La Iglesia se concentra particularmente en educar a los discípulos de Cristo, para que sean cada vez más testigos de su Presencia, en todas partes. Toda a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana alarga el horizonte limitado del hombre y le proyecta hacia la verdadera altitud de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo; que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia – como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad – son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres. Compete también a los fieles laicos participar activamente en la vida política, de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural, sino, allí donde se comprometen, son movidos por a certeza de que Cristo es la piedra angular de toda construcción humana (cfr Congr. para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y al comportamiento de los católicos en la vida política, 24 nov. 2002).
(Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos con motivo de la celebración de su XXIV Asamblea Plenaria: “Testigos de Cristo en la comunidad política”, 21-V-2010).
Me gusta este principio de llevar a Cristo a todas las realidades con nuestro ejemplo de vida. Creo que es lo que más me cuesta y lo que más me preocupa: ¿Ven en mí a un cristiano?. Tener claro los principios de la DSI: la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad. Debemos buscar además EL CONSENSO, en especial con los que anhelan la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Y para finalizar con broche de oro: Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural. ¡Maravilloso!. Somos democráticos, somos tolerantes, somos pacientes, somos humildes. Nos vemos como parte de una sociedad donde somos uno más, y no queremos DICTADURAS NI TOTALITARISMOS DE NINGÚN TIPO, NI SIQUIERA EL RELIGIOSO. Pero esta tolerancia cristiana no significa que debemos buscar principios comunes tal como señala el Papa a continuación.
La difusión de un confuso relativismo cultural y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes. Hay que recuperar y revigorizar una auténtica sabiduría política; ser exigentes en lo que se refiere a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, yendo más allá de todo reduccionismo ideológico o pretensión utópica; mostrarse abiertos a todo verdadero diálogo y colaboración, teniendo presente que la política es también un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar nunca que la contribución de los cristianos es decisiva sólo si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Es necesaria una verdadera “revolución del amor”. (Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos con motivo de la celebración de su XXIV Asamblea Plenaria: “Testigos de Cristo en la comunidad política”, 21-V-2010).
¿Cómo combatir el relativismo? ¿Cómo construir bases sólidas en la Verdad sin ser intolerante?.
viernes, 4 de junio de 2010
¿Cómo debe comportarse un cristiano en política?
martes, 18 de agosto de 2009
Una lectura liberal de la “Caritas in veritates”
Hace poco más de un mes, Benedicto XVI nos entregó su última Encíclica: Caritas in veritate. Al leerla creemos identificar, ciertos elementos a favor de un capitalismo moralizante o solidario, por lo que nuestra interpretación puede llamarse: “una lectura liberal”. Hemos tenido el suficiente cuidado de no tergiversar las palabras del Papa, o usarlas a favor esta perspectiva.
El texto realiza una revisión, a la luz del avance de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y de los hechos ocurridos en los últimos 40 años (la globalización), de los postulados de la Encíclica de Pablo VI Populorum progressio (los cuales se centraron en el problema del desarrollo de las sociedades). Resalta la necesaria “convergencia entre ciencia económica y valoración moral Los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos” (Nª 32). En su texto no ataca el desarrollo capitalista, al contrario, lo valora; pero señala que el mismo no puede estar separado de la moral. En este sentido, la globalización no es satanizada sino aplaudida como extensión del desarrollo a todos los países, aunque sin dejar de identificar sus problemas. Ante estos, plantea algunas soluciones generales, tales como el recordatorio de las metas últimas de toda la economía y la política: la dignidad de la persona humana, la búsqueda del bien común, la solidaridad en la caridad, y el principio de subsidiariedad.
La caridad en la verdad, porque Benedicto XVI sostiene que el verdadero desarrollo es el que se centra en Cristo y en su mensaje. El desarrollo, a pesar de ser una intricada realidad socioeconómica y política, debe inspirarse en las verdades últimas. Todo nuestro actuar debe ser la verdad que es caridad; lo cual, a pesar de nuestra diversidad cultural y de opiniones, e incluso de valores; es lo común a todos los humanos. El desarrollo es pasar de las "condiciones menos humanas a condiciones más humanas", pero ¿Cómo? Responde el Papa: con la caridad, y "relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad" (N° 9). El desarrollo humanizador se lograr con "libertad responsable", nunca con la COACCIÓN POR PARTE DEL ESTADO, "Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano" (N° 17).
