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martes, 3 de enero de 2012

¿Quién tiene la responsabilidad de acercar los niños a sus abuelos?. Notas espirituales

¿Los padres deben enseñar a sus hijos que deben visitar, respetar y querer a sus abuelos; no solo por ser familia sino porque además son SU IDENTIDAD, SU PASADO; o son los abuelos que deben ganarse a sus nietos persiguiéndolos con llamadas, visitas y regalos?

Sin atacar a nadie, sin ofensas. Es una pregunta que me hago desde hace un tiempo. Porque noto que cada día los viejos en general son dejados de lado por la sociedad. Al no ser productivos no sirven. Y los abuelos tienden a ser vistos como un fastidio por los nietos.
Mi experiencia de niño fue que los fines de semana eran sagrados. En ellos debía asistir a misa y a la visita de los abuelos. La tarde del sábado era de mi abuela materna, y la mañana del domingo era de la misa y mi abuela paterna. No había discusión, y yo terminaba de verlo como una rutina de lo más normal. Aunque no niego que hubo días que no quería ir. En esos casos, mis padres me daban a entender - con razones y autoridad - que no había posibilidad de dejar de visitar a mis abuelos.

¿Qué piensan ustedes? ¿Qué es lo correcto? ¿Qué es lo cristiano?.

¿Será que las nuevas generaciones no conocerán a sus abuelos?

lunes, 17 de octubre de 2011

Mi escaso conocimiento de los “cielinos” o miembros de Comunión y Liberación

Hace un año me topé con la revistas “Huellas” del movimiento eclesiástico: Comunión y Liberación (nacido en 1954, y que ya está presente en casi 70 países y con 50 mil miembros). Fue así como me enteré de su existencia, y de los escritos de su fundador: el sacerdote y teólogo italiano: Luigi Giussani (1922-2005).

Me ha gustado de ellos el ser un movimiento alegre y joven, que posee la gran meta de vivir intensamente la realidad y el mundo al mismo tiempo que lo cristianizan.

CL se describe como "Un movimiento eclesial cuya finalidad es la educación cristiana madura de sus propios seguidores y la colaboración con la misión de la Iglesia en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea."

Don Guissani señaló:

"El acontecimiento cristiano, vivido en la comunión, es el fundamento de la auténtica liberación del hombre".

miércoles, 12 de octubre de 2011

Quiero conocer mejor los “nuevos movimientos eclesiales”

Son los que no conozco o sé de ellos muy poco: “cielinos”, focolares, “kikos”, Comunidad de San Egidio, Schoenstatt; y los que conozco bien: Opus Dei, Legionarios y Carismáticos.

Juan Pablo II valorizó la fuerza evangelizadora de 56 nuevos movimientos en el Congreso Internacional de los Movimientos Eclesiales celebrado en Roma en el día de Pentecostés de 1998; y de estos 56 resaltó a los 7 que he señalado por su "extensión y representatividad universal", y que ahora señalo con sus fundadores:

1) Kiko Argüello, del Camino Neocatecumenal;

2) Chiara Lubich, de los Focolares;

3) Luigi Giussani, de Comunión y Liberación;

4) Patti Mansfield, de la Renovación Carismática Católica;

5) Marcial Maciel, de los Legionarios de Cristo;

6) Andrea Riccardi, de la Comunidad de San Egidio;

7) Joaquín Allende, de Schoenstatt.

Me pregunto: ¿Qué ha pasado con la vitalidad de las grandes órdenes históricas de nuestra Iglesia?. Me refiero a los Jesuitas, Franciscanos, Dominicos, Carmelitas, entre otros.

Observo que las instituciones tradicionales tienen pocas vocaciones; en cambio estos nuevos movimientos señalados al principio, son fuertemente proselitistas y poseen gran número de miembros tanto laicos, consagrados célibes y sacerdotes.

viernes, 4 de junio de 2010

¿Cómo debe comportarse un cristiano en política?

La Iglesia se concentra particularmente en educar a los discípulos de Cristo, para que sean cada vez más testigos de su Presencia, en todas partes. Toda a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana alarga el horizonte limitado del hombre y le proyecta hacia la verdadera altitud de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo; que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia – como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad – son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres. Compete también a los fieles laicos participar activamente en la vida política, de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural, sino, allí donde se comprometen, son movidos por a certeza de que Cristo es la piedra angular de toda construcción humana (cfr Congr. para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y al comportamiento de los católicos en la vida política, 24 nov. 2002).
(Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos con motivo de la celebración de su XXIV Asamblea Plenaria: “Testigos de Cristo en la comunidad política”, 21-V-2010).

