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sábado, 19 de noviembre de 2011

¡Felicitaciones a mi gran amigo Silverio por la obtención del ministerio del Lectorado!


Amigo: que este nuevo paso te anime a ser MÁS fiel a Nuestro Señor. Gracias por la amistad, por poder vivir contigo tu vida como seminarista, y por seguir a Dios en tiempos duros para la Iglesia por el relativismo y la indiferencia.

lunes, 31 de octubre de 2011

¿Un cristiano puede tener varios carismas dentro de la Iglesia Católica?

Mi creencia es que si. Porque nos podemos sentir identificados con varias espiritualidades católicas; porque todos ellas son buenas, son queridas por Dios. Y evidentemente tenemos diversos intereses. ¿Cómo no admirar a San Francisco de Asís, a una Santa Teresa de Ávila, a San Josemaría Escrivá, a Don Bosco, a San Ignacio de Loyola y a tantos otros? ¿Cómo no admirar la pobreza del franciscanismo, la actividad misionera ignaciana y su fina pedagogía, la santificación del trabajo del Opus Dei junto a la valoración de lo laico, y la vida contemplativa de los carmelitas y toda espiritualidad monástica?.

Con dolor, muchas veces veo divisiones en nuestra Iglesia. No me refiero a la tradicional división - que algunos resaltan tristemente - entre “ortodoxos y progresistas”, sino entre cada carisma. En algunos casos pareciera que no existen más santos que los fundadores de cada una de las órdenes o institutos, y sin querer se mira con desconfianza a los otros. Se escuchan cosas que ofenden y que no quiero repetir acá (ni en ninguna parte).

No he vivido ni visto alguna situación así (¡Dios me libre!), pero sería terrible que algún miembro con autoridad de una iniciativa apostólica (hospitales, universidades, etc.) llevada a cabo por un carisma específico, alejara a otra persona por pertenecer a otra orden o institución dentro de la Iglesia que está cooperando con dicha iniciativa.

¡Somos una sola Iglesia con un solo Señor: Jesucristo!.

lunes, 17 de octubre de 2011

Mi escaso conocimiento de los “cielinos” o miembros de Comunión y Liberación

Hace un año me topé con la revistas “Huellas” del movimiento eclesiástico: Comunión y Liberación (nacido en 1954, y que ya está presente en casi 70 países y con 50 mil miembros). Fue así como me enteré de su existencia, y de los escritos de su fundador: el sacerdote y teólogo italiano: Luigi Giussani (1922-2005).

Me ha gustado de ellos el ser un movimiento alegre y joven, que posee la gran meta de vivir intensamente la realidad y el mundo al mismo tiempo que lo cristianizan.

CL se describe como "Un movimiento eclesial cuya finalidad es la educación cristiana madura de sus propios seguidores y la colaboración con la misión de la Iglesia en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea."

Don Guissani señaló:

"El acontecimiento cristiano, vivido en la comunión, es el fundamento de la auténtica liberación del hombre".

miércoles, 12 de octubre de 2011

Quiero conocer mejor los “nuevos movimientos eclesiales”

Son los que no conozco o sé de ellos muy poco: “cielinos”, focolares, “kikos”, Comunidad de San Egidio, Schoenstatt; y los que conozco bien: Opus Dei, Legionarios y Carismáticos.

Juan Pablo II valorizó la fuerza evangelizadora de 56 nuevos movimientos en el Congreso Internacional de los Movimientos Eclesiales celebrado en Roma en el día de Pentecostés de 1998; y de estos 56 resaltó a los 7 que he señalado por su "extensión y representatividad universal", y que ahora señalo con sus fundadores:

1) Kiko Argüello, del Camino Neocatecumenal;

2) Chiara Lubich, de los Focolares;

3) Luigi Giussani, de Comunión y Liberación;

4) Patti Mansfield, de la Renovación Carismática Católica;

5) Marcial Maciel, de los Legionarios de Cristo;

6) Andrea Riccardi, de la Comunidad de San Egidio;

7) Joaquín Allende, de Schoenstatt.

Me pregunto: ¿Qué ha pasado con la vitalidad de las grandes órdenes históricas de nuestra Iglesia?. Me refiero a los Jesuitas, Franciscanos, Dominicos, Carmelitas, entre otros.

Observo que las instituciones tradicionales tienen pocas vocaciones; en cambio estos nuevos movimientos señalados al principio, son fuertemente proselitistas y poseen gran número de miembros tanto laicos, consagrados célibes y sacerdotes.

sábado, 8 de mayo de 2010

Karol Wojtyla: Tesis doctoral "La doctrina de la fe según San Juan de la Cruz" (1948). Leyendo la biografía de Juan Pablo II de Weigel (XII)

El padre Garrigou-Lagrange se convirtió en director de la tesis doctoral de Karol Wojtyla, que examinaba la interpretación de la fe de San Juan de la Cruz. (…) Para Wojtyla como para Jan Tyranowski, los escritos del carmelita español trazaban el mapa del terreno de la experiencia mística. (…) La tesis es la tensión entre la especulación teológica de San Juan de la Cruz y la teología eclesiástica de Santo Tomás de Aquino.
En su tesis Wojtyla ponía énfasis en la naturaleza personal del encuentro humano con Dios, en el que los creyentes trascienden de tal modo los límites de su existencia como criaturas, que se tornan más auténticamente ellos mismos. Ese encuentro con el Dios viviente no está reservado tan sólo a los místicos. Es el centro de toda vida cristiana. La experiencia mística revela cosas acerca del camino hacia Dios y la comunión con Él; y que la mayor sabiduría que podemos alcanzar es la de saber que podemos “objetivizar” nuestro conocimiento de Dios, pues no llegamos a conocerle como conocemos un objeto, sino como conocemos a una persona, a través de la entrega mutua de uno mismo. Como dos personas que se aman llegan a vivir una “dentro” de la otra sin perder sus propias y únicas identidades. Dios llega a vivir en nuestro interior y, en cierto sentido, nosotros llegamos a habitar “Dentro de Dios”, sin que las diferencias radicales entre Creador y criatura se hayan perdido. El objetivo de la vida cristiana es convertirse en Dios por participación.
La tesis de Wojtyla extraía otras tres conclusiones:
1) Puesto que Dios no puede ser conocido como conocemos un objeto, existen límites para la racionalidad como aproximación al misterio de Dios. La razón puede saber que Dios existe, pero la razón natural es incapaz de explicarnos todos los atributos de Dios de la Biblia.
2) La fe es un encuentro personal con Dios, pero no nos permite su “aprehensión”, porque sería mayor que Dios. Porque es persona no es objeto.
3) La comunión mística, más que una “subida” emocional, es una experiencia de comunión, de “hallarse con”, que trasciende por completo las convenciones de nuestra existencia como criaturas.
Dada la naturaleza intensamente personal del encuentro con Dios, la persona humana debe disfrutar de libertad, pues a una relación de mutua autoofrenda sólo puede accederse libremente.
(…) El 14 de junio de 1948, aprobó los exámenes doctorales con puntuaciones altas, la tesis obtuvo una puntuación de dieciocho sobre veinte. Pero por no poder pagar la impresión de la tesis no se pudo graduar en la Angelicum, sino en la Facultad de Teología de la Jagelloniana en diciembre de ese año.

