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sábado, 13 de septiembre de 2008

Benedicto XVI en Francia (13-09): "Huid del culto de los ídolos, no dejéis de hacer el bien"


El subrayado es nuestro.

Imagen: Ecclesia digital

Homilía del Papa en la misa presidida en la Explanada de los Inválidos (París)

"La esperanza seguirá siempre la más fuerte"

PARÍS, sábado, 13 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el texto de la homilía que pronunció Benedicto XVI en la mañana de este sábado al presidir la celebración eucarística en la Explanada de los Inválidos en París.


* * *


Señor Cardenal Vingt-Trois, señores cardenales y queridos hermanos en el episcopado, hermanos y hermanas en Cristo:

Jesucristo nos reúne en este maravilloso lugar, en el corazón de París, en un día en que la Iglesia universal celebra la fiesta de San Juan Crisóstomo, uno de sus más grandes doctores que, con su testimonio de vida y su enseñanza, mostró eficazmente a los cristianos el camino a seguir.

Saludo con gozo a todas las Autoridades que me han acogido en esta noble ciudad, especialmente al Cardenal André Vingt-Trois, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido.

También saludo a los Obispos, Sacerdotes y Diáconos que me acompañan en la celebración del sacrificio de Cristo. Doy las gracias a las personalidades, particularmente al Señor Primer Ministro, que han querido estar presentes aquí esta mañana; les aseguro mi oración ferviente por el cumplimiento de su noble misión de servir a sus conciudadanos.

La primera carta de San Pablo, dirigida a los Corintios, nos hace descubrir, en este año Paulino inaugurado el pasado 28 de junio, hasta qué punto sigue siendo actual el consejo dado por el Apóstol. "No tengáis que ver con la idolatría" (1 Co 10, 14), escribió a una comunidad muy afectada por el paganismo e indecisa entre la adhesión a la novedad del Evangelio y la observancia de las viejas prácticas heredadas de sus antepasados. No tener que ver con los ídolos significaba entonces dejar de honrar a los dioses del Olimpo, dejar de ofrecerles sacrificios cruentos. Huir de los ídolos era seguir las enseñanzas de los profetas del Antiguo Testamento, que denunciaban la tendencia del espíritu humano a hacerse falsas representaciones de Dios.

Como dice el Salmo 113 a propósito de las estatuas de los ídolos, éstas no son más que "oro y plata, obra de manos humanas. Tienen boca y no hablan, ojos y no ven, oídos y no oyen, narices y no huelen" (vv. 4-5). Fuera del pueblo de Israel, que había recibido la revelación del Dios único, el mundo antiguo era esclavo del culto a los ídolos. Los errores del paganismo, muy visibles en Corinto, debían ser denunciados porque eran una potente alienación y desviaban al hombre de su verdadero destino. Impedían reconocer que Cristo es el único y el verdadero Salvador, el único que indica al hombre el camino hacia Dios.

Este llamamiento a huir de los ídolos sigue siendo válido también hoy. ¿Acaso nuestro mundo contemporáneo no crea sus propios ídolos? ¿No imita, quizás sin saberlo, a los paganos de la antigüedad, desviando al hombre de su verdadero fin de vivir por siempre con Dios? Ésta es una cuestión que todo hombre honesto consigo mismo se plantea un día u otro. ¿Qué es lo que importa en mi vida? ¿Qué debo poner en primer lugar? La palabra "ídolo" viene del griego y significa "imagen", "figura", "representación", pero también "espectro", "fantasma", "vana apariencia". El ídolo es un señuelo, pues desvía a quien le sirve de la realidad para encadenarlo al reino de la apariencia. Ahora bien, ¿no es ésta una tentación propia de nuestra época, la única sobre la que podemos actuar de forma eficaz? Es la tentación de idolatrar un pasado que ya no existe, olvidando sus carencias, o un futuro que aún no existe, creyendo que el ser humano hará llegar con sus propias fuerzas el reino de la felicidad eterna sobre la tierra. San Pablo dice a los Colosenses que la codicia insaciable es una idolatría (cf. 3,5) y recuerda a su discípulo Timoteo que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Por entregarse a ella, precisa, muchos, arrastrados por la codicia "se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos" (1 Tm 6, 10). El dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber, ¿acaso no desvían al hombre de su verdadero fin, de su propia verdad?