Me gusta este principio de llevar a Cristo a todas las realidades con nuestro ejemplo de vida. Creo que es lo que más me cuesta y lo que más me preocupa: ¿Ven en mí a un cristiano?. Tener claro los principios de la DSI: la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad. Debemos buscar además EL CONSENSO, en especial con los que anhelan la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Y para finalizar con broche de oro: Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural. ¡Maravilloso!. Somos democráticos, somos tolerantes, somos pacientes, somos humildes. Nos vemos como parte de una sociedad donde somos uno más, y no queremos DICTADURAS NI TOTALITARISMOS DE NINGÚN TIPO, NI SIQUIERA EL RELIGIOSO. Pero esta tolerancia cristiana no significa que debemos buscar principios comunes tal como señala el Papa a continuación.

La difusión de un confuso relativismo cultural y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes. Hay que recuperar y revigorizar una auténtica sabiduría política; ser exigentes en lo que se refiere a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, yendo más allá de todo reduccionismo ideológico o pretensión utópica; mostrarse abiertos a todo verdadero diálogo y colaboración, teniendo presente que la política es también un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar nunca que la contribución de los cristianos es decisiva sólo si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Es necesaria una verdadera “revolución del amor”. (Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos con motivo de la celebración de su XXIV Asamblea Plenaria: “Testigos de Cristo en la comunidad política”, 21-V-2010).

¿Cómo combatir el relativismo? ¿Cómo construir bases sólidas en la Verdad sin ser intolerante?.

sábado, 8 de mayo de 2010

Karol Wojtyla: Tesis doctoral "La doctrina de la fe según San Juan de la Cruz" (1948). Leyendo la biografía de Juan Pablo II de Weigel (XII)

El padre Garrigou-Lagrange se convirtió en director de la tesis doctoral de Karol Wojtyla, que examinaba la interpretación de la fe de San Juan de la Cruz. (…) Para Wojtyla como para Jan Tyranowski, los escritos del carmelita español trazaban el mapa del terreno de la experiencia mística. (…) La tesis es la tensión entre la especulación teológica de San Juan de la Cruz y la teología eclesiástica de Santo Tomás de Aquino.
En su tesis Wojtyla ponía énfasis en la naturaleza personal del encuentro humano con Dios, en el que los creyentes trascienden de tal modo los límites de su existencia como criaturas, que se tornan más auténticamente ellos mismos. Ese encuentro con el Dios viviente no está reservado tan sólo a los místicos. Es el centro de toda vida cristiana. La experiencia mística revela cosas acerca del camino hacia Dios y la comunión con Él; y que la mayor sabiduría que podemos alcanzar es la de saber que podemos “objetivizar” nuestro conocimiento de Dios, pues no llegamos a conocerle como conocemos un objeto, sino como conocemos a una persona, a través de la entrega mutua de uno mismo. Como dos personas que se aman llegan a vivir una “dentro” de la otra sin perder sus propias y únicas identidades. Dios llega a vivir en nuestro interior y, en cierto sentido, nosotros llegamos a habitar “Dentro de Dios”, sin que las diferencias radicales entre Creador y criatura se hayan perdido. El objetivo de la vida cristiana es convertirse en Dios por participación.
La tesis de Wojtyla extraía otras tres conclusiones:
1) Puesto que Dios no puede ser conocido como conocemos un objeto, existen límites para la racionalidad como aproximación al misterio de Dios. La razón puede saber que Dios existe, pero la razón natural es incapaz de explicarnos todos los atributos de Dios de la Biblia.
2) La fe es un encuentro personal con Dios, pero no nos permite su “aprehensión”, porque sería mayor que Dios. Porque es persona no es objeto.
3) La comunión mística, más que una “subida” emocional, es una experiencia de comunión, de “hallarse con”, que trasciende por completo las convenciones de nuestra existencia como criaturas.
Dada la naturaleza intensamente personal del encuentro con Dios, la persona humana debe disfrutar de libertad, pues a una relación de mutua autoofrenda sólo puede accederse libremente.
(…) El 14 de junio de 1948, aprobó los exámenes doctorales con puntuaciones altas, la tesis obtuvo una puntuación de dieciocho sobre veinte. Pero por no poder pagar la impresión de la tesis no se pudo graduar en la Angelicum, sino en la Facultad de Teología de la Jagelloniana en diciembre de ese año.

(Weigel, George; 1999, Biografía de Juan Pablo II. Testigo de la esperanza, Pp. 127-129).

lunes, 29 de marzo de 2010

Ser sal de la tierra. La confianza


En la Venezuela de los ochenta, cuando era adolescente, comenzaba la decadencia de la confianza en el país, o por lo menos en Caracas. Es así como me pasó lo siguiente en una cola del teatro Teresa Carreño para comprar entradas a un evento. Una persona (totalmente desconocida) estaba conmigo en la cola, y esta tuvo que ir a arreglar algo y me pidió que le comprara la entrada dándome el dinero. Yo le dije que en los tiempos que corrían no se podía confiar en nadie, que yo podría ser una deshonesto y robarle el dinero. La persona me respondió: "En todo tiempo siempre hay que confiar en las personas; no podemos vivir con la total desconfianza". Me causó gran impresión. En medio de la decadencia, todavía algunos tenían esperanzas en la bondad humana.
Considero que debemos ir creando islas de confianza que extiendan este bien como sal o levadura del bien.

lunes, 22 de febrero de 2010

Cuaresma: ¿Mejorar es posible?