(Weigel, George; 1999, Biografía de Juan Pablo II. Testigo de la esperanza, Pp. 127-129).

domingo, 2 de mayo de 2010

El caso del fundador de los Legionarios de Cristo, o como los cristianos podemos ser engañados por nuestros propios pastores

COMENTARIO BLOGUERIL

Al leer en el comunicado de la Santa Sede las palabras: “Sistema de poder”, me genera un gran temor que en los diversos movimientos de la Iglesia se pueda repetir el terrible caso del fundador de los Legionarios de Cristo. Seamos sinceros: el hecho del carisma fundacional nos ciega, el cariño a los fundadores y pastores nos puede alejar de la VERDAD. Es algo terrible, por lo que siempre debemos estar alertas, y concientes de la humanidad de nuestros líderes. No olvidemos jamás este caso, ni tantos otros. No caigamos en la ingenuidad, y muchos menos en el ocultar el pecado por creer que esto protegerá a la Iglesia. El espíritu sectario siempre nos acecha, debemos estar siempre alertas como lo estamos contra todo pecado, porque este es otro pecado, quizás uno de los más graves. Las pocas ocasiones que ha tratado legionarios me han parecido gente muy buena, un poco “acartonadas”, pero muy buenos; no tengo yo por qué establecer su estilo de vestir o tratar a los demás. En todo caso, reitero la idea de que un movimiento de la Iglesia bueno (que santifica a muchos) puede ser fundado por una persona de doble vida nada santa. Parece imposible pero ha pasado. Pero... ¡NUNCA MÁS!.


Comunicado de la Santa Sede sobre los Legionarios de Cristo
Al final de la visita apostólica
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 1 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el comunicado que ha emitido la Santa Sede este sábado sobre los Legionarios de Cristo tras las reuniones mantenidas entre el 30 de abril y el 1 de mayo en el Vaticano por los cinco visitadores apostólicos.

* * *

1. En los días 30 de abril y 1 de mayo, el cardenal secretario de Estado ha presidido en el Vaticano una reunión con los cinco obispos encargados de la visita apostólica a la congregación de los Legionarios de Cristo (monseñor Ricardo Blázquez Pérez, arzobispo de Valladolid: monseñor Charles Chaput, O.F.M.Cap, arzobispo de Denver; monseñor Ricardo Ezzati Andrello, SDB, arzobispo de Concepción; monseñor Giuseppe Versaldi, obispo de Alessandria; monseñor Ricardo Watty Urquidi, M.Sp.S., obispo de Tepic). En ella han participado los prefectos de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y el sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.
Una de las sesiones se ha desarrollado en presencia del Santo Padre, a quien los visitadores han presentado una síntesis de sus relaciones, ya enviadas anteriormente.
Durante la visita, han sido entrevistados personalmente más de mil Legionarios y han sido analizados varios centenares de testimonios escritos. Los visitadores han visitado casi todas las casas religiosas y muchas obras de apostolado dirigidas por la congregación. Han escuchado de palabra o leído por escrito el juicio de muchos obispos diocesanos de los países en los cuales trabaja la congregación. Los visitadores también han hablado con numerosos miembros del Movimiento "Regnum Christi", aunque éste no era objetivo de la visita, en particular hombres y mujeres consagrados. Han recibido también una notable correspondencia por parte de laicos comprometidos y de familiares de miembros del Movimiento.
Los cinco visitadores han dado testimonio de la acogida sincera que se les ha dispensado y el espíritu de colaboración activa mostrado por la congregación y por los diferentes religiosos. Aunque actuaron independientemente, han llegado a una valoración ampliamente convergente y a un juicio compartido. Han atestiguado que han encontrado un gran número de religiosos ejemplares, honestos, llenos de talento, muchos de los cuales jóvenes, que buscan a Cristo con celo auténtico y que ofrecen toda su existencia a la difusión del Reino de Dios.
2. La visita apostólica ha podido comprobar que la conducta del padre Marcial Maciel Degollado ha causado consecuencias serias en la vida y en la estructura de la Legión, hasta el punto de que requiere un camino de profunda revisión.
Los gravísimos y objetivamente inmorales comportamientos del padre Maciel, confirmados por testimonios incontrovertibles, representan, en algunos casos, auténticos delitos y manifiestan una vida sin escrúpulos ni auténtico sentimiento religioso. Esta vida era desconocida para gran parte de los Legionarios, sobre todo por el sistema de relaciones entretejido por el padre Maciel, quien hábilmente había sabido crearse pretextos, ganarse la confianza, amistad y silencio de los que le rodeaban y reforzar su propio papel de fundador carismático.
En ocasiones, un lamentable descrédito y alejamiento de cuantos dudaban de su recto comportamiento, así como la errada convicción de no querer dañar el bien que la Legión estaba realizando, habían creado a su alrededor un mecanismo de defensa que le permitió ser inatacable durante mucho tiempo, haciendo que, por consiguiente, fuera muy difícil conocer su verdadera vida.
3. El celo sincero de la mayoría de los Legionarios, que ha emergido también en las visitas a las casas de la congregación y a muchas de sus obras, apreciadas por numerosas personas, ha llevado a muchos en el pasado a retener que las acusaciones, que iban siendo cada vez más insistentes y se iban multiplicando, no podían ser más que calumnias.
Por lo tanto, el descubrimiento y el conocimiento de la verdad acerca de su fundador ha provocado en los miembros de la Legión una sorpresa, desconcierto y profundo dolor, que los visitadores han evidenciado de diferentes maneras.
4. De los resultados de la visita apostólica han surgido con claridad estos elementos entre otros:
a) La necesidad de redefinir el carisma de la congregación de los Legionarios de Cristo, preservando el núcleo verdadero, el de la "militia Christi", que caracteriza la acción apostólica y misionera de la Iglesia y que no se identifica con la eficiencia a toda costa;
b) La necesidad de revisar el ejercicio de la autoridad, que debe estar unida a la verdad, para respetar la conciencia y desarrollarse a la luz del Evangelio como auténtico servicio eclesial;
c) La necesidad de preservar el entusiasmo de la fe de los jóvenes, el celo misionero, el dinamismo apostólico, por medio de una adecuada formación. De hecho, la desilusión sobre el fundador podría cuestionar la vocación y ese núcleo de carisma que pertenece a los Legionarios de Cristo y es propio de ellos.
5. El Santo Padre quiere asegurar a todos los Legionarios de Cristo y a los miembros del "Regnum Christi" que no se quedarán solos: la Iglesia tiene la firme voluntad de acompañarles y de ayudarles en el camino de purificación que les espera. Éste comportará también un encuentro sincero con cuantos, dentro y fuera de la Legión, han sido víctimas de los abusos sexuales y del sistema de poder aplicado por el fundador: a ellos se dirige en este momento el pensamiento y la oración del Santo Padre, junto con la gratitud hacia quienes, a pesar de grandes dificultades, han tenido la valentía y la constancia para exigir la verdad.
6. El Santo Padre, agradeciendo a los visitadores por el delicado trabajo que han desarrollado con competencia, generosidad y profunda sensibilidad pastoral, se ha reservado la facultad para indicar próximamente las modalidades de este acompañamiento, comenzando por el nombramiento de su delegado y de una comisión de estudio de las constituciones.
A los miembros consagrados del Movimiento "Regnum Christi", que lo han pedido con insistencia, el Santo Padre enviará un visitador.
7. Por último, el Papa renueva a todos los Legionarios de Cristo, a sus familias, a los laicos comprometidos en el Movimiento "Regnum Christi", su aliento en este momento difícil para la congregación y para cada uno de ellos. Les exhorta a no perder de vista que su vocación, surgida del llamamiento de Cristo y animada por el ideal de testimoniar al mundo su amor, es un auténtico don de Dios, una riqueza para la Iglesia, el fundamento indestructible sobre el cual construir el futuro personal y el de la Legión.
[Traducción del original italiano realizada por ZENIT]

sábado, 27 de marzo de 2010

Un documento para la historia de la Iglesia: Legionarios de Cristo aceptan los terribles pecados de su fundador

Permalink: http://www.zenit.org/article-34795?l=spanish
Comunicado sobre la situación de la Legión de Cristo y del Regnum Christi
Emitido por el Consejo General y los directores territoriales de la congregación
ROMA, viernes, 26 de marzo de 2010 (
ZENIT.org).- Publicamos el comunicado sobre las presentes circunstancias de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi, que han emitido el Consejo General y los directores territoriales de la congregación religiosa el 25 de marzo al final de su reunión anual celebrada en Roma.