El desarrollo no se limita a lo material, y la Iglesia nos enseña y ayuda en la comprensión que el ser humano debe tender a "las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige." El cristiano y en general el ser humano, no puede limitarse a lo material. Por otro lado, se debe tener claro que el centro del desarrollo no está en las instituciones sino en la persona LIBRE, RESPONSABLE Y SOLIDARIA.
El progreso y el desarrollo no puede separarse de la ética, "porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre" (N° 16). Es por esto que se deben rechazar de las actitudes parciales en nuestras visiones desde el cristianismo: algunos sólo con los pobres, otros quitándole importancia al tema de la pobreza, por sólo decir un ejemplo. Ser misionero, ser evangelizador, hacer apostolado, es SIEMPRE preocupación por el desarrollo, pero nunca SOLO POR EL DESARROLLO.
En lo relativo a la solución de la pobreza, plantea cuatro aspectos fundamentales: 1) Solidaridad con planes de financiamiento (no hablamos de regalar dinero, sino de apoyar con financiamiento); 2) Este financiamiento no significa asistencialismo porque los pobres deben resolver sus problemas; 3) La meta es "producir un verdadero crecimiento económico"; 4) Los países ricos deben estar conscientes que el desarrollo de los pobres permitirá "sostener su capacidad productiva" (N° 27). La lucha contra la pobreza es la lucha por el mejor funcionamiento de la economía (N° 32), es un mito que el mercado y el capitalismo son generadores de pobreza por si mismos (N° 35).
La solidaridad y el principio de subsidiariedad deben complementarse, lo cual se logra cuando el que otorga la ayuda como el que la recibe actúan libremente. El que la recibe (el pobre) puede y debe decidir los niveles de apoyo y no el que ofrece la ayuda, por lo general el Estado. Esto se observa en los siguientes condiciones de la subsidiariedad: 1) "Sin duda, el principio de subsidiaridad es expresión de la inalienable libertad humana."; 2) "Dicha ayuda se ofrece", por tanto no se impone; 3) "implicando siempre una finalidad emancipadora"; 4) "favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades"; 5) "respeta la dignidad de la persona"; 6) "es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista"; 7) "la pluralidad de los sujetos, como de su coordinación".
Por todo esto: la decisión de recibir la ayuda la asume el afectado, y esta ayuda no debe implicar la destrucción de la libertad de los demás. No es una decisión colectivista, sino que afecta a los particulares, a personas específicas (N° 57).
En lo relativo a una posible propuesta estatista, en la idea de "verdadera autoridad política mundial"; esta parece diluirse al hablar también de "arquitectura económica y financiera internacional", lo cual no necesariamente plantea un gobierno mundial sino unas normas claras sobre nuestro mundo globalizado.
No es una lectura fácil, existen propuestas que me generan dudas y que podrían permitir interpretaciones desde perspectivas estatizantes. A pesar de ello, el Papa nos ha mostrado que debemos luchar por el desarrollo y la superación de la pobreza inspirados y atentos a la verdad.
jueves, 13 de agosto de 2009
La técnica junto a la moral. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XXI)
miércoles, 12 de agosto de 2009
¿Requiere la globalización un "gobierno mundial"?. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XX)
Mi selección (lo que considero más importante):
66. La interrelación mundial ha hecho surgir un nuevo poder político, el de los consumidores y sus asociaciones. Es un fenómeno en el que se debe profundizar, pues contiene elementos positivos que hay que fomentar, como también excesos que se han de evitar. Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico.
martes, 11 de agosto de 2009
Principio de subsidariedad, el trabajo en Benedicto XVI. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XIX)
58. El principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado. Esta regla de carácter general se ha de tener muy en cuenta incluso cuando se afrontan los temas sobre las ayudas internacionales al desarrollo.