Podemos mejorar el mundo comenzando por nosotros mismos, cambiando, con la gracia de Dios, lo que no está bien en nuestra vida. (…) si entra en nuestra vida, si tenemos confianza en Dios, podemos rechazar todo tipo de engaños del Tentador.
Podríamos decir que es un tiempo de "competición" espiritual que hay que vivir con Jesús, sin orgullo ni autosuficencia, más bien utilizando las armas de la fe, es decir, la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia. De este modo podremos celebrar verdaderamente la Pascua, dispuestos a renovar las promesas de nuestro Bautismo.
(Benedicto XVI, Intervención con motivo del Ángelus dominical, 21-II-2010).
El cristianismo es lucha. Pero genera cierta frustración cuando pasa el tiempo y pareciera que no se avanza en nada. Hay defectos tan arraigados. ¿Somos los cristianos unos perfeccionistas? ¿Obsesivos? ¿Maniáticos? ¿No caemos con frecuencia en los escrúpulos?. El cristiano busca la caridad, por eso anhela vivir las virtudes. No por una manía perfeccionista. ¿Cómo anhelar la santidad alegramente, caritativamente, sin frustraciones?.

martes, 16 de febrero de 2010

¿Qué son las Bienaventuranzas?

Las bienaventuranzas se basan en el hecho de que existe una justicia divina, que ensalza a quien ha estado humillado y que abaja a quien se ha ensalzado (cfr Lc 14,11). De hecho, el evangelista Lucas, después de los cuatro “dichosos vosotros”, añade cuatro admoniciones: “ay de vosotros, los ricos... ay de vosotros, que estáis saciados... ay de vosotros, que reís” y “ay, cuando todos los hombres hable bien de vosotros”, porque, como afirma Jesús, las cosas se invertirán, los últimos serán primeros y los primeros últimos” (cfr Lc 13,30).
Esta justicia y esta bienaventuranza se realizan en el “Reino de los cielos” o “Reino de Dios”, que tendrá su cumplimiento al final de los tiempos pero que está ya presente en la historia. Donde los pobres son consolados y admitidos al banquete de la vida, allí se manifiesta la justicia de Dios.

(Benedicto XVI, Intervención con motivo del Ángelus dominical, 14-II-2010).

Muchos critican esta visión, dándole a la religión el ser una forma de consuelo de los fracasados, pobres y sufrientes. Crees en Dios porque no te queda otro consuelo. En esta lógica, los ricos son arreligiosos o ateos; y la prueba (nos dicen) está en el ejemplo de la prosperidad de Europa ha generado el laicisimo más radical. Señor ¿Cómo responder a este argumento?.

¿Realmente es consuelo? ¿Acaso no es el cristianismo un reto moral y de transformación de vida que implica sacrificios y en algunos casos sufrimientos?. El cristianismo es el cambio de las pasiones…y su asimilación a una: la caridad. El cristianismo es otro tipo de justicia, quizás una que va más allá de ella: la misericordia. ¿Qué nos dices Señor en las bienaventuranzas? Pienso que no las he comprendido todavía. Un plan de vida nos dicen. Nos dices que debemos ser pacientes, nos recuerdas la realidad de la cruz, pero una cruz que no es definitiva. Nos muestras el camino de la cruz para llegar a la resurrección. Nos enseñas que el inevitable dolor de nuestro mundo libre y limitado no es un sufrimiento inútil. El dolor nos transforma moralmente siempre y cuando se ponga el Amor en medio de él.

lunes, 17 de agosto de 2009

¿Era Jesús un revolucionario?

Leamos el RAE:
revolucionario, ria.
1. adj. Perteneciente o relativo a la revolución.
2. adj. Partidario de la revolución. U. m. c. s.
3. adj. Alborotador, turbulento. U. t. c. s.+
revolución.
(Del
lat. revolutĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de revolver o revolverse.
2. f. Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación.
3. f. Inquietud, alboroto, sedición.
4. f. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.
5. f. Astr. Movimiento de un astro a lo largo de una órbita completa.
6. f. Geom. Rotación de una figura alrededor de un eje, que configura un sólido o una superficie.
7. f. Mec. Giro o vuelta que da una pieza sobre su eje.
A la luz de las definiciones, podemos replantear la pregunta: ¿Era Jesús una persona que cambiaba sus principios? ¿Estaba contra todo lo que fuera ser conservador, ortodoxo e inmovilista?.
Para una primera aproximación, sólo diré que los Evangelios nos muestran una persona que estaba contra muchas instituciones y la mentalidad estancada de los fariseos, pero a la vez tenía principios en los que era intransigente.

miércoles, 29 de julio de 2009

¿Cómo expresa Dios su poder?