Queridos hermanos y hermanas, la cuestión que plantea la liturgia de este día encuentra su respuesta en la misma liturgia, que hemos heredado de nuestros padres en la fe, y en particular del mismo San Pablo (cf. 1 Co 11,23). Comentando este texto, San Juan Crisóstomo, observa que San Pablo condena severamente la idolatría como una "falta grave", un "escándalo", una verdadera "peste" (Homilía 24 sobre la primera carta a los Corintios, 1). E inmediatamente añade que la condena radical de la idolatría no es en modo alguno una condena de la persona del idólatra. Nunca hemos de confundir en nuestros juicios el pecado, que es inaceptable, y el pecador del que no podemos juzgar su estado de conciencia y que, en todo caso, siempre tiene la posibilidad de convertirse y ser perdonado. San Pablo apela a la razón de sus lectores, la razón de todo ser humano, testimonio poderoso de la presencia del Creador en la criatura: "Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo" (1 Co 10, 15). Dios, del que el Apóstol es un testigo autorizado, nunca pide al hombre que sacrifique su razón. La razón nunca está en contradicción real con la fe. El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado la razón y nos da la fe, proponiendo a nuestra libertad que la reciba como un don precioso. Lo que desencamina al hombre de esta perspectiva es el culto a los ídolos, y la razón misma puede fabricar ídolos. Pidamos a Dios, pues, que nos ve y nos escucha, que nos ayude a purificarnos de todos nuestros ídolos para acceder a la verdad de nuestro ser, para acceder a la verdad de su ser infinito.

¿Cómo llegar a Dios? ¿Cómo lograr encontrar o reencontrar a Aquel que el hombre busca en lo más profundo de sí mismo, hasta olvidarse frecuentemente de sí? San Pablo nos invita a usar no solamente nuestra razón, sino sobre todo nuestra fe para descubrirlo. Ahora bien, ¿qué nos dice la fe? El pan que partimos es comunión con el Cuerpo de Cristo; el cáliz de acción de gracias que bendecimos es comunión con la Sangre de Cristo. Extraordinaria revelación que proviene de Cristo y que se nos ha transmitido por los Apóstoles y toda la Iglesia desde hace casi dos mil años: Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía en la noche del Jueves Santo. Quiso que su sacrificio fuera renovado de forma incruenta cada vez que un sacerdote repite las palabras de la consagración del pan y del vino. Desde hace veinte siglos, millones de veces, tanto en la capilla más humilde como en las más grandiosas basílicas y catedrales, el Señor resucitado se ha entregado a su pueblo, llegando a ser, según la famosa expresión de San Agustín, "más íntimo en nosotros que nuestra propia intimidad" (cf. Confesiones, III, 6.11).

Hermanos y hermanas, veneremos fervientemente el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor, el Santísimo Sacramento de la presencia real del Señor en su Iglesia y en toda la humanidad. Hagamos todo lo posible por mostrarle nuestro respeto y amor. Démosle nuestra mayor honra. Nunca permitamos que con nuestras palabras, silencios o gestos, quede desvaída en nosotros y en nuestro entorno la fe en Cristo resucitado presente en la Eucaristía. Como dijo magistralmente San Juan Crisóstomo: "Consideremos los favores inefables de Dios y todos los bienes de los que nos hace gozar cuando le ofrecemos la copa, cuando comulgamos, dándole gracias por haber liberado al género humano del error, por haber acercado a él a los que estaban alejados y haber convertido a los desesperados y ateos de este mundo en un pueblo de hermanos, de coherederos del Hijo de Dios" (Homilía 24 sobre la Primera Carta a los Corintios, 1). De hecho, sigue diciendo, "lo que está en la copa es precisamente lo que ha brotado de su costado, y eso es lo que participamos" (ibíd.). No se trata sólo de participar y compartir, sino que hay "unión", nos dice.


La Misa es el sacrificio de acción de gracias por excelencia, el que nos permite unir nuestra propia acción de gracias a la del Salvador, el Hijo eterno del Padre. Por sí misma, la Misa nos invita también a huir de los ídolos, porque, como reitera San Pablo, "no podéis participar en dos mesas, la del Señor y la de los malos espíritus" (1 Co 10,21). La Misa nos invita a discernir lo que en nosotros obedece al Espíritu de Dios y lo que en nosotros aún permanece a la escucha del espíritu del mal. En la Misa sólo queremos pertenecer a Cristo, y repetimos con gratitud -con "acción de gracias"- el clamor del salmista: "¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?" (Sal 116,12). Sí, ¿cómo dar gracias al Señor por la vida que me ha dado? La respuesta a la pregunta del salmista está en el mismo Salmo, pues la Palabra de Dios responde con misericordia a las cuestiones que plantea. ¿Cómo pagar al Señor todo el bien que nos hace sino retomando sus propias palabras: "Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre" (Sal 116,13)?

Alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor, ¿no es precisamente la mejor manera de "no tener que ver con la idolatría", como nos pide San Pablo? Cada vez que se celebra una Misa, cada vez que Cristo se hace sacramentalmente presente en su Iglesia, se realiza la obra de nuestra salvación. Celebrar la Eucaristía significa, por tanto, reconocer que sólo Dios puede darnos la felicidad plena, enseñándonos los verdaderos valores, los valores eternos que nunca declinarán. Dios está presente en el altar, pero también está presente en el altar de nuestro corazón cuando en la comunión le recibimos en el sacramento de la Eucaristía. Sólo Él nos enseña a huir de los ídolos, espejismos del pensamiento.

Ahora bien, queridos hermanos y hermanas, ¿quién puede alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor en nombre de todo el pueblo de Dios, sino el sacerdote ordenado para ello por el Obispo? A este respecto, queridos ciudadanos de París y de la región parisina, así como los venidos de toda Francia y de otros países vecinos, permitidme hacer un llamamiento, esperanzado en la fe y en la generosidad de los jóvenes que se plantean la cuestión de la vocación religiosa o sacerdotal: ¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo de dar la vida a Cristo! Nada sustituirá jamás el ministerio de los sacerdotes en el corazón de la Iglesia. Nada suplirá una Misa por la salvación del mundo. Queridos jóvenes o no tan jóvenes que me escucháis, no dejéis sin respuesta la llamada de Cristo. San Juan Crisóstomo, en su Tratado sobre el sacerdocio, puso de manifiesto cómo la respuesta del hombre puede ser lenta en llegar, pero es el ejemplo vivo de la acción de Dios en el corazón de una libertad humana que se deja formar por la gracia.

Finalmente, si retomamos las palabras que Cristo nos ha dejado en su Evangelio, nos damos cuenta de que Él mismo nos ha enseñado a huir de la idolatría y nos invita a construir nuestra casa "sobre roca" (Lc 6,48). ¿Quién es esta roca sino Él mismo? Nuestros pensamientos, palabras y obras sólo adquieren su verdadera dimensión si las referimos al mensaje del Evangelio. "Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca" (Lc 6, 45). Cuando hablamos, ¿buscamos el bien de nuestro interlocutor? Cuando pensamos, ¿tratamos de poner nuestro pensamiento en sintonía con el pensamiento de Dios? Cuando actuamos, ¿intentamos difundir el Amor que nos hace vivir? Como dice una vez más San Juan Crisóstomo: "Si ahora todos participamos del mismo pan, y nos convertimos en la misma sustancia, ¿por qué no mostramos todos la misma caridad? ¿Por qué, por lo mismo, no nos convertimos en un todo único?... Oh hombre, ha sido Cristo quien vino a tu encuentro, a ti que estabas tan lejos de Él, para unirse a ti; y tú, ¿no quieres unirte a tu hermano?" (Homilía 24 sobre la Primera Carta a los Corintios, 2).

La esperanza seguirá siempre la más fuerte. La Iglesia, construida sobre la roca de Cristo, tiene las promesas de vida eterna, no porque sus miembros sean más santos que los demás, sino porque Cristo hizo esta promesa a Pedro: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará" (Mt 16,18-19). Con la inquebrantable esperanza de la presencia eterna de Dios en cada una de nuestras almas, con la alegría de saber que Cristo está con nosotros hasta el final de los tiempos, con la fuerza que el Espíritu Santo ofrece a todos aquellos y aquellas que se dejan alcanzar por él, queridos cristianos de París y de Francia, os encomiendo a la acción poderosa del Dios de amor que ha muerto por nosotros en la Cruz y ha resucitado victoriosamente la mañana de Pascua. A todos los hombres de buena voluntad que me escuchan les repito las palabras de San Pablo: Huid del culto de los ídolos, no dejéis de hacer el bien.