lunes, 10 de agosto de 2009
Extractos de la presentación de la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B (01-VIII-2009) (III)
Mi selección (lo que considero más importante):
En primer lugar, que la crítica sacrosanta al "Estado intervencionista" de ningún modo puede hacer que se desconozca el papel central del "Estado regulador". En segundo lugar, que las autoridades públicas situadas en los diversos niveles de gobierno deben permitir, más aún, favorecer el nacimiento y el reforzamiento de un mercado financiero pluralista, o sea, un mercado en el que puedan actuar en condiciones de igualdad objetiva sujetos diferentes en lo que atañe al fin específico que atribuyen a su actividad. Pienso en los bancos del territorio, en los bancos de crédito cooperativo, en los bancos éticos, en los distintos fondos éticos. Se trata de entidades que no sólo no proponen en sus ventanillas finanzas creativas, sino que sobre todo desempeñan un papel complementario, y por tanto equilibrador, respecto a los agentes de las finanzas especulativas. Si en las últimas décadas las autoridades financieras hubieran eliminado los numerosos vínculos que pesan sobre los sujetos de las finanzas alternativas, la crisis actual no habría tenido el poder devastador que estamos conociendo.
En la Caritas in veritate Benedicto XVI repite que "se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos" cuando "se les priva de su fundamento trascendente" (ib., 56), es decir, cuando se olvida que "Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente" (ib., 29).
domingo, 9 de agosto de 2009
Extractos de la presentación de la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B (01-VIII-2009) (II)
viernes, 7 de agosto de 2009
Extractos de la presentación de la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B (01-VIII-2009)
Esta realidad no sólo se nos manifiesta a través de la Revelación bíblica, sino que también la puede conocer todo hombre de buena voluntad que utiliza rectamente su razón al reflexionar sobre sí mismo ("La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad", ib.).
"Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos" (Discurso a la Asamblea general de la ONU, 18 de abril de 2008: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de abril de 2008, p. 10).
"En su búsqueda del bien moral, la persona humana se pone a la escucha de lo que ella misma es y toma conciencia de las inclinaciones fundamentales de su naturaleza" (En busca de una ética universal: nueva mirada sobre la ley natural, n. 45), las cuales orientan al hombre hacia los bienes necesarios para su realización moral.
Como es sabido, "tradicionalmente se distinguen tres grandes conjuntos de dinamismos naturales... El primero, que es común a todo ser sustancial, comprende esencialmente la inclinación a conservar y a desarrollar su propia existencia. El segundo, común a todos los seres vivos, comprende la inclinación a reproducirse para perpetuar la especie. El tercero, propio del hombre como ser racional, conlleva la inclinación a conocer la verdad sobre Dios y a vivir en sociedad" (ib., n. 46).
Así pues, el hombre está hecho para conocer mediante la "razón ampliada" (cf. Benedicto XVI, Discurso del 12 de septiembre de 2006 en la Universidad de Ratisbona) la verdad en toda su extensión, es decir, sin limitarse a adquirir conocimientos técnicos para dominar la realidad material, sino abriéndose hasta encontrar al Trascendente, y para vivir plenamente la dimensión interpersonal del amor, que "no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas" (Caritas in veritate, 2).
La propuesta de la encíclica ni es de carácter ideológico ni está reservada sólo a quienes comparten la fe en la Revelación divina, sino que se funda en realidades antropológicas fundamentales, como son precisamente la verdad y la caridad correctamente entendidas, o como dice la encíclica, dadas al hombre y recibidas por él, y no producidas por él arbitrariamente ("La verdad, que como la caridad es don, nos supera, como enseña san Agustín. Incluso nuestra propia verdad, la de nuestra conciencia personal, ante todo nos ha sido "dada". En efecto, en todo proceso cognitivo la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe. Como el amor, "no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano"", ib., 34).
martes, 4 de agosto de 2009
¿Qué es el principio de subsidiariedad? ¿La Iglesia católica apoya el estatismo?
1. m. Der. Criterio que pretende reducir la acción del Estado a lo que la sociedad civil no puede alcanzar por sí misma.
2. m. Der. El que se aplica al proceso de integración europea para limitar la intervención de las autoridades comunitarias a los supuestos en que los Estados por sí solos no puedan ser eficaces.de subsidiariedad.
1883 “La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del
Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de
orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior,
privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y
ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al
bien común” (CA 48; Pío XI, enc. "Quadragesimo anno").
1885 El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los
límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y
sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional.