Dios omnipotente y misericordioso. Una oración romana, ligada al resto del Libro de la Sabiduría, dice: "Dios, muestra tu omnipotencia en el perdón y en la misericordia". La cumbre de la potencia de Dios es la misericordia, es el perdón. En nuestro actual concepto mundial de poder, pensamos en uno que tiene grandes propiedades, que en economía tiene algo que decir, dispone de capitales para influir en el mundo del mercado. Pensamos en uno que tiene el poder militar, que puede amenazar. La pregunta de Stalin: "¿Cuántos ejércitos tiene el Papa?" sigue caracterizando la idea común del poder. Tiene el poder quien puede ser peligroso, quien puede amenazar, quien puede destruir, quien tiene en su mano tantos instrumentos del mundo. Pero la Revelación nos dice: "No es así"; el verdadero poder es el poder de gracia, y de misericordia. En la misericordia, Dios demuestra el verdadero poder.

(Benedicto XVI, Homilía en la catedral de Aosta, 24-VII-2009)

martes, 30 de junio de 2009

¿Qué es la Iglesia y qué debe hacer hoy? (Extractos del Discurso de Benedicto XVI a la asamblea eclesial de Roma)

La Iglesia, que tiene su origen en el Dios trinitario, es un misterio de comunión. En cuanto comunión, la Iglesia no es una realidad solamente espiritual, sino que vive en la historia, por decirlo así, en carne y hueso. El concilio Vaticano II la describe "como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1). Y la esencia del sacramento es precisamente que en lo visible se palpa lo invisible, que lo visible palpable abre la puerta a Dios mismo.
Así, vemos que los dos conceptos -"pueblo de Dios" y "Cuerpo de Cristo"- se completan y forman juntos el concepto neotestamentario de Iglesia. Y mientras "pueblo de Dios" expresa la continuidad de la historia de la Iglesia, "Cuerpo de Cristo" manifiesta la universalidad inaugurada en la cruz y en la resurrección del Señor. Por tanto, para nosotros, los cristianos, "Cuerpo de Cristo" no sólo es una imagen, sino también un verdadero concepto, porque Cristo nos entrega su Cuerpo real, no sólo una imagen.
La noción de "pueblo de Dios", en particular, fue interpretada por algunos según una visión puramente sociológica, desde una perspectiva casi exclusivamente horizontal, que excluía la referencia vertical a Dios. Esta posición contrasta totalmente con la letra y el espíritu del Concilio, que no quiso una ruptura, otra Iglesia, sino una verdadera y profunda renovación, en la continuidad del único sujeto Iglesia, que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre idéntico, único sujeto del pueblo de Dios en peregrinación.
Este hecho nos dice que las luminosas páginas que el Concilio dedicó al laicado aún no habían sido traducidas y realizadas suficientemente en la conciencia de los católicos y en la práctica pastoral. Por una parte, existe todavía la tendencia a identificar unilateralmente la Iglesia con la jerarquía, olvidando la responsabilidad común, la misión común del pueblo de Dios, que somos todos nosotros en Cristo. Por otra, persiste también la tendencia a concebir el pueblo de Dios, como ya he dicho, según una idea puramente sociológica o política, olvidando la novedad y la especificidad de ese pueblo, que sólo se convierte en pueblo en la comunión con Cristo.
Demasiados bautizados no se sienten parte de la comunidad eclesial y viven al margen de ella, dirigiéndose a las parroquias sólo en algunas circunstancias para recibir servicios religiosos. En proporción al número de habitantes de cada parroquia, todavía son pocos los laicos que, aun declarándose católicos, están dispuestos a trabajar en los diversos campos apostólicos. Ciertamente, no faltan dificultades de orden cultural y social, pero, fieles al mandato del Señor, no podemos resignarnos a conservar lo que tenemos. Confiando en la gracia del Espíritu, que Cristo resucitado nos ha garantizado, debemos reanudar el camino con renovado impulso.