Que Dios nuestro Padre os acoja y haga brillar sobre vosotros el esplendor de su gloria. Que el Hijo único de Dios, Maestro y Hermano nuestro, os revele la belleza de su rostro resucitado.
Que el Espíritu Santo os colme de sus dones y os dé la alegría de conocer la paz y la luz de la Santísima Trinidad, ahora y por siempre. Amén.

[Traducción del original en francés distribuida por la Santa Sede. Zenit ha añadido los cambios que el Papa hizo en la lectura del texto.
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


domingo, 6 de julio de 2008

Declaraciones del Cardenal Urosa (Arzobispo de Caracas) sobre la 'iglesia católica reformada'

OFICINA DE INFORMACIÓN ARZOBISPADO DE CARACAS

Declaraciones del Cardenal Urosa

sobre la nueva supuesta 'iglesia católica reformada'


Con respecto a la creación de una supuesta Iglesia nueva que abusivamente se quiere llamar 'Católica Reformada' permítanme expresar aquí mi rechazo a la participación de cualquier católico, y mucho más, de cualquier sacerdote, en esa supuesta nueva 'iglesia católica reformada'.

Jesucristo Nuestro Señor es el único fundador de la Iglesia de Dios, la cual subsiste en la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, es decir, unida en torno al Obispo de Roma, que es el Papa.

Esta nueva agrupación es un grupo heterogéneo formado por disidentes de varias iglesias históricas: hay luteranos, y de otras confesiones cristianas, así como algunos católicos.

Por parte de los fieles católicos, adherirse a esa nueva agrupación disidente es una acción cismática, es decir, de ruptura de la unidad eclesial, que está penada con la excomunión. En el caso de sacerdotes que pretendan presentarse como obispos cristianos a raíz de una inválida ordenación, es una acción vacía e ineficaz, pero agravante del gravísimo pecado de cisma y de escándalo para los fieles.

Especialmente, manifiesto mi rechazo a la vacía e ineficaz pretensión de que alguien ordenado por supuestos obispos anglicanos que tampoco están en comunión con la Iglesia Anglicana, pueda ser llamado o considerado como 'obispo.'

Por otra parte, la aparente finalidad política de esta asociación la desvirtúa como expresión auténtica de la fe cristiana. La auténtica Iglesia de Jesucristo tiene como fin llevar el anuncio y los dones de Cristo al mundo entero, independientemente del asunto político y de la afiliación partidista de los fieles

Pueden ver sus declaraciones de hoy acá.

sábado, 5 de julio de 2008

Para casarse crean su propia secta: historias de la "Iglesia reformada"

Poco a poco se van conociendo las razones de la creación, por parte de unos sacerdotes católicos, de una nueva secta en Venezuela apoyada por el gobierno; además de las razones obvias: obtener ingresos adulando y siendo instrumentos del poder.

Acá la noticia:




Les dejo la pàgina web de dicha secta (aquì) para que podamos hablar un poco de ella, no mucho porque a esta gente mientras menos publicidad mejor.

lunes, 17 de marzo de 2008

Hace 8 años: una herejía católica termina en una masacre

Acá les dejo el artículo de wikipedia.
The Movement for the Restoration of the Ten Commandments of God was a breakaway sect from the Roman Catholic Church founded by Credonia Mwerinde and Joseph Kibweteere in Uganda. It formed in the late 1980s after Mwerinde, a brewer of banana beer, and Kibweteere, a politician, claimed that they had visions of the Virgin Mary. The five primary leaders were Joseph Kibweteere, Joseph Kasapurari, John Kamagara, Dominic Kataribabo, and Credonia Mwerinde. In early 2000, followers of the sect perished in a devastating fire, and a series of poisonings and killings, that were either a cult suicide, or an orchestrated mass murder by sect leaders after their predictions of the apocalypse failed to pass.[1] In their coverage of that event, BBC News and the New York Times referred to the Movement as a Doomsday cult.[2][3]
Beliefs
The Movement for the Restoration of the Ten Commandments of God's goals were to obey the
Ten Commandments and preach the word of Jesus Christ. They taught that to avoid damnation in the apocalypse, one had to strictly follow the Commandments. The emphasis on the Commandments was so strong that the group discouraged talking, for fear of breaking the Eighth Commandment, "Thou shalt not bear false witness against thy neighbor," and on some days communication was only conducted in sign language. Fasts were conducted regularly, and only one meal was eaten on Fridays and Mondays. Sex was forbidden, as was soap.[4]
Movement leaders declared that the apocalypse would occur in the year 2000. The group had a strong emphasis on an apocalyptic end time, highlighted by their booklet A Timely Message from Heaven: The End of the Present Time.[5] New members were required to study it and be trained in its text, reading it as many as six times. They also taught that the Virgin Mary had a special role in the end, and that she also communicated with their leadership. They held themselves akin to Noah's Ark, a ship of righteousness in a sea of depravity.[2]