El Compendio de la DSI:
1. m. Doctrina que tiende a suprimir la propiedad particular, transferirla a la colectividad y confiar al Estado la distribución de la riqueza.").
sábado, 1 de agosto de 2009
El Principio de subsidariedad en Benedicto XVI. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XVIII)
57. (...) Los Padres conciliares afirmaban en la Constitución pastoral Gaudium et spes: «Según la opinión casi unánime de creyentes y no creyentes, todo lo que existe en la tierra debe ordenarse al hombre como su centro y su culminación»[136]. Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ahí nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador. Sin duda, el principio de subsidiaridad[137], expresión de la inalienable libertad humana. La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a través de la autonomía de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por sí mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades. La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista. Ella puede dar razón tanto de la múltiple articulación de los niveles y, por ello, de la pluralidad de los sujetos, como de su coordinación. Por tanto, es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalización y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano. Para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocrático, el gobierno de la globalización debe ser de tipo subsidiario, articulado en múltiples niveles y planos diversos, que colaboren recíprocamente. La globalización necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes[138], tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz.
57. Benedicto XVI hereda una tradición sobre la "subsidiariedad" y la asume, y da un conjunto de argumentos que nos hace pensar que el afectado puede y debe decidir los niveles de apoyo y no el que ofrece la ayuda, por lo general el Estado. Esto se observa en los siguientes condiciones de la subsidiarierdad:
miércoles, 29 de julio de 2009
Lograr beneficio en la humanización. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XV)
47. La potenciación de los diversos tipos de empresas y, en particular, de los que son capaces de concebir el beneficio como un instrumento para conseguir objetivos de humanización del mercado y de la sociedad, hay que llevarla a cabo incluso en países excluidos o marginados de los circuitos de la economía global, donde es muy importante proceder con proyectos de subsidiaridad convenientemente diseñados y gestionados, que tiendan a promover los derechos, pero previendo siempre que se asuman también las correspondientes responsabilidades. (...) «Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de él. Pero no lo realizarán en el aislamiento»[114].
48. El tema del desarrollo está también muy unido hoy a los deberes que nacen de la relación del hombre con el ambiente natural. Éste es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad.
49. Hoy, las cuestiones relacionadas con el cuidado y salvaguardia del ambiente han de tener debidamente en cuenta los problemas energéticos. En efecto, el acaparamiento por parte de algunos estados, grupos de poder y empresas de recursos energéticos no renovables, es un grave obstáculo para el desarrollo de los países pobres.
Mi comentario:
De aucerdo, nada que comentar.
martes, 28 de julio de 2009
Nuevas formas de comprender la empresa. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XIV)
43. «La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber».[105] En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno. Por ello, es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario[106]. (...) La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes. (...) si los derechos del hombre se fundamentan sólo en las deliberaciones de una asamblea de ciudadanos, pueden ser cambiados en cualquier momento y, consiguientemente, se relaja en la conciencia común el deber de respetarlos y tratar de conseguirlos. (...) Compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos.
43. Los derechos humanos son naturales... No creación de un consenso.
lunes, 27 de julio de 2009
Nuevas formas de comprender la empresa. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XIII)
Mi selección (lo que considero más importante):
Mi comentario:
domingo, 26 de julio de 2009
El ámbito de la solidaridad debe estar más allá del Estado. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (XII)
Mi selección (lo que considero más importante):
37. La doctrina social de la Iglesia ha sostenido siempre que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, porque en todo momento tiene que ver con el hombre y con sus derechos. (...) las normas de justicia deben ser respetadas desde el principio y durante el proceso económico, y no sólo después o colateralmente. Para eso es necesario que en el mercado se dé cabida a actividades económicas de sujetos que optan libremente por ejercer su gestión movidos por principios distintos al del mero beneficio, sin renunciar por ello a producir valor económico. Muchos planteamientos económicos provenientes de iniciativas religiosas y laicas demuestran que esto es realmente posible.
37. Estamso de acuerdo.
jueves, 23 de julio de 2009
Es un mito la idea de que "El mercado NECESITA GENERAR POBREZA". Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI
34. ¿Cómo vivir "el don" en el mercado? ¿Cómo vivir "el don" en la búsqueda del desarrollo económico en libertad?.
miércoles, 22 de julio de 2009
La superación a la pobreza. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (X)
Mi selección (lo que considero más importante):
30. (...) Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor. En efecto, «el que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez»[75]. Al afrontar los fenómenos que tenemos delante, la caridad en la verdad exige ante todo conocer y entender, conscientes y respetuosos de la competencia específica de cada ámbito del saber. La caridad no es una añadidura posterior, casi como un apéndice al trabajo ya concluido de las diferentes disciplinas, sino que dialoga con ellas desde el principio. Las exigencias del amor no contradicen las de la razón.