¿Qué caminos podemos recorrer? En primer lugar, es preciso renovar el esfuerzo en favor de una formación más atenta y conforme a la visión de Iglesia de la que he hablado, tanto por parte de los sacerdotes como de los religiosos y laicos. Comprender cada vez mejor qué es esta Iglesia, este pueblo de Dios en el Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, es necesario mejorar los planes pastorales para que, respetando las vocaciones y las funciones de los consagrados y de los laicos, se promueva gradualmente la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios. Esto exige un cambio de mentalidad, en particular por lo que respecta a los laicos, pasando de considerarlos "colaboradores" del clero a reconocerlos realmente como "corresponsables" del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo la consolidación de un laicado maduro y comprometido. Esta conciencia de ser Iglesia, común a todos los bautizados, no disminuye la responsabilidad de los párrocos. Precisamente a vosotros, queridos párrocos, os corresponde promover el crecimiento espiritual y apostólico de quienes ya son asiduos y están comprometidos en las parroquias: ellos son el núcleo de la comunidad que se convertirá en fermento para los demás.
Alimentémonos realmente de la escucha, de la meditación de la Palabra de Dios. Nuestras comunidades deben tener siempre clara conciencia de que son "Iglesia", porque Cristo, Palabra eterna del Padre, las convoca y las convierte en su pueblo. La fe, por una parte, es una relación profundamente personal con Dios, pero, por otra, posee un componente comunitario esencial, y ambas dimensiones son inseparables. Así, también los jóvenes, que están más expuestos al creciente individualismo de la cultura contemporánea, la cual conlleva como consecuencias inevitables el debilitamiento de los vínculos interpersonales y la disminución del sentido de pertenencia, podrán experimentar la belleza y la alegría de ser y sentirse Iglesia. Por la fe en Dios estamos unidos en el Cuerpo de Cristo; todos somos uno en el mismo Cuerpo; así, precisamente creyendo de modo profundo, podemos vivir también la comunión entre nosotros y superar la soledad del individualismo.
Debemos aprender siempre de nuevo a conservar esta unidad y defenderla de rivalidades, controversias y celos, que pueden nacer dentro de las comunidades eclesiales y entre ellas.
El centro de la vida de la parroquia, como he dicho, es la Eucaristía, y en particular la celebración dominical. Si la unidad de la Iglesia nace del encuentro con el Señor, no es secundario que se cuide mucho la adoración y la celebración de la Eucaristía, permitiendo que los que participan en ellas experimenten la belleza del misterio de Cristo. Dado que la belleza de la liturgia "no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo" (Sacramentum caritatis, 35), es importante que la celebración eucarística manifieste, comunique, a través de los signos sacramentales, la vida divina y revele a los hombres y a las mujeres de esta ciudad el verdadero rostro de la Iglesia.
El crecimiento espiritual y apostólico de la comunidad lleva, además, a promover su ampliación mediante una convencida acción misionera. Por tanto, esforzaos por revitalizar en todas las parroquias, como en el tiempo de la Misión ciudadana, los pequeños grupos o centros de escucha de fieles que anuncian a Cristo y su Palabra, lugares donde sea posible experimentar la fe, practicar la caridad y organizar la esperanza. Esta articulación de las grandes parroquias urbanas a través de la multiplicación de pequeñas comunidades permite una actividad misionera más vasta, que tiene en cuenta la densidad de la población, su fisonomía social y cultural, a menudo notablemente diversa. Sería importante que este método pastoral tuviera una aplicación eficaz también en los lugares de trabajo, que hoy se deben evangelizar con una pastoral de ambiente bien pensada, pues por la notable movilidad social la población pasa en ellos gran parte de su jornada.
Por último, no hay que olvidar el testimonio de la caridad, que une los corazones y abre a la pertenencia eclesial. A la pregunta de cómo se explica el éxito del cristianismo de los primeros siglos, la elevación de una presunta secta judía al rango de religión del Imperio, los historiadores responden que fue sobre todo la experiencia de la caridad de los cristianos lo que convenció al mundo. Vivir la caridad es la forma primaria de la actividad misionera. La Palabra anunciada y vivida resulta creíble si se encarna en comportamientos de solidaridad, de compartir, en gestos que muestran a Cristo como verdadero Amigo del hombre.
(Benedicto XVI, Discurso a la asamblea eclesial de Roma, 26-V-2009)

lunes, 29 de junio de 2009

¿Qué es el "hombre nuevo" en el cristianismo? (Extracto de la Homilía de Benedicto XVI cierre del año paulino)