* * *
25 de marzo de 2010
Solemnidad de la Anunciación del Señor
Introducción
Con ocasión de la reunión anual de los directores territoriales con el director general y su consejo, queremos dirigirnos a nuestros hermanos legionarios de Cristo, a los consagrados y a los miembros del Movimiento Regnum Christi, familiares y amigos que nos acompañan en este momento de nuestra historia, así como a todos aquellos que han sido afectados, heridos o escandalizados por las acciones reprobables de nuestro fundador, el P. Marcial Maciel Degollado, L.C.
Nos ha llevado tiempo asimilar estos hechos de su vida. Para muchos -sobre todo para las víctimas- este tiempo ha sido demasiado largo y doloroso.
En ocasiones no hemos podido o sabido salir al paso de todos como hubiera sido necesario y como, de hecho, era nuestro deseo. Por eso sentimos la necesidad de emitir este comunicado.
Acerca de algunos hechos de la vida de nuestro fundador, el P. Marcial Maciel, L.C. (1920-2008)
Habíamos pensado y esperado que las acusaciones presentadas contra nuestro fundador fuesen falsas e infundadas, pues no correspondían a la experiencia que teníamos de su persona y de su obra. Sin embargo, el 19 de mayo de 2006 fue emitida una comunicación de la Sala de Prensa de la Santa Sede como conclusión de la investigación canónica que la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) había iniciado en el año 2004. En ese entonces, la CDF llegó a una certeza moral suficiente para imponer sanciones canónicas graves, correspondientes a las acusaciones hechas en contra del P. Maciel, entre las cuales se incluían actos de abuso sexual a seminaristas menores. Por lo tanto, profundamente consternados, debemos decir que estos hechos sucedieron.
En efecto, «la Congregación para la Doctrina de la Fe, [...] decidió -teniendo en cuenta tanto la edad avanzada del padre Maciel, como su delicada salud- renunciar a un proceso canónico e invitar al padre a una vida reservada de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público. El Santo Padre aprobó estas decisiones» (Comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede, 19 de mayo de 2006).
Posteriormente, supimos que había tenido una hija en el contexto de una relación prolongada y estable con una mujer y otras conductas graves. Más adelante aparecieron otras dos personas, hermanos entre sí, que afirman ser hijos suyos, fruto de la relación con otra mujer.
Reprobamos estos y todos los actos contrarios a los deberes de cristiano, religioso y sacerdote en la vida del P. Maciel, y afirmamos que no corresponden a lo que nos esforzamos por vivir en la Legión de Cristo y en el Movimiento Regnum Christi.
La Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi ante estos hechos
Expresamos, una vez más, nuestro dolor y pesar a todas y cada una de las personas que hayan sido dañadas por las acciones de nuestro fundador.
Participamos del sufrimiento que este escándalo ha causado a la Iglesia y nos aflige y apena profundamente.
Queremos pedir perdón a todas aquellas personas que lo acusaron en el pasado y a quienes no se dio crédito o no se supo escuchar, pues en su momento no podíamos imaginarnos estos comportamientos. Si resultase que ha habido alguna colaboración culpable, actuaremos según los principios de la justicia y caridad cristianas, responsabilizando de sus hechos a estas personas.
Asimismo, pedimos perdón a nuestros familiares, amigos, bienhechores y a todas las personas de buena voluntad que hayan sentido que su confianza ha sido herida.
Por otra parte, como miembros del cuerpo místico de Cristo sentimos la necesidad de expiar con espíritu cristiano sus faltas y el escándalo por ellas causado. Para ello, invitamos a quienes forman parte de nuestra familia religiosa a intensificar su oración y sacrificio.
Es también nuestro deber cristiano y sacerdotal seguir saliendo al paso de las personas que han sido afectadas de algún modo. A ellos va nuestra mayor solicitud y les seguimos ofreciendo la ayuda espiritual y pastoral que necesiten. Así, buscamos contribuir a la necesaria reconciliación cristiana. Al mismo tiempo, somos conscientes de que Jesucristo es el único capaz de sanar definitivamente y de «hacer nuevas todas las cosas» (cf. Ap 21, 5).
Dios, en sus misteriosos designios, eligió al P. Maciel como instrumento para fundar la Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi, y agradecemos a Dios el bien que realizó. A la vez, aceptamos con dolor que, ante la gravedad de sus faltas, no podemos mirar su persona como modelo de vida cristiana o sacerdotal.
Inspirándonos en el ejemplo de Cristo que condena el pecado pero busca salvar al pecador, y convencidos del significado y la belleza del perdón, encomendamos a nuestro fundador al amor misericordioso de Dios.
La Visita Apostólica
Deseamos expresar nuestra gratitud al Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, no sólo por renovarnos «su solidaridad y su plegaria en estos momentos delicados» (cf. Carta del Cardenal Tarcisio Bertone, SDB, al P. Álvaro Corcuera, 10 de marzo de 2009), sino también por habernos ofrecido el instrumento de la Visita Apostólica para ayudarnos a «superar las dificultades existentes» (ibid.). Así, esperamos dar los pasos necesarios para consolidar los fundamentos, la formación y la vida cotidiana de los legionarios de Cristo y de los miembros del Movimiento Regnum Christi.
Agradecemos a los cinco visitadores apostólicos, Mons. Ricardo Blázquez, Mons. Charles J. Chaput, OFM Cap., Mons. Ricardo Ezzatti, SDB, Mons. Giuseppe Versaldi y Mons. Ricardo Watty, MSSp, todo el trabajo que han realizado con tanta entrega y solicitud paternas.
Acogeremos con obediencia filial las indicaciones y recomendaciones del Santo Padre que resulten de la Visita Apostólica y nos comprometemos a ponerlas en práctica.
Hacia el futuro
Desde el Capítulo General celebrado en enero de 2005, cuando fue elegido el P. Álvaro Corcuera, L.C. como director general, hemos procurado guiar la Legión de Cristo y el Regnum Christi manteniéndonos fieles a todo lo que hemos recibido de Dios y ha sido aprobado por la Iglesia. Reconocemos con humilde gratitud las bendiciones y frutos que el Señor nos ha concedido hasta ahora y asumimos la responsabilidad de profundizar en la comprensión de nuestra historia, carisma y espiritualidad.
Afrontamos el futuro con esperanza, seguros de que nuestras vidas se apoyan únicamente en Dios. Confiamos plenamente en Él y en la omnipotencia de su amor que, como dice san Pablo, «hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman» (Rm 8, 28). Sabemos que en este camino contaremos con la asistencia del Espíritu Santo y con la guía materna de la Iglesia.
Nuestro objetivo, como individuos y como institución, es amar a Cristo, vivir su Evangelio y extender por el mundo su Reino de paz y de amor. Somos conscientes de que, para lograr esto, necesitamos una constante renovación, personal y comunitaria, en fidelidad a la tradición de la vida consagrada, con el fin de servir mejor a la Iglesia y a la sociedad. Este último periodo nos ha ayudado a reflexionar sobre nuestra identidad y misión y, al mismo tiempo, nos ha impulsado a revisar, con humildad y sencillez, diversos aspectos de nuestra vida institucional.
Estamos decididos, entre otras cosas, a:
--seguir buscando la reconciliación y el encuentro con quienes han sufrido,
--hacer la verdad sobre nuestra historia,
--continuar ofreciendo seguridad, sobre todo para menores de edad, en nuestras instituciones y actividades, tanto en ambientes como en procedimientos,
--crecer en un espíritu de servicio desinteresado a la Iglesia y a las personas,
--colaborar mejor con todos los pastores y con otras instituciones dentro de la Iglesia,
--mejorar nuestra comunicación,
--seguir velando por la aplicación de los controles y procedimientos administrativos a todos los niveles y seguir actuando un adecuado rendimiento de cuentas,
--redoblar nuestro empeño en la misión de ofrecer el Evangelio de Jesucristo al mayor número posible de hombres,
--y, sobre todo, buscar la santidad de vida con renovado esfuerzo de la mano de la Iglesia.
Conclusión
No podemos terminar este comunicado sin agradecer a los miles de legionarios, consagrados, consagradas y todos los miembros del Regnum Christi que con profunda generosidad han entregado y entregan sus vidas a Dios en el servicio de la Iglesia y de la sociedad, así como a aquellos que colaboran en los centros y obras de apostolado. Gracias a ellos y a su labor, podemos decir que Jesucristo es hoy más conocido y amado en este mundo. Asimismo, expresamos nuestra gratitud a cada una de las personas que, en todo momento, nos han sostenido con su fe, sus oraciones y su sufrimiento, unido al de Cristo.
Firmamos este comunicado hoy, día 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. Que Él nos conceda, por intercesión de su Madre, la Santísima Virgen María, la gracia de profundizar en el misterio del Amor de Dios hecho hombre y de vivirlo y transmitirlo con renovado fervor.
P. Álvaro Corcuera, L.C., director general
P. Luis Garza, L.C., vicario general
P. Francisco Mateos, L.C., consejero general
P. Michael Ryan, L.C., consejero general
P. Joseph Burtka, L.C., consejero general
P. Evaristo Sada, L.C., secretario general
P. José Cárdenas, L.C., director territorial de Chile y Argentina
P. José Manuel Otaolaurruchi, L.C., director territorial de Venezuela y Colombia
P. Manuel Aromir, L.C., director territorial de Brasil
P. Rodolfo Mayagoitia, L.C., director territorial de México y Centroamérica
P. Leonardo Núñez, L.C., director territorial de Monterrey
P. Scott Reilly, L.C., director territorial de Atlanta
P. Julio Martí, L.C., director territorial de Nueva York
P. Jesús María Delgado, L.C., director territorial de España
P. Jacobo Muñoz, L.C., director territorial de Francia e Irlanda
P. Sylvester Heereman, L.C., director territorial de Alemania y centro Europa

