lo que considero más importante):
30. (...) Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor. En efecto, «el que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez»
[75]. Al afrontar los fenómenos que tenemos delante, la caridad en la verdad exige ante todo conocer y entender, conscientes y respetuosos de la competencia específica de cada ámbito del saber. La caridad no es una añadidura posterior, casi como un apéndice al trabajo ya concluido de las diferentes disciplinas, sino que dialoga con ellas desde el principio. Las exigencias del amor no contradicen las de la razón.

31. (...) Pablo VI vio con claridad que una de las causas del subdesarrollo es una falta de sabiduría, de reflexión, de pensamiento capaz de elaborar una síntesis orientadora[78], y que requiere «una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales»[79]. La excesiva sectorización del saber[80], el cerrarse de las ciencias humanas a la metafísica[81], las dificultades del diálogo entre las ciencias y la teología, no sólo dañan el desarrollo del saber, sino también el desarrollo de los pueblos, pues, cuando eso ocurre, se obstaculiza la visión de todo el bien del hombre en las diferentes dimensiones que lo caracterizan.

32. (...) La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades [83] y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan. Pensándolo bien, esto es también una exigencia de la «razón económica». El aumento sistémico de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo país y entre las poblaciones de los diferentes países, es decir, el aumento masivo de la pobreza relativa, no sólo tiende a erosionar la cohesión social y, de este modo, poner en peligro la democracia, sino que tiene también un impacto negativo en el plano económico por el progresivo desgaste del «capital social», es decir, del conjunto de relaciones de confianza, fiabilidad y respeto de las normas, que son indispensables en toda convivencia civil.

33. (...) La novedad principal ha sido el estallido de la interdependencia planetaria, ya comúnmente llamada globalización. Pablo VI lo había previsto parcialmente, pero es sorprendente el alcance y la impetuosidad de su auge. Surgido en los países económicamente desarrollados, este proceso ha implicado por su naturaleza a todas las economías. Ha sido el motor principal para que regiones enteras superaran el subdesarrollo y es, de por sí, una gran oportunidad. Sin embargo, sin la guía de la caridad en la verdad, este impulso planetario puede contribuir a crear riesgo de daños hasta ahora desconocidos y nuevas divisiones en la familia humana.

Mi comentario:

30. ¿Cómo llenar de valores la ciencia sin perjudicar su objetividad?.

32. La lucha contra la pobreza es la lucha por el mejor funcionamiento de la economía.

33. La globalización permite la superación del desarrollo.

martes, 21 de julio de 2009

La superación a la pobreza. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (IX)

Mi selección (lo que considero más importante):

27. (...) . Apoyando a los países económicamente pobres mediante planes de financiación inspirados en la solidaridad, con el fin de que ellos mismos puedan satisfacer las necesidades de bienes de consumo y desarrollo de los propios ciudadanos, no sólo se puede producir un verdadero crecimiento económico, sino que se puede contribuir también a sostener la capacidad productiva de los países ricos, que corre peligro de quedar comprometida por la crisis.
28. (...) La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social[67]. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida.
29. (...) La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual. Esto ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista[69], que causa dolor, devastación y muerte, bloquea el diálogo entre las naciones y desvía grandes recursos de su empleo pacífico y civil. No obstante, se ha de añadir que, además del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos. (...) Éste es el daño que el «superdesarrollo»[72] produce al desarrollo auténtico, cuando va acompañado por el «subdesarrollo moral»[73].
Mi comentario:

27. Este párrafo lo dice todo, porque señala como solución a la pobreza tres aspectos fundamentales:
- Solidaridad con planes de financiamiento (no hablamos de regalar dinero, sino de apoyar con financiamiento),
- Los pobres deben resolver sus problemas, rechazo por tanto al ASISTENCIALISMO,
- La meta es "producir un verdadero crecimiento económico",
- Los países ricos deben estar conscientes que el desarrollo de los pobres permitirá "sostener su capacidad productiva".
La pobreza no debe resolverse con el ASISTENCIALISMO, sino con el libre mercardo; dirìamos en lenguaje liberal.
28 "Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social[67]." Está claro, nada que comentar.
29. El desarrollo es libertad religiosa y la no promoción del ateísmo.

domingo, 19 de julio de 2009

Los problemas de la globalización. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (VIII)

Mi selección (lo que considero más importante):