En la Carta a los Romanos, esta segunda parte comienza con el capítulo XII, en cuyos dos primeros versículos el apóstol resume rápidamente el núcleo esencial de la existencia cristiana. ¿Qué nos dice san Pablo en ese pasaje? Ante todo afirma, como algo fundamental, que con Cristo se inició una nueva manera de venerar a Dios, un nuevo culto, que consiste en el hecho de que el hombre viviente se transforma él mismo en adoración, "sacrificio" hasta en el propio cuerpo. Ya no se ofrecen cosas a Dios. Nuestra propia existencia debe convertirse en alabanza de Dios. ¿Pero cómo sucede esto? En el segundo versículo se nos da la respuesta: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de f orma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios..." (12, 2). Las dos palabras decisivas de este versículo son: "transformar" y "renovar". Debemos convertirnos en hombres nuevos, transformados en un nuevo modo de existencia. El mundo siempre está a la búsqueda de la novedad, porque con razón está siempre descontento de la realidad concreta. Pablo nos dice: el mundo no puede ser renovado sin hombres nuevos. Sólo si hay hombres nuevos, habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. En el inicio está la renovación del hombre. Esto vale después para cada uno. Sólo si nos convertimos en hombres nuevos, el mundo se convertirá en nuevo. Esto significa también que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas. En nuestra Carta se dice: no hay que someterse al esquema de la época actual. (...) Él se convirtió en nuevo, en otro, porque ya no vive para sí en virtud de sí mismo, sino por Cristo que está en él. En el curso de los años, sin embargo, pudo ver que este proceso de renovación y de transformación continúa durante toda la vida. Nos convertimos en nuevos, si nos dejamos conquistar y plasmar por el Hombre nuevo, Jesucristo. Él es el Hombre nuevo por excelencia. En Él la nueva existencia humana se convierte en realidad, y nosotros podemos verdaderamente convertirnos en nuevos si nos ponemos en sus manos y nos dejamos plasmar por Él.

Pablo hace aún más claro este proceso de "refundición" diciendo que nos convertimos en nuevos si transformamos nuestro modo de pensar. Esto que aquí ha sido traducido como "modo de pensar", es el término griego "nous". Es una palabra compleja. Puede ser traducida como "espíritu", "sentimiento", "razón" y, también, como "modo de pensar". Nuestra razón debe convertirse en nueva . Esto nos sorprende. Tal vez habríamos esperado que tuviera que ver con alguna actitud: aquello que en nuestra acción debemos cambiar. Pero no: la renovación debe ser completa. Nuestro modo de ver el mundo, de comprender la realidad, todo nuestro pensar, debe cambiar a partir de su fundamento. El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar común está dirigido en general hacia la posesión, el bienestar, la influencia, el éxito, y la fama. Pero de esta manera tiene un alcance muy limitado. Así, en último análisis, queda el propio "yo" en el centro del mundo. Debemos aprender a pensar de manera profunda. Qué significa eso. Lo dice san Pablo en la segunda parte de la frase: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por t anto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo.
El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado. Sobre esto, Pablo nos dice: "que Cristo habite por la fe en sus corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, puedan comprender con todos los Santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento" (Ef 3,17). El amor ve más allá de la simple razón, esto es lo que Pablo nos dice con sus palabras. Y nos dice además que sólo en la comunión con todos los santos, es decir en la gran comunidad de todos los creyentes -y no en contra o en ausencia de ella- podemos conoc er la enormidad del misterio de Cristo. (...) El amor de Cristo ha abrazado en la Cruz la profundidad más honda, la noche de la muerte, y la altura suprema, la elevación del mismo Dios. Y ha tomado entre sus brazos la amplitud y la enormidad de la humanidad y del mundo en todas sus distancias. Él abraza siempre al universo, a todos nosotros.

(Benedicto XVI, Homilía con motivo de la clausura del Año Paulino en la Basílica de San Pablo Extramuros, 28-VI-2009)

jueves, 25 de junio de 2009

¿Qué es un sacerdote? Nos responde Benedicto XVI en la Audiencia General

Mis extractos de la Audiencia.
¿Por qué un Año Sacerdotal? ¿Por qué precisamente en recuerdo del santo cura de Ars, que aparentemente no hizo nada de extraordinario?
(…) a san Juan María Vianney le gustaba repetir: "Si tuviésemos fe, veríamos a Dios escondido en el sacerdote como una luz tras el cristal, como el vino mezclado con el agua". El objetivo de este Año Sacerdotal, como he escrito en la carta enviada a los sacerdotes para esta ocasión, consiste en favorecer la tensión de todo presbítero "hacia la perfección espiritual de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio", y ayudar ante todo a los sacerdotes, y con ellos a todo el Pueblo de Dios, a redescubrir y revigorizar la conciencia del extraordinario e indispensable don de la Gracia que el ministerio ordinario representa para quien lo ha recibido, para la Iglesia entera y para el mundo, que sin la presencia real de Cristo estaría perdido.
También la mutación terminológica de la palabra "sacerdocio" hacia el sentido de "servicio, ministerio, encargo", es signo de esta concepción distinta. A la concepción ontológica-sacramental está ligado el primado de la Eucaristía, en el binomio "sacerdocio-sacrificio", mientras que a la otra correspondería el primado de la palabra y del servicio del anuncio.
(…) un auténtico servicio a la Palabra requiere por parte del sacerdote que tienda a una abnegación profunda de sí mismo, hasta decir con el Apóstol: "No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí". El presbítero no puede considerarse "amo" de la palabra, sino siervo. Él no es la palabra, sino que, como proclamaba Juan el Bautista, del que celebramos precisamente hoy su nacimiento, es "voz" de la Palabra: "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezar sus sendas" (Marcos 1,3). (…) El anuncio, por tanto, comporta siempre también el sacrificio de sí, condición para que el anuncio sea auténtico y eficaz.
(Benedicto XVI, Audiencia General, 24-VI-2009).