martes, 16 de marzo de 2010

Influencias en la juventud de Karol Wojtyla: Jan Tyranoswski. Leyendo la biografía de Juan Pablo II de Weigel (VIII)

Jan Tyranoswski un sastre laico que había hecho voto de castidad, y vivía según un programa diario de oración y meditación; Karol lo conoció en una reunión de la parroquia de San Estanislao de Kostka en Debniki llevada por los padres salesianos, que luego debió ser dejada la formación en manos de Tyranoswski debido a las redadas en 1941 de la Gestapo. Así nació el Rosario Viviente, grupo que se reunía cada tercer domingo de mes en pleno; y que buscaba la dirección espiritual de hombres jóvenes. La práctica de la presencia de Dios, debería conducir a una vida de intenso servicio a los demás. Los miembros se comprometían a una vida de intensa oración y ayuda mutua en todas las circunstancias vitales. Tyranowski representaba una única combinación laica de santidad personal y fervor apostólico. (…) Introdujo a Karol en las enseñanzas de San Juan de la Cruz. En medio de la locura de la ocupación, la imitación de Cristo a través del complejo despojarse de toda seguridad mundana para rendirse a la misericordiosa voluntad de Dios haría mella en la imaginación de Karol Wojtyla. Con el tiempo se convertiría en la característica más distintiva de su propia condición de discípulo. (Weigel, George; 1999, Biografía de Juan Pablo II. Testigo de la esperanza, Pp. 93-97).
El personaje de Tyranowski me ha inspirado desde que supe de su existencia, por sentirme identificado con su espiritualidad solitaria como la mía. La que he llevado desde los noventa. Sólo depende de mi voluntad, no de exigencias de un grupo religioso. Me preocupa cierta soledad en este camino, sólo contigo y algunos curas y la misa semanal. Sólo mis lecturas y la vida de piedad, y este constante hablar contigo me mantiene en un camino que sólo Tú y más nadie me puede señalar las metas y adaptaciones. Señor, ayúdame a mejorar, y a ser santo sin tener grupo. Pienso en esta frase Señor “la imitación de Cristo a través del complejo despojarse de toda seguridad mundana para rendirse a la misericordiosa voluntad de Dios”, cuánta verdad en la realidad que vivo en este país que parece ocupado por unos locos tal como lo estuvo Polonia. Donde la muerte es un peligro permanente con los altos niveles de inseguridad. Estamos en tus manos Señor, concédenos Tu gracia y Amor.

martes, 1 de septiembre de 2009

El testimonio de Juan Pablo II sobre el inicio de la II Guerra Mundial

El excelente blog de Ljudmila Hribar sobre nuestro querido Papa: el siervo de Dios Juan Pablo II, nos permite leer sus impresiones sobre el inicio de la IIGM. Acá lo transcribimos.

1ro de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia por el norte.
Juan Pablo II recuerda esos dias en Don y Misterio de esta manera:“Aquel 1 de septiembre de 1939 no se borrará nunca de mi recuerdo: era el primer viernes de mes. Había ido a Wawel para confesarme. La catedral estaba vacía. Fue, quizás, la última vez que pude entrar libremente en el templo. Después fue cerrado. El castillo real de Wawel se convirtió en la sede del Gobernador General Hans Frank. El P. Figlewicz era el único sacerdote que podía celebrar la Santa Misa, dos veces por semana, en la catedral cerrada y bajo la vigilancia de policías alemanes…..La maduración definitiva de mi vocación sacerdotal.. tuvo lugar en el período de la segunda guerra mundial, durante la ocupación nazi. ¿Fue una simple coincidencia temporal? o ¿había un nexo más profundo entre lo que maduraba dentro de mí y el contexto histórico? Es difícil responder a tal pregunta. Es cierto que en los planes de Dios nada es casual. Lo que puedo afirmar es que la tragedia de la guerra dio un tinte particular al proceso de maduración de mi opción de vida. Me ayudó a percibir desde una nueva perspectiva el valor y la importancia de la vocación. Ante la difusión del mal y las atrocidades de la guerra era cada vez más claro para mí el sentido del sacerdocio y de su misión en el mundo…..El estallido de la guerra me alejó de los estudios y del ambiente universitario. En aquel período perdí a mí padre, la última persona que me quedaba de los familiares más íntimos. También esto suponía, objetivamente, un proceso de alejamiento de mis proyectos precedentes; en cierto modo era como desarraigarse del suelo en el cual hasta ese momento había crecido mi humanidad.Pero no se trataba de un proceso únicamente negativo. En efecto, en mi conciencia contemporáneamente se manifestaba cada vez más una luz: el Señor quiere que yo sea sacerdote. Un día lo percibí con mucha claridad: era como una iluminación interior que traía consigo la alegría y la seguridad de una nueva vocación. Y esta conciencia me llenó de gran paz interior….Esto ocurría durante los terribles acontecimientos que iban desarrollándose a mi alrededor en Cracovia, en Polonia, en Europa y en el mundo”.
Se habia desatado la II Guerra Mundial, la guerra que los polacos llamaron la guerra que perdieron dos veces…seis millones de muertos de entre una población de 35 millones, un 18% de la población… “liberados” de los alemanes por los rusos en 1945 fueron después sometidos al yugo del comunismo durante largas decadas…

sábado, 25 de julio de 2009

Carta Pastoral en el aniversario del primer Cursillo de Cristiandad

CARACAS, jueves, 23 julio 2009 (ZENIT.org).-Los obispos de Venezuela, con ocasión de los 50 años del primer Cursillo de Cristiandad en el país, que se cumplirán el próximo 20 de agosto, se han dirigido, con un mensaje pastoral, de fecha 10 de julio, a los miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y a toda la Iglesia.En abril de 1959 llegó a Venezuela el padre Cesáreo Gil, perteneciente a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Dado que había trabajado en España en los Cursillos de Cristiandad, propuso a los obispos venezolanos iniciar la experiencia en el país.