25. (...) el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentación del mundo del trabajo. Estos procesos han llevado a la reducción de la red de seguridad social a cambio de la búsqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social. Los sistemas de seguridad social pueden perder la capacidad de cumplir su tarea, tanto en los países pobres, como en los emergentes, e incluso en los ya desarrollados desde hace tiempo. En este punto, las políticas de balance, con los recortes al gasto social, con frecuencia promovidos también por las instituciones financieras internacionales, pueden dejar a los ciudadanos impotentes ante riesgos antiguos y nuevos; dicha impotencia aumenta por la falta de protección eficaz por parte de las asociaciones de los trabajadores. El conjunto de los cambios sociales y económicos hace que las organizaciones sindicales tengan mayores dificultades para desarrollar su tarea de representación de los intereses de los trabajadores, también porque los gobiernos, por razones de utilidad económica, limitan a menudo las libertades sindicales o la capacidad de negociación de los sindicatos mismos. Las redes de solidaridad tradicionales se ven obligadas a superar mayores obstáculos. Por tanto, la invitación de la doctrina social de la Iglesia, empezando por la Rerum novarum[60], a dar vida a asociaciones de trabajadores para defender sus propios derechos ha de ser respetada, hoy más que ayer, dando ante todo una respuesta pronta y de altas miras a la urgencia de establecer nuevas sinergias en el ámbito internacional y local.
(...) el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad: «Pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social»[61].
26. (...) El eclecticismo y el bajo nivel cultural (rebajar la cultura y homologar los comportamientos y estilos de vida) coinciden en separar la cultura de la naturaleza humana. Así, las culturas ya no saben encontrar su lugar en una naturaleza que las transciende[63], terminando por reducir al hombre a mero dato cultural. Cuando esto ocurre, la humanidad corre nuevos riesgos de sometimiento y manipulación.
27. (...) Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir. Además, en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional.
Mi comentario:

25. ¿Cómo resolver el problema de armonizar competitividad con mejores condiciones de vida para los trabajadores? ¿Cómo crear una cultura de solidaridad, de valoración al capitla humano?.
26. La valoración de la naturaleza humana, de que todas las culturas podamos coincidir en un mínimo; es una tarea que no puede ser abandonada.
27. "El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional." En esto, es en lo que no nos ponemos de acuerdo, ¿Cuáles son las reformas institucionales para superar el hambre?.

sábado, 18 de julio de 2009

¿Qué es el desarrollo?. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (VII)

Mi selección (lo que considero más importante):

21. Pablo VI tenía una visión articulada del desarrollo. Con el término «desarrollo» quiso indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salieran del hambre, la miseria, las enfermedades endémicas y el analfabetismo. Desde el punto de vista económico, eso significaba su participación activa y en condiciones de igualdad en el proceso económico internacional; desde el punto de vista social, su evolución hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formación; desde el punto de vista político, la consolidación de regímenes democráticos capaces de asegurar libertad y paz. (...) La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza. El desarrollo económico que Pablo VI deseaba era el que produjera un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible. (...) la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo. Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada más que resignada.
22. (...) La riqueza mundial crece en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades. En los países ricos, nuevas categorías sociales se empobrecen y nacen nuevas pobrezas. En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Se sigue produciendo «el escándalo de las disparidades hirientes»[56].
23. (...) Tras el derrumbe de los sistemas económicos y políticos de los países comunistas de Europa Oriental y el fin de los llamados «bloques contrapuestos», hubiera sido necesario un replanteamiento total del desarrollo. Lo pidió Juan Pablo II, quien en 1987 indicó que la existencia de estos «bloques» era una de las principales causas del subdesarrollo[57],
24. (...) Hoy, aprendiendo también la lección que proviene de la crisis económica actual, en la que los poderes públicos del Estado se ven llamados directamente a corregir errores y disfunciones, parece más realista una renovada valoración de su papel y de su poder, que han de ser sabiamente reexaminados y revalorizados, de modo que sean capaces de afrontar los desafíos del mundo actual, incluso con nuevas modalidades de ejercerlos. Con un papel mejor ponderado de los poderes públicos, es previsible que se fortalezcan las nuevas formas de participación en la política nacional e internacional que tienen lugar a través de la actuación de las organizaciones de la sociedad civil (...).
Mi comentario:

21. El CONCEPTO de desarrollo es clara, y se tiene en cuenta como motor de la economía la ganacia, aunque esta no sea el fin último; el fin último es el bien común: "un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible".
22. La pobreza, y cualquier tipo de pobreza es el problema, y debe ser nuestra principal preocupación.
23. Nada que comentar, estamos de acuerdo.
24. Debo pensarlo... me hace dudar.

viernes, 17 de julio de 2009

Las causa del subdesarrollo. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (VI)

Mi selección (lo que considero más importante):

19. Finalmente, la visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad. En la Encíclica Populorum progressio, Pablo VI señaló que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invitó a buscarlas en otras dimensiones del hombre. Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo»[51]. Pero eso no es todo. El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos»[52]. Esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación transcendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna.
20. (...) la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad. Lograr esta meta es tan importante que exige tomarla en consideración para comprenderla a fondo y movilizarse concretamente con el «corazón», con el fin de hacer cambiar los procesos económicos y sociales actuales hacia metas plenamente humanas.
Mi comentario:

19. El problema del subdesarrollo es esencialmente ético (ausencia de solidaridad y fraternidad).
20. Una vez más se habla de "hacer cambiar los procesos económicos y sociales actuales hacia metas plenamente humanas", pero no se termina por responder a esta pregunta y se dice que la Iglesia no debe responderla, sólo hacer el diagnóstico y establecer el principio ético en ambos aspectos. Esto puede generar perspectivas contrarias a la libertad.

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