The Movement developed a hierarchy of visionaries, topped by Mwerinde. Behind them were former priests who served as theologians and explained their messages. Although the group had split from the Catholic Church, had Catholic icons placed prominently and defrocked priests and nuns in its leadership, ties to the Church were only tenuous.[2]

Background
The
recent past of Uganda has been marked with political and social turmoil. The rule of Idi Amin, the AIDS pandemic, and the Ugandan Bush War wreaked havoc across the country.[6][2] People became pessimistic and fatalistic, and the established Roman Catholic Church was backsliding, enveloped in scandals and the faithful were becoming dissatisfied.[2] In this void, many post-Catholic groups formed in the late eighties as a confused and traumatized populace turned to charismatic self-declared messiahs who renounced the authority of the government and the Church.[6] An example of this phenomenon was the Christian resistance group, the Holy Spirit Movement, which fought against the government of Yoweri Museveni.[2] A former member of the sect, Paul Ikazire, would explain his motivation to join the Movement, "We joined the movement as a protest against the Catholic Church. We had good intentions. The church was backsliding, the priests were covered in scandals and the AIDS scourge was taking its toll on the faithful. The world seemed poised to end."[4]

History

Founding
The earliest origins of the movement have been traced back to
Credonia Mwerinde's father Paulo Kashaku. In 1960 he claimed to have had a vision of his deceased daughter Evangelista, who told him that he would have visions of heaven. This prediction passed in 1988, when he saw Jesus Christ, the Virgin Mary, and Saint Joseph. His daughter Credonia also had similar visions and was involved in a Virgin Cult.[7] In 1989 Kashaku instructed her to spread the message across Uganda on the orders of the Virgin Mary. In that year she would meet Joseph Kibweteere and tell him of their communications.

Joseph Kibweteere claimed to have had a vision of the Virgin Mary in 1984. Credonia Mwerinde also had a similar vision in a cavern near Kibweteere's house in Rwashamaire, Uganda.[7] In 1989 the two met and formed the Movement for the Restoration of the Ten Commandments of God, with the mission to spread the Virgin's message about the apocalypse. The group grew rapidly and also attracted several defrocked Catholic priests and nuns who worked as theologians, rationalizing messages from the leadership. Two of the arrivals were the excommunicated priests Paul Ikazire and Dominic Kataribabo.[4]

Middle years
The sect grew in importance with the arrival of Dominic Kataribabo, a respected and popular priest with a
PhD from the United States. In order to obtain more funds for the increasing number of disciples, Kibweteere sold his three other properties, car and milling machines.[7] By the late 1990s, the church had grown into a thriving community, set in pineapple and banana plantations. Members lived communally on land bought by pooling the profits from their property, which they sold when they joined the Movement. Mwerinde claimed to receive messages from the Virgin Mary through a hidden telephone system that communicated through everyday objects.[7] In western Uganda they built houses for recruitment, indoctrination and worship, and a primary school. The year 2000 was settled on as the final, compelling date for the sect's predictions of the apocalypse.

However this time was not uneventful, in 1992 the group was ordered out of Rwashamaire by village elders, and moved to
Kanungu District, where Mwerinde's father offered an extensive property for their use.[7] In 1994, Paul Ikazire left the sect, taking with him approximately seventy members.[4] By 1997, according to a filing with the government, the Movement's membership was listed at nearly 5,000 people. In 1998, the Ugandan press reported that the Movement had been shut down for insanitary conditions, use of child labor, and possibly kidnapping children, but the sect was allowed to reopen by the government.[8]

As the new millennium approached preparations for the end mounted. In 1999, the state owned New Vision newspaper ran an interview with a teenage member. He said, "The world ends next year. There is no time to waste. Some of our leaders talk directly to god. Any minute from now, when the end comes, every believer who will be at an as yet undisclosed spot will be saved."[8]