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Cómo interpretar la afirmación: "no he venido para traer paz, sino espada"?

Mateo 10 34, 39.
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y serán enemigos del hombre, los de su casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mi; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.
En verdad que no soy el más indicado para analizarla, no soy teòlogo; pero lo que humildemente he entendido de dicha sentencia es lo siguiente.
La Biblia entera segùn el catolicismo debe entenderse bajo el sentido de la Caridad, ninguna sentencia puede contradecir este principio y de parecerlo debe buscarse su sentido frente al màs importante fundamento: Dios es Amor. En tal sentido, no se puede interpretar dichas palabras como que Jesùs desea sembrar la guerra...no, sino que se està refiriendo al problema, a los conflictos, a las divisiones que inevitablemente debe padecer el cristiano. La conversiòn a Dios puede llevar el rechazo de la gente, pero no por ello se debe dejar de ser cristiano. Esto es lo que entiendo. Debemos seguir a Dios aunque no lo deseen nuestro seres màs queridos, pero es evidente (para la octrina cristiana) que seguir a Dios significa amar BIEN a nuestros seres màs queridos. Una vez leyendo a Santa Teresa, no recuerdo el libro; esta santa señalaba que la ùnica forma de demostrar el amor a Dios era amando a los semejantes; porque saber si estamos amando a Dios no es tan evidente pero saber que estamos amando al pròjimo si es màs comprobable.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Por qué el Sagrado Corazón de Jesús? (Extractos de la homilía de Benedicto XVI)

En la antífona del Magníficat dentro de poco cantaremos: "El Señor nos ha acogido en su corazón"- "Suscepit nos Dominus in sinum et cor suum". En el Antiguo Testamento se habla 26 veces del corazón de Dios, considerado como el órgano de su voluntad: en referencia al corazón de Dios, el hombre es juzgado. A causa del dolor que su corazón siente por los pecados del hombre, Dios decide el diluvio, pero después se conmueve ante la debilidad humana y perdona. Luego hay un pasaje del Antiguo Testamento en el que el tema del corazón de Dios se expresa de manera totalmente clara: se encuentra en el capítulo 11 del libro del profeta Oseas, donde los primeros versículos describen la dimensión del amor con el que el Señor se dirige a Israel en la aurora de su historia: "Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo" (v. 1). En realidad, a la incansable predilección divina, Israel responde con indiferencia e incluso con ingratitud. "Cuanto más los llamaba --constata el Señor--, más se alejaban de mí" (v. 2). Sin embargo, Él no abandona Israel en las manos de los enemigos, pues "mi corazón -dice el Creador del universo-- está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas" (v. 8).

(Benedicto XVI, Homilía al inaugurar el Año Sacerdotal durante las vísperas de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 19-VI-2009).

En casa de mi abuela existía un cuadro grande del Sagrado Corazón muy parecido al de la imagen que publiqué acá, y mi madre siempre tuvo uno pequeño, y en todo templo católico existe uno. En mi vida su presencia ha sido permanente, por tando mi devoción.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Se puede recristianizar nuestra cultura actual y cambiar la cultura de muerte que domina en Venezuela?

El jesuita Matteo Ricci, que nació en Macerata el 6 de octubre de 1552, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó muchos años de su vida a tejer un provechoso diálogo entre Occidente y Oriente, realizando al mismo tiempo una acción eficaz de arraigo del Evangelio en la cultura del gran pueblo de China. Su ejemplo sigue siendo también hoy un modelo de encuentro beneficioso entre la civilización europea y la china.

(…) Además, lo que ha hecho original y -podríamos decir- profético su apostolado, fue seguramente la profunda simpatía que sentía por los chinos, por su historia, por sus culturas y tradiciones religiosas. Baste recordar su Tratado sobre la amistad (De amicitia Jiaoyoulun), que obtuvo gran éxito desde su primera edición en Nankín en 1595. Este paisano vuestro, modelo de diálogo y de respeto por las creencias de los demás, hizo de la amistad el estilo de su apostolado durante los veintiocho años que permaneció en China. La amistad que ofrecía era correspondida por las poblaciones locales precisamente gracias al clima de respeto y estima que trataba de cultivar, preocupándose por conocer cada vez mejor las tradiciones de la China de ese tiempo.

(Benedicto XVI, Mensaje sobre el gran evangelizador de China, Matteo Ricci; IV centenario de su muerte, 06-V-2009).