Con la esperanza de que hicieran tanto bien como en otras partes, los obispos dieron su anuencia. El 20 de agosto, en el Colegio La Salle de La Colina, se inició el primer Cursillo de Cristiandad en Venezuela.La expresión de uno de los Hermanos de La Salle que fue testigo de aquel primer Cursillo, al constatar la intensa vivencia de fe que tenían los asistentes a él, fue una verdadera premonición: "Aquí está empezando algo muy grande".
Durante las exequias del padre Cesáreo Gil, el cardenal Rosalio Castillo Lara, expresó que desde la llegada de los Cursillos de Cristiandad, "el rostro del laicado en Venezuela fue un rostro absolutamente nuevo". "Con esto estaba afirmando -señala la carta pastoral- que los Cursillos habían servido para hacer de los laicos venezolanos, hombres y mujeres más activos en la construcción del Reino de Dios en nuestra sociedad, convirtiéndose, así, en apóstoles de Jesucristo en la realidad cotidiana". La carta asegura que "quienes asisten a un Cursillo de Cristiandad han tenido una profunda experiencia de fe, de conversión y de apostolado. Mediante el método que los caracteriza, mantienen al laico en tensión de espiritualidad, de formación cristiana y de apostolado". "Es imposible hacer un balance de la lluvia de Gracia que ha sido derramada sobre esa ingente cantidad de personas", afirma la carta. Por otro lado, "en el empeño por ser mejor instrumento en las manos del Señor, los Cursillos de Cristiandad han estado en un lugar preponderante en orden a su propia actualización... Han procurado facilitar la formación de los laicos, a través de su Editorial Trípode, primera y única de un movimiento apostólico en Venezuela". Por si fuera poco, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Venezuela ha colaborado con la fundación del Movimiento en otros países de América y ha ayudado a la formación de sus integrantes mediante Cursillos de Dirigentes y otras actividades.
El carisma de los Cursillos de Cristiandad se resume según la carta "en los aspectos principales descritos en los dos objetivos que persigue: el inmediato, es decir, la conversión de la persona; y el último, esto es, la fermentación evangélica de los ambientes, es definitivamente actual". Después de sesenta años de haber surgido en el mundo y de cincuenta en Venezuela, asegura la carta "tiene plena vigencia".
Por ello este aniversario "además de hacer surgir una sentida acción de gracias en todos los miembros de la Iglesia de nuestra nación, debe provocar indefectiblemente en los responsables principales y en todos los cursillistas en general, un profundo compromiso para que el Movimiento siga haciendo el bien que el Señor quiere a través de él en Venezuela".Sugiere que "el Movimiento de Cursillos de Cristiandad debe discernir, en el respeto reverencial al carisma original que merece toda inspiración suya, lo que ese mismo Espíritu quiere hoy de él". "Deben dejarse iluminar para poder discernir correctamente de qué modo pueden lograr lo que el Espíritu quiere de ellos en estos momentos de vida del país.
De esta manera, también los Cursillos serán siempre jóvenes. Esto está en línea de perfecta congruencia con lo que pedía el recordado Juan Pablo II al hablar de la nueva evangelización, que debía ser ‘nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión'", añade.Constata que "hoy nuestro país adolece de más hombres y mujeres que asuman con seriedad su fe. Por ello se necesita la valentía de aquellos que ya la viven responsablemente, en este caso concreto, de aquellos que ya han pasado por un Cursillo de Cristiandad".
De esta manera, añade, "Venezuela vivirá efectivamente la recristianización que tanto necesita y se recuperará la vivencia de los valores y principios humanos y cristianos que se han ido difuminando"."En nuestros días es más que insoslayable esta tarea de los laicos de nuestra Iglesia", afirma. El Movimiento de Cursillos de Cristiandad, según los obispos venezolanos, "está llamado en las actuales circunstancias a realizar valientemente una apertura pastoral a las situaciones concretas que se viven en el país. Particularmente, invitamos a los miembros del Movimiento a afrontar la situación actual de la familia, fijando su atención en aquellos hogares que se encuentran en dificultades de variada índole".Recuerdan las palabras de XVI dirigidas a la Iglesia en Venezuela: "Hace falta un laicado maduro, que dé testimonio fiel de su fe y sienta el gozo de su pertenencia al Cuerpo de Cristo, al que debe ofrecerse, entre otras cosas, un adecuado conocimiento de la doctrina social de la Iglesia". Concluyen su carta reafirmando la necesidad de que "el Movimiento mantenga su perfil de exigencia en este momento de tanta necesidad del testimonio de los cristianos que vive nuestro país".Por Nieves San Martín

viernes, 10 de julio de 2009

Extractos de la serie "Teresa de Jesús" (de RTVE)

Al querer expandir la reforma carmelita, Santa Teresa se lo propone a San Juan de la Cruz (ambos se consideran "bichos raros" por querer mejorar la orden), y esta la dice:
"Reformar la orden desde dentro, porque huir es de cobardes, como si quisiera salvarse solo."

Sobre los deseos de fundar conventos:


"Dentro de mí hay un campo de batalla, no me canso de estar sola; pero una fuerza mayor me obliga a echarme a los caminos."

"Yo siempre ha valorado más la virtud que el linaje."
Imagen: celda de la santa.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Por qué el Sagrado Corazón de Jesús? (Extractos de la homilía de Benedicto XVI)

En la antífona del Magníficat dentro de poco cantaremos: "El Señor nos ha acogido en su corazón"- "Suscepit nos Dominus in sinum et cor suum". En el Antiguo Testamento se habla 26 veces del corazón de Dios, considerado como el órgano de su voluntad: en referencia al corazón de Dios, el hombre es juzgado. A causa del dolor que su corazón siente por los pecados del hombre, Dios decide el diluvio, pero después se conmueve ante la debilidad humana y perdona. Luego hay un pasaje del Antiguo Testamento en el que el tema del corazón de Dios se expresa de manera totalmente clara: se encuentra en el capítulo 11 del libro del profeta Oseas, donde los primeros versículos describen la dimensión del amor con el que el Señor se dirige a Israel en la aurora de su historia: "Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo" (v. 1). En realidad, a la incansable predilección divina, Israel responde con indiferencia e incluso con ingratitud. "Cuanto más los llamaba --constata el Señor--, más se alejaban de mí" (v. 2). Sin embargo, Él no abandona Israel en las manos de los enemigos, pues "mi corazón -dice el Creador del universo-- está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas" (v. 8).

(Benedicto XVI, Homilía al inaugurar el Año Sacerdotal durante las vísperas de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 19-VI-2009).

En casa de mi abuela existía un cuadro grande del Sagrado Corazón muy parecido al de la imagen que publiqué acá, y mi madre siempre tuvo uno pequeño, y en todo templo católico existe uno. En mi vida su presencia ha sido permanente, por tando mi devoción.

martes, 16 de junio de 2009

Mi amiga misionera: Hermana marianita Luz Stella Novoa

No recuerdo bien el año, creo que fue en 1986 cuando conocí a Luz Stella Novoa. En ese entonces, era maestra de química en un colegio religioso, y vivía en un anexo de "la casa" de mi abuela. Ella es de esas personas que transpiran santidad; porque siempre estaba dispuesta a ayudar y, Dios no dejaba de estar en sus palabras y acciones.
Les dejo el escrito que habla de su viaje en misión, que tomé de acá; y les ruego oraciones para que tenga mucho éxito apostólico y que Dios la libre de todos los males en esas regiones tan peligrosas.