Apocalypse
With the new year looming, activity by Movement members became frenzied, their leaders urged them to confess their sins in preparation for the end. Clothes and cattle were sold cheaply, past members were re-recruited, and all work in the fields ceased.
January 1, 2000 passed without the advent of the apocalypse, and the Movement began to unravel. Questions were asked of Mwerinde and Kibweteere,[1] and payments to the Church decreased dramatically. Ugandan police believe that some members, who were required to sell their possessions and turn over the money to the Movement, rebelled and demanded the return of their money.[4] It is believed that events that followed were orchestrated by sect leaders in response to the crisis in the ranks.[9]
Another date was immediately predicted, March 17 was the new end of the world, a doomsday that would come "with ceremony, and finality" according to the New York Times. The Movement held a huge party at Kanungu, and roasted three bulls and drank 70 crates of soft drinks.[4] Another party was planned for the eighteenth, which officials believe sect leaders had announced in order to mislead authorities as to their plans.[10] Several days before Movement leader Dominic Kataribabo was seen buying 50 liters of sulfuric acid, which may have fueled the fire. On the seventeenth, group members arrived at their church in Kanangu to pray and sing, minutes later nearby villagers heard an explosion, and the building was gutted in an intense fire that killed all 530 in attendance, including dozens of children. The windows and doors of the building had been boarded up.[1] The five principal cult leaders, Joseph Kibweteere, Joseph Kasapurari, John Kamagara, Dominic Kataribabo, and Credonia Mwerinde, were assumed to have died in the fire.[3] The fire alerted the Ugandan authorities to what had been occurring in the Movement.
Four days after the church fire police investigated Movement properties and discovered hundreds of bodies at sites across southern Uganda.
[9] 6 bodies were discovered sealed in the latrine of the Kanungu compound, as well as 153 bodies at a compound in Buhunage, 155 bodies at Dominic Kataribabo's estate at Rugazi, where they had been poisoned and stabbed, and another 81 bodies at lay leader Joseph Nymurinda's farm.[10] Forensics investigations indicated that they had been murdered weeks before the church inferno.

Aftermath
Other than the individuals that died in the fire,
medical examiners determined that the majority of dead sect members had been poisoned. Early reports had suggested that they had been strangled based on the presence of twisted banana fibers around their necks. After searching all sites, the police concluded that earlier estimates of nearly a thousand dead had been exaggerated, and that the final death toll had settled at 778.[3]

After interviews and an investigation were conducted, the police ruled out a cult suicide, and instead consider it to be a mass murder conducted by Movement leadership. They believe that the failure of the doomsday prophecy led to a revolt in the ranks of the sect, and the leaders set a new date with a plan to eliminate their followers.[1] The discovery of bodies at other sites[9], the fact the church had been boarded up, the presence of incendiaries, and the possible disappearance of sect leaders all point to this theory. Additionally, witnesses said the Movement leadership had never spoken of mass suicide when preparing members for the end of the world.[1]

The Ugandan government responded with condemnation. President Yoweri Museveni has called the event a "mass murder by these priests for monetary gain." Vice president Dr. Speciosa Wandira Kazibwe said, "These were callously, well-orchestrated mass murders perpetrated by a network of diabolic, malevolent criminals masquerading as religious people."[1] Although it was initially assumed that the five leaders died in the fire, police now believe that Joseph Kibweteere and Credonia Mwerinde may still be alive, and have issued an international warrant for their arrest.[3]

References
^
a b c d e f Uganda Survivor Tells of Questions When World Didn't End Ian Fisher New York Times April 3, 2000
^
a b c d e f Quiet cult's doomsday deaths BBC News March 29, 2000
^
a b c d Cult in Uganda Poisoned Many, Police Say New York Times July 28, 2000
^
a b c d e f Uganda Cult's Mystique Finally Turned Deadly Ian Fisher New York Times April 2, 2000
^ Fateful Meeting Led to Founding of Cult in Uganda Henri E. Cauvin New York Times March 27, 2000
^
a b Cults: Why East Africa? BBC News March 20, 2000
^
a b c d e The preacher and the prostitute BBC News March 29, 2000
^
a b A party, prayers, then mass suicide Anna Borzello The Guardian March 20, 2000
^
a b c Evidence Indicates Uganda Cult Held an Eerie Prelude to Fire Henri E. Cauvin New York Times March 26, 2000
^
a b Mass graves found in sect house Anna Borzello The Guardian March 25, 2000

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