31. (...) Pablo VI vio con claridad que una de las causas del subdesarrollo es una falta de sabiduría, de reflexión, de pensamiento capaz de elaborar una síntesis orientadora[78], y que requiere «una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales»[79]. La excesiva sectorización del saber[80], el cerrarse de las ciencias humanas a la metafísica[81], las dificultades del diálogo entre las ciencias y la teología, no sólo dañan el desarrollo del saber, sino también el desarrollo de los pueblos, pues, cuando eso ocurre, se obstaculiza la visión de todo el bien del hombre en las diferentes dimensiones que lo caracterizan.
32. (...) La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades [83] y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan. Pensándolo bien, esto es también una exigencia de la «razón económica». El aumento sistémico de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo país y entre las poblaciones de los diferentes países, es decir, el aumento masivo de la pobreza relativa, no sólo tiende a erosionar la cohesión social y, de este modo, poner en peligro la democracia, sino que tiene también un impacto negativo en el plano económico por el progresivo desgaste del «capital social», es decir, del conjunto de relaciones de confianza, fiabilidad y respeto de las normas, que son indispensables en toda convivencia civil.
33. (...) La novedad principal ha sido el estallido de la interdependencia planetaria, ya comúnmente llamada globalización. Pablo VI lo había previsto parcialmente, pero es sorprendente el alcance y la impetuosidad de su auge. Surgido en los países económicamente desarrollados, este proceso ha implicado por su naturaleza a todas las economías. Ha sido el motor principal para que regiones enteras superaran el subdesarrollo y es, de por sí, una gran oportunidad. Sin embargo, sin la guía de la caridad en la verdad, este impulso planetario puede contribuir a crear riesgo de daños hasta ahora desconocidos y nuevas divisiones en la familia humana.
Mi comentario:
30. ¿Cómo llenar de valores la ciencia sin perjudicar su objetividad?.
32. La lucha contra la pobreza es la lucha por el mejor funcionamiento de la economía.
33. La globalización permite la superación del desarrollo.
martes, 21 de julio de 2009
La superación a la pobreza. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (IX)
27. (...) . Apoyando a los países económicamente pobres mediante planes de financiación inspirados en la solidaridad, con el fin de que ellos mismos puedan satisfacer las necesidades de bienes de consumo y desarrollo de los propios ciudadanos, no sólo se puede producir un verdadero crecimiento económico, sino que se puede contribuir también a sostener la capacidad productiva de los países ricos, que corre peligro de quedar comprometida por la crisis.
27. Este párrafo lo dice todo, porque señala como solución a la pobreza tres aspectos fundamentales:
domingo, 19 de julio de 2009
Los problemas de la globalización. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (VIII)
25. ¿Cómo resolver el problema de armonizar competitividad con mejores condiciones de vida para los trabajadores? ¿Cómo crear una cultura de solidaridad, de valoración al capitla humano?.
sábado, 18 de julio de 2009
¿Qué es el desarrollo?. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (VII)
21. Pablo VI tenía una visión articulada del desarrollo. Con el término «desarrollo» quiso indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salieran del hambre, la miseria, las enfermedades endémicas y el analfabetismo. Desde el punto de vista económico, eso significaba su participación activa y en condiciones de igualdad en el proceso económico internacional; desde el punto de vista social, su evolución hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formación; desde el punto de vista político, la consolidación de regímenes democráticos capaces de asegurar libertad y paz. (...) La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza. El desarrollo económico que Pablo VI deseaba era el que produjera un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible. (...) la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo. Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada más que resignada.
21. El CONCEPTO de desarrollo es clara, y se tiene en cuenta como motor de la economía la ganacia, aunque esta no sea el fin último; el fin último es el bien común: "un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible".
viernes, 17 de julio de 2009
Las causa del subdesarrollo. Extractos y comentarios a la Encíclica "Caritas in veritate" (2009) de Benedicto XVI (VI)
19. El problema del subdesarrollo es esencialmente ético (ausencia de solidaridad y fraternidad).
