lunes, 25 de mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa: ¿Qué significado debe tener Jerusalén para judíos, cristianos y musulmanes?

Esta es la esperanza, esta es la visión que nos lleva a todos los que amamos a esta Jerusalén terrestre a verla como una profecía y una promesa de esa reconciliación universal y de esa paz que Dios desea para toda la familia humana. Tristemente, el hecho de estar bao los muros de esta misma ciudad nos lleva a considerar lo lejos que está nuestro mundo del cumplimiento de aquella profecía y promesa. En esta Ciudad Santa, donde la vida ha vencido a la muerte, donde el Espíritu ha sido infundido como primer fruto de la nueva creación, la esperanza sigue luchando contra la desesperación, la frustración y el cinismo, mientras la paz, que es don y llamamiento de Dios, sigue amenazada por el egoísmo, por el conflicto, por la división y por el peso de las ofensas del pasado. Por esta razón, la comunidad cristiana en esta ciudad, que fue testigo de la resurrección de Cristo y de la efusión del Espíritu, debe hacer todo lo posible por conservar la esperanza entregada por el Evangelio, teniendo en cuenta el precio de la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, testimoniando la fuerza del perdón y manifestando la naturaleza más profunda de la Iglesia como signo y sacramento de una humanidad reconciliada, renovada y convertida en una sola cosa en Cristo, el nuevo Adán. (…) Como un microcosmos de nuestro mundo globalizado, esta ciudad, debe vivir su vocación universal, debe ser un lugar que enseñe la universalidad, el respeto por los demás, el diálogo y la mutua compresión; un lugar donde el prejuicio, la ignorancia y el miedo que la alimenta, sean superados por la honestidad, la integridad y la búsqueda de la paz. No debería haber lugar entre estos muros para la mezquindad, la discriminación, la violencia y la injusticia. Los creyentes en un Dios de misericordia --ya sea que se identifiquen como judíos, cristianos o musulmanes--, deben ser los primeros en promover esta cultura de la reconciliación y de la paz, por más lento que sea el proceso y más agobiante el peso de los recuerdos pasados.

(Benedicto XVI, “Homilía en la misa celebrada en el Valle de Josafat”, 12-V-2009).

2 comentarios:

MARISELA dijo...

Estaba visitando a mi amigo Manuel y veo tu comentario, creo que merece la pena que estemos "unidos y revueltos", como dicen en Cuba, pues al final, todos creemos en Dios y, los que no creen también tienen su derecho a no hacerlo. Es una descisión muy personal y está basada en el encuentro único e irrepetible que tiene cada ser humano con su creador. Yo estoy por el ecumenismo, lo que pasa es que, en mi medio, hay poca aceptación de los católicos y cristianos en general. Creo que la historia puede ser cíclica y se repiten actitudes: antes nos arrojaban a los leones, ahora nos ridiculizan constantemente. Lo que no soportamos, muchas veces, es ver el escarnio sin ton ni son que se hace de la religión católica desde los medios de comunicación españoles. No por eso voy a enfadarme con los de otras religiones, todo lo contrario, creo que los cristianos tenemos un mismo Dios, sólo que diferentes formas de ver el culto. Bueno yo no soy una experta en la materia, sólo doy mi opinión personal, que puede ser pobre o errada, pero es sincera.
Te enlazo en mi blog, saludos y que Dios te bendiga.

PRofeballa dijo...

Mil gracias! pues nos enlazamos. Mucha paciencia, somos minorìa tal como fueron los primeros cristianos, sin duda que debemos aprender de ellos a ser luz en medio de tanta oscuridad sin falsas modestias y sin soberbias.
Saludos!

TE enlazo tambièn

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