Un sueño misionero hecho realidad
La hermana Marianita Luz Stella Novoa irá a Etiopía este 10 de noviembre, a cumplir su sueño de ser misionera en el África. Con 60 años, Luz Stella, viajará dos días con una sola parada en Frankfurt para llegar al hogar que la acogerá por los próximos 5 años en Adis Ababa (Flor Nueva), lugar al que siente pertenencia absoluta. Luz Stella, nació en Bogotá, Colombia el 25 de agosto de 1948. Sus padres Don Víctor Manuel Novoa (+) y doña María Esther Salguero, formaron su familia con 9 hijos(7 mujeres y dos varones). A pesar de tanta alegría, Luz Stella, siente tristeza por su familia y sobre todo por su madre de 90 años, a quien no podrá ver en mucho tiempo por la distancia geográfica y por la falta de comunicación en África.
Su estadía en Ecuador ha sido de un año sirviendo en el Santuario de la Beata Mercedes de Jesús Molina (primera misionera del Ecuador) ubicado en Riobamba. Antes, en Colombia, trabajó como profesora de las cátedras de Química, Biología e Inglés en varios colegios, experiencia que le permitió vincularse con la Pastoral Educativa de la Diócesis de Riobamba.
Luz Stella, había hecho el intento de viajar y hacer misión en África en una oportunidad anterior, pero sin resultados positivos. No hace mucho, cuando su Provincial pidió en una oración “porque hayan hermanas que quieran ir al continente africano”, sintió que el corazón le ardía y que era la oportunidad para hacer su sueño realidad. Presentó su solicitud a la Madre General y al Consejo de su Congregación, quienes a finales de junio de este año le dieron la buena noticia. Frente a este nuevo escenario pudo conversar con su Madre Provincial, sobre aspectos y condiciones de vida con los que se toparía, pero nada detiene su inquietud misionera.
Luz Stella estuvo en la Eucaristía de Clausura del Tercer Congreso Americano Misionero CAM3-comla8 el pasado 17 de agosto, para recibir el envío misionero al igual que otros misioneros y misioneras que anhelan llevar por el mundo el amor y el mensaje de salvación.
Su relación con el CAM3-comla8Cuenta la hermana Luz Stella que fue su Madre General, María Lucy Villa Carvajal, quien le envío un oficio con un Instrumento de Trabajo del CAM3 para que fuera traducido al inglés como un aporte de la Comunidad hacia el Congreso del pasado mes de agosto. Empezó a traducir el Instrumento y al poco tiempo colaboró con las traducciones de los contenidos publicados en la página web. Así, desde el 21 de septiembre de 2007 hasta la presente fecha, ha contribuido con este gran proyecto misionero.
“La mejor preparación es la que te da la vida”A pesar de que no ha tenido oportunidad de realizar cursos o formación en misionología, Luz Stella, cuenta con todo el enriquecimiento que el Tercer Congreso Americano Misionero CAM3-comla8 le otorgara antes y durante el evento. También, han sido de mucha ayuda los testimonios que sus hermanas de comunidad le han compartido sobre la vida, las costumbres y la cotidianidad de los etíopes.

El Señor nunca nos pide algo sin darnos las herramientas“Siempre me pongo en el corazón de Dios”, asegura, pues el me muestra el camino y el amor cada día, esa fuerza me impulsa para trabajar por un grupo de personas que siempre están ávidos de ayuda, solidaridad, trabajo, educación, palabras de aliento y de bondad…
Luz Stella Novoa, no se va sola, irá acompañada de dos hermanas de su misma comunidad, Matilde Rivera que ha vivido 9 años en Etiopía y Ruth Inés, de origen peruano que ha vivido más de 10 años en África Occidental (Guinea) juntas irán a llevar por esa parte del mundo, el amor de Dios y su mensaje de salvación hasta que se les agote sus días.


sábado, 13 de junio de 2009

La mejor película sobre San Antonio, en conmemoración del día de este gran santo que quiero tanto

En mi opinión. La historia perfecta, las actuaciones convincentes, la fotografìa y mùsica conmovedora. El final: esperanzador. Inspira a la imitaciòn, y a los anhelos de seguimiento de nuestro Señor.





















lunes, 18 de mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa: La paz es fruto de la unidad sincera con Dios

El justo orden de las relaciones sociales presupone y exige el respeto por la libertad y la dignidad de todo ser humano, que cristianos, musulmanes y judíos creen igualmente creado por un Dios amoroso y destinado a la vida eterna. Cuando la dimensión religiosa de la persona humana es negada o marginada, se pone en peligro el fundamento mismo de una correcta comprensión de los derechos humanos inalienables.

En unión con todos los hombres de buena voluntad, suplico a cuantos están investidos de responsabilidad que exploren toda vía posible para la búsqueda de una solución justa a las enormes dificultades, para que ambos pueblos puedan vivir en paz en una patria que sea la suya, dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas. Al respecto, espero y rezo para que pronto se pueda crear un clima de mayor confianza, que haga a las partes capaces de realizar progresos reales en el camino hacia la paz y la estabilidad.

(Benedicto XVI, “Discurso del Papa a su llegada al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv”, 11-V-2009).

A los líderes religiosos hoy presentes quisiera decirles que la contribución particular de las religiones en la búsqueda de la paz se funda primariamente sobre la búsqueda apasionada y concorde de Dios. Nuestra es la tarea de proclamar y testimoniar que el Omnipotente está presente y se puede conocer aun cuando aparece escondido a nuestra vista, que Él actúa en nuestro mundo para nuestro bien, y que el futuro de la sociedad está marcado por la esperanza cuando vibra en armonía con el orden divino. (…) Por tanto, los líderes religiosos deben ser conscientes de que cualquier división o tensión, toda tendencia a la introversión o a la sospecha entre los creyentes o entre nuestras comunidades puede fácilmente conducir a una contradicción que oscurece la unicidad del Omnipotente, traiciona nuestra unidad y contradice al Único que se revela a sí mismo como "rico en amor y fidelidad" (Éxodo 34, 6; Salmo 138,2; Salmo 85, 11). (…) Gentiles señoras y señores, una seguridad duradera es cuestión de confianza, alimentada en la justicia y en la integridad, fraguada por la conversión de los corazones que nos obliga a mirar al otro a los ojos y que sabe reconocer al "Tu" como un igual a mí, un hermano, una hermana. De esta forma ¿no se convertiría quizás la misma sociedad en "un jardín colmado de frutos" (cfr Isaías 32,15), que no esté marcado por bloqueos y obstrucciones sino por la cohesión y la armonía? ¿No podría convertirse en una comunidad de nobles aspiraciones, donde a todos con agrado se les da acceso a la educación, a la vivienda familiar, a la posibilidad de empleo, una sociedad dispuesta a edificar sobre los fundamentos duraderos de la esperanza?

(Benedicto XVI, “Discurso sobre la paz ante el presidente de Israel Shimon Peres”, 11-V-2009).

domingo, 17 de mayo de 2009

¿Cuándo comenzó la devoción a la Madre de Jesús entre los cristianos?

La devoción a la Virgen en la Iglesia Primitiva
Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra desde los albores del cristianismo.
primeroscristianos.com

En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo. Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: "Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas".
De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María.
Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía. Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando.
Una magnífica muestra del culto mariano es la oración "Sub tuum praesidium" (Bajo tu amparo nos acogemos) que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.
Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: "¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!".
La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la " Madre de todas las vírgenes" es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que "María es templo de Dios y no es el Dios del templo" , para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.
Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.
En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año 225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente "Memoria de la Madre de Dios", "Fiesta de la Santísima Virgen", o "Fiesta de la gloriosa Madre".
El testimonio de los padres de la Iglesia
El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen. Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.
En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María. En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica. Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y constante teología mariana de los Padres.
San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.
En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.
En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium, que -como hemos dicho anteriormente- es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.
A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad -San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María. La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Éfeso del año 431.
Las prerrogativas o privilegios marianos
La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de "privilegios" marianos.
Se trata de unos "privilegios" que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal. Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.
San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxilio de los cristianos.
En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos -siempre virgen-, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.
Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.
Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen.
Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Éfeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de "toda santa" -panaguía-. En el Akathistos se canta "el Señor te hizo toda santa y gloriosa" (canto 23).
A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas.
Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.

lunes, 11 de mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa: diálogo entre cristianos y musulmanes

Debemos preocuparnos por el hecho de que hoy, con insistencia cada vez mayor, algunos consideran que la religión ha fracasado en su aspiración de ser, por su misma naturaleza, constructora de unidad y de armonía, una expresión de comunión entre personas y con Dios. De hecho, algunos afirman que la religión es necesariamente una causa de división en nuestro mundo; y por este motivo afirman que lo mejor es prestar la menor atención posible a la religión en la esfera pública. Por desgracia, no se pueden negar las tensiones y divisiones entre seguidores de diferentes tradiciones religiosas. Sin embargo, ¿acaso no sucede con frecuencia que la manipulación ideológica de las religiones, en ocasiones con objetivos políticos, se convierte en el auténtico catalizador de las tensiones y divisiones y con frecuencia también de la violencia en la sociedad? Ante esta situación, en la que los opositores de la religión no sólo tratan de acallar su voz sino de sustituirla con la suya, se experimenta de una manera más aguda la necesidad de que los creyentes sean fieles a sus principios y creencias. Musulmanes y cristianos, a causa del peso de nuestra historia común tan frecuentemente marcada por incomprensiones, tienen que comprometerse hoy por ser conocidos y reconocidos como adoradores de Dios fieles a la oración, deseosos de comportarse y vivir según las disposiciones del Omnipotente, misericordiosos y compasivos, coherentes para dar testimonio de todo lo que es justo y bueno, recordando siempre el origen común y la dignidad de cada persona humana, que constituye la cumbre del designio creador de Dios para el mundo y la historia.