Recuerdo cuando leí sobre Matteo Ricci, me impresionó sus grandes esfuerzos por evangelizar respetando la cultura china; porque evangelizar no es occidentalizar, como creen algunos, sino que es descubrir todo lo bueno y cristiano que ya hay en cada cultura. Creo firmemente que en nuestra cultura actual podemos inculturar el cristianismo de nuevo, aunque no será fácil. ¿Cómo se descubre en las costumbres de un malandro (delincuente) lo bueno? Sólo en su humanidad, y posiblemente en la educación y algo de cariño que recibió en su vida. ¿Cómo cristianizar y por tanto transformar, este odio político que se ha hecho lo normal en Venezuela?.

domingo, 7 de junio de 2009

Dios es Trino porque es Amor (leyendo la Carta del Prelado del Opus Dei: Javier Echevarría (Junio, 2009))

Desempeñar con amor a Dios y a los demás las acciones diarias: en esto consiste el secreto de la santidad a la que Dios llama a los cristianos que viven y trabajan en medio de las realidades temporales.

Siendo el Amor por esencia, nuestro Dios no es un Ser solitario, encerrado en una lejanía trascendente, ajeno a las preocupaciones de los hombres. Dios es trinidad de Personas, tan unidas y compenetradas que son un solo y único Dios. "Esta revelación de Dios se delineó plenamente en el Nuevo Testamento, gracias a la palabra de Cristo. Jesús nos manifestó el rostro de Dios, uno en esencia y trino en personas: Dios es amor, Amor Padre, Amor Hijo y Amor Espíritu Santo" (Benedicto XVI, Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad, 18-V-2008)


(Javier Echevarría, Carta del Prelado del Opus Dei, junio de 2009)

miércoles, 20 de mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa: ¿Por qué no debemos NUNCA olvidar el holocausto o Shoá?


"Yo he de darles en mi casa y en mis muros un monumento y un nombre... les daré un nombre que no será borrado, que nunca será cancelado" (Isaías 56, 5).
Este pasaje, tomado del Libro del profeta Isaías, presenta dos frases sencillas que expresan de manera solemne el significado profundo de este lugar venerado: yad, "memorial"; shem, "nombre". He venido aquí para detenerme en silencio ante este monumento, erigido para honrar la memoria de los millones de judíos asesinados en la horrenda tragedia de la Shoá. Perdieron la vida, pero no perderán nunca sus nombres: están indeleblemente grabados en los corazones de sus seres queridos, de sus compañeros de prisión, y de quienes están decididos a no permitir nunca que un horror así pueda volver a deshonrar a la humanidad. Sus nombres, en particular y sobre todo, están grabados para siempre en la memoria de Dios Omnipotente.
Uno puede despojar al vecino de sus posesiones, de las oportunidades o de la libertad..., se puede tejer una insidiosa red de mentiras para convencer a los demás de que ciertos grupos no merecen respeto. Y, sin embargo, por más que se esfuerce, nunca se puede quitar el nombre de otro ser humano.
La Iglesia católica, comprometida en las enseñanzas de Jesús y decidida a imitar el amor por toda persona, siente profunda compasión por las víctimas aquí recordadas. Del mismo modo, está junto a quienes sufren persecuciones a causa de la raza, el color, la condición de vida, o la religión.
(Benedicto XVI, “Discurso del Papa en el Memorial Yad Vashem”, 11-V-2009).


domingo, 17 de mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santas: ¿Qué es la Iglesia?

La primera piedra de una iglesia es símbolo de Cristo. La Iglesia se apoya en Cristo, está sostenida por Él y no se puede separar de Él. Él es el único cimiento de toda comunidad cristiana, la piedra viva, rechazada por los constructores pero preciosa a los ojos de Dios y elegida por Él como piedra angular (Cf. 1 Pedro 2, 4-5.7). Con Él, también nosotros somos piedras vivas construidas como edificio espiritual, lugar de morada para Dios (Cf Efesios 2, 20-22; 1 Pedro 2, 5). A san Agustín le gustaba hacer referencia al misterio de la Iglesia como al Christus totus, el Cristo entero, el Cuerpo de Cristo pleno y completo, Cabeza y miembros. Esta es la realidad de la Iglesia: es Cristo y nosotros, Cristo con nosotros. Él es con nosotros como la vida con sus sarmientos (Cf. Juan 15, 1-8). La Iglesia es en Cristo una comunidad de vida nueva, un realidad dinámica de gracia que procede Él. A través de la Iglesia, Cristo purifica nuestros corazones, ilumina nuestras mentes, nos une con el Padre y, en el único Espíritu, nos conduce a un ejercicio diario de amor cristiano. Confesamos esta gozosa realidad como Iglesia una, santa, católica, y apostólica. (Benedicto XVI, “Discurso en el lugar del Bautismo de Cristo en el Jordán, Jordania”, 10-V-2009).

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