Juntos, cristianos y musulmanes, están llamados a buscar todo lo que es justo y recto. Estamos comprometidos a sobrepasar nuestros intereses particulares y a alentar a los demás, en particular los administradores y líderes sociales, a hacer lo mismo para experimentar la satisfacción profunda de servir al bien común, incluso en detrimento de uno mismo. Se nos recuerda que precisamente porque nuestra dignidad humana constituye el origen de los derechos humanos universales, éstos son válidos para todo hombre y mujer, sin distinción de grupos religiosos, sociales o étnicos. Bajo este aspecto, tenemos que subrayar que el derecho a la libertad religiosa va más allá de la cuestión del culto e incluye el derecho --en particular de las minorías-- del justo acceso al mercado del empleo y a las demás esferas de la vida civil.
(Benedicto XVI, "Discurso en la mezquita nacional jordana de Al-Hussein Bin Talal", 09-V-2009)

jueves, 30 de abril de 2009

Uno de los mayores retos del cristiano: la Providencia día a día

Descubrid la Providencia de Dios en todo lo que os suceda.Cabe interrogarnos: ¿cómo es mi reacción ante lo que me disgusta o me supone una contrariedad? ¿Peleo para rectificar y elevar cada cuestión al plano sobrenatural? Después de un momento de vacilación —muy comprensible, porque somos personas humanas— respondamos enseguida y decididamente: “¿Lo quieres, Señor?... ¡Yo también lo quiero!” (San Josemaría, Camino, n. 762)

(Carta del Prelado del Opus Dei: Javier Echevarría, abril 2009)

lunes, 20 de abril de 2009

Un nuevo Pentecostés franciscano

El subrayado es mío.

Por el padre Raniero Cantalamessa, ofmcap.
ASÍS, domingo, 19 abril 2009 (
ZENIT.org).- Publicamos la conferencia que dictó el padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., el 15 de abril, en el Capítulo de las Esteras celebrado en Asís con motivo del VIII Centenario de la aprobación de la Regla de san Francisco.


P. Raniero Cantalamessa, ofmcap.
"Observamos la Regla que hemos prometido"
Asís, 15 de abril de 2009 - Capítulo de las Esteras
en el VIII Centenario de la aprobación de la Regla de san Francisco
1. El carisma en el estado naciente
Mi reflexión empieza con una pregunta: ¿qué recordamos exactamente en este año 2009? No la aprobación de la "Regla que hemos prometido", que es la Regla Bulada, sino la aprobación oral, por parte del Papa Inocencio III, de la primitiva regla, perdida, de san Francisco. Dentro de catorce años, en 2023, se celebrará el centenario de la Regla Bulada y en esa ocasión, podemos estar seguros, se hablará a todo campo de ella y de su importancia. Este año tenemos una oportunidad única para remontarnos al carisma franciscano en su nacimiento, por así decirlo, "en el estado puro". Es un kairòs para toda la orden y el movimiento franciscano; no podemos dejar que pase en vano.
Los sociólogos desde hace tiempo han evidenciado la fuerza y el carácter irrepetible de un movimiento colectivo en su "statu nascenti". Al hablar de los estados de efervescencia colectiva, Durkheim escribió: "El hombre tiene la impresión de estar dominado por fuerzas que no reconoce como propias, que le arrastran, que él no controla... Se siente transportado de una forma distinta de aquella en la que se desarrolla su existencia privada. La vida aquí no es sólo intensa, sino que es cualitativamente diferente" [1]. Para Max Weber, el nacimiento de tales movimientos está ligada a la aparición de un jefe carismático que, rompiendo con la tradición, arrastra a sus seguidores en una aventura heroica y produce en quien le sigue la experiencia de un renacimiento interior, una "metanoia", en el sentido de san Pablo [2]. La perspectiva de estos autores es sociológica; no explica por sí sola los movimientos religiosos, pero en cambio ayuda a entender su dinámica.
Según Francesco Alberoni son los momentos del origen de las religiones, de la reforma protestante, de la revolución francesa o bolchevique; nosotros podemos añadir sin duda: y del movimiento franciscano. Existe, según Alberoni, una evidente analogía entre el nacimiento de estos movimientos y el fenómeno del enamoramiento [3]. Eso fue, en todo caso, de lo que se trató para Francisco y para sus seguidores: de un enamoramiento.
Hay flores que no se reproducen plantando de nuevo su semilla o un brote de la planta, sino sólo a partir del bulbo que, misteriosamente, se despierta y vuelve a germinar en primavera. Así sucede, entre los que conozco, con los tulipanes y las calas. Creo que también la orden franciscana necesita recomenzar del bulbo. Y el bulbo es la primitiva intuición, o mejor inspiración ("El Señor me reveló..."), que Francisco de Asís tuvo en 1209 y que presentó a Inocencio III.
La enorme ventaja de esta fase del carisma franciscano, respecto a la disposición jurídica de 1223, es que esta última se resiente mucho más de las contingencias históricas y de las exigencias jurídicas del momento que la regla primitiva y es por lo tanto menos trasladable a nuestro tiempo. En ésta el movimiento se ha convertido ya en institución, con todos los añadidos, pero también las pérdidas que tal paso implica. Francisco -observa Sabatier- hallará en las normas eclesiásticas, recibidas en la Regla definitiva, "las directivas que darán una forma precisa a ideas intuidas vagamente, pero encontrará en ella también las estructuras en las que su pensamiento perderá algo de su originalidad y fuerza: el vino nuevo se meterá en odres viejos" [4]. Sin restar nada al valor inestimable de la Regla definitiva, es a aquel primer momento originario al que debemos remitirnos si, como se lee en la Carta de los Ministros Generales para este encuentro, deseamos afrontar con éxito "el desafío de la refundación".
Para fortuna nuestra, el contenido de la regla primitiva es una de las cosas mejor conocidas y menos controvertidas de toda la historiografía franciscana, a pesar de que su texto se perdiera. En su bula de aprobación de la Regla de 1223 "Solet annuere", el Papa Honorio III escribe: "Os confirmamos con la autoridad apostólica la Regla de vuestra orden, aprobada por nuestro predecesor el Papa Inocencio, de feliz memoria, y aquí transcrita". Se diría, de estas palabras, que se trata siempre de la misma Regla, sólo "transcrita", esto es, puesta por escrito. Pero sabemos que no es así. Sin ánimo de cargar las tintas, como ha hecho un filón bien conocido de la historiografía franciscana, y hablar de la Regla definitiva como de algo arrancado a Francisco, más que deseado por él, no hay duda de que llovió mucho entre las dos fechas. ¡Y mucho ha llovido también desde la primitiva regla!
Del tenor de esta primitiva regla estamos informados directamente por Francisco, quien escribe en el Testamento: "Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el señor Papa me lo confirmó".
Escribe Celano: "Viendo el bienaventurado Francisco que el Señor Dios le aumentaba de día en día el número de seguidores, escribió para sí y sus hermanos presentes y futuros, con sencillez y en pocas palabras una forma de vida y regla, sirviéndose, sobre todo, de textos del santo Evangelio, cuya perfección solamente deseaba. Añadió, con todo, algunas pocas cosas más, absolutamente necesarias para poder vivir santamente" [5].
Las "pocas palabras", puestas por escrito, comprendían sin duda los textos evangélicos que habían impactado a Francisco durante la famosa lectura del evangelio en una Misa y, por lo tanto, los pasajes sobre el envío en misión de los primeros discípulos por parte de Jesús, con las instrucciones de no llevar "ni oro, ni plata, ni pan, ni bastón, ni calzado, ni túnica de repuesto" [6]. Se piensa, no sin razón, que parte de estos textos son los que se contienen en el capítulo primero de la Regla no bulada.
Con todo, éstas no eran más que ejemplificaciones parciales. El propósito verdadero de Francisco se contiene en la expresión que se volverá a encontrar en todos los estadios sucesivos de la Regla y que el santo recalcará en el Testamento: "vivir según la forma del santo Evangelio". El propósito es un retorno sencillo y radical al evangelio, o sea, a la vida de Jesús y de sus primeros discípulos. Justamente los Ministros generales han dado a su carta de convocatoria de este capítulo el título "Vivir según el Evangelio".
2. Carismáticos itinerantes
En esta primera fase, Francisco no analizó los contenidos de su elección: esto es, qué aspectos del Evangelio se proponía revivir. Siguiendo su instinto del "sine glossa", lo tomó en bloque, como algo indivisible. En cambio hoy nosotros podemos destacar algunos contenidos concretos de su opción, basándonos en lo que le vemos emprender antes y después del viaje a Roma y del encuentro con el Papa. Podemos hablar de las tres "P" de Francisco: predicación, plegaria [oración], pobreza.
Lo primero que se pone a hacer Francisco es ir él mismo y enviar a sus compañeros por las aldeas y los pueblos a predicar la penitencia, exactamente como había oído que hacía Jesús. Jesús intercalaba la predicación con los tiempos de oración: de noche, de día, cuando amanecía, al caer la tarde; de la oración partía y a la oración volvía después de sus recorridos; lo mismo hace ahora el pequeño grupo reunido en torno a Francisco. La oración era el espléndido remate de todas las actividades del día. Todo ello acompañado de un estilo de vida pobre en el sentido más inclusivo de la palabra, o sea, hecho de pobreza material radical, pero también de pobreza espiritual, o bien de sencillez, humildad, alejamiento de los honores: cosas todas que más tarde Francisco recogerá en el nombre de "Menores", dado a sus frailes.
Hay que poner de relieve un dato importante: esta primitiva experiencia es enteramente laical. El gran historiador Joseph Lortz afirmó con fuerza: "El centro más íntimo de la piedad del santo católico, Francisco de Asís, no es clerical" [7].
La intuición de Francisco halla una singular confirmación en la orientación más reciente de los estudios sobre el Jesús histórico. Ha llegado a ser bastante común definir el grupo de Jesús y de sus discípulos, desde el punto de vista de la sociología religiosa, como "carismáticos itinerantes", aunque el modo con el que algunos entienden esta calificación no carece de pocas reservas [8]. "Carismáticos" indica el carácter profético de la predicación de Jesús, acompañada de signos y prodigios; "itinerantes" su carácter móvil y el rechazo a establecerse en un lugar fijo, confirmado por la expresión de Jesús: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza" (Mt 8,20). "¡Carismáticos itinerantes!": no se podría encontrar una definición más adecuada para el primitivo grupo reunido en torno a Francisco.
3. De Francisco a Cristo
Es momento ahora de intentar pasar a la actualidad para ver qué podemos aprender de este principio de los inicios del movimiento franciscano. El primer peligro, o ilusión, a evitar es el de poder reproducir en las formas externas y concretas la experiencia de Francisco. La vida y la historia son como un río: jamás vuelven atrás.
Los intentos de reformas franciscanas en los que prevalece la atención a los rasgos externos de lo franciscano en el imaginario popular pueden atraer en el momento las simpatías de la gente que admira instintivamente el anticonformismo y un cierto estilo hippie, o bien tiene nostalgia de cierto pasado pre-conciliar, pero no resisten a la prueba del tiempo y de la vida. Lo que se debe reencontrar es la linfa de la que ha nacido el árbol, no replantar en la tierra su ramaje.
Debemos ante todo situarnos en la perspectiva adecuada. Cuando Francisco miraba atrás, veía a Cristo; cuando nosotros miramos atrás, vemos a Francisco. La diferencia entre él y nosotros está toda aquí, pero es enorme. Pregunta: ¿en qué consiste entonces el carisma franciscano? Respuesta: ¡en mirar a Cristo con los ojos de Francisco! El carisma franciscano no se cultiva mirando a Francisco, sino mirando a Cristo con los ojos de Francisco.
Cristo es todo para Francisco: es su única sabiduría y su vida. Antes de convertirse en una visión teológica en san Buenaventura y Scoto, el cristo-centrismo fue una experiencia vivida, existencial e irreflexiva de Francisco. No hay tiempo ni necesidad de multiplicar las citas. Al final de la vida, a un hermano que le exhortaba a que le leyeran las Escrituras, Francisco respondía: "(...) estoy ya tan penetrado de las Escrituras, que me basta, y con mucho, para meditar y contemplar. No necesito de muchas cosas, hijo; sé a Cristo pobre y crucificado" [9].
Estamos en el año paulino y es sumamente instructiva una comparación entre la conversión de Pablo y la de Francisco. La una y la otra se trataron de un encuentro fulminante con la persona de Jesús; ambos fueron "alcanzados por Cristo" (Flp 3,12). Ambos pudieron decir: "Para mí, vivir es Cristo" y "Ya no soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí" (Flp 1,21; Ga 2,20); ambos pudieron decir -Francisco en un sentido más fuerte todavía que Pablo-: "llevo sobre mi cuerpo las estigmazas de Jesús" (Ga 6,17). Es significativo que los textos de la Liturgia de las Horas y de la Misa de la fiesta de san Francisco estén tomados en gran parte de las cartas de Pablo.
La famosa metáfora de las bodas de Francisco con la Señora Pobreza, que ha dejado huellas profundas en el arte y en la poesía franciscana, puede ser desviadora. El enamoramiento no es de una virtud, aunque fuera la pobreza; el enamoramiento es de una persona. Las bodas de Francisco fueron, como las de otros místicos, un esponsalicio con Cristo. La respuesta de Francisco a quien le preguntaba si quería tomar mujer: "Tomaré la esposa más noble y bella que jamás hayáis visto", normalmente se interpreta mal. Del contexto se deduce claramente que la esposa no es la pobreza, sino el tesoro escondido y la perla preciosa, o sea, Cristo. Comenta Celano: "La esposa es la verdadera religión que abrazó, y el tesoro escondido es el reino de los cielos, que tan esforzadamente él buscó" [10].
4. Una predicación franciscana renovada
A la luz de estas premisas procuremos ver cómo podríamos realizar hoy estos tres aspectos fundamentales de la primitiva experiencia franciscana que he evidenciado: predicación, plegaria [oración] y pobreza.
A propósito del primero, la predicación, habría que plantearse ante todo una cuestión inquietante: ¿qué lugar ocupa actualmente la predicación en la orden franciscana? En una predicación a la Casa Pontificia, brindé en una ocasión reflexiones que creo que pueden servirnos también aquí. En las iglesias protestantes, y especialmente en ciertas iglesias nuevas y sectas, la predicación lo es todo. En consecuencia, a ello se encaminan y encuentran modo natural de expresarse los elementos más dotados. Es la actividad número uno en la Iglesia. En cambio ¿quiénes son los que se reservan a la predicación entre nosotros? ¿Dónde van a parar las fuerzas más vivas y válidas de la Iglesia? ¿Qué representa el oficio de la predicación, entre todas las posibles actividades y destinos de los jóvenes sacerdotes? Me parece vislumbrar un grave inconveniente: que se dediquen a la predicación sólo los elementos que quedan después de la elección por los estudios académicos, por el gobierno, por la diplomacia, por la enseñanza, por la administración.
Hablando a la Casa Pontificia dije: hay que devolver al oficio de la predicación su puesto de honor en la Iglesia; aquí añado: hay que devolver al oficio de la predicación el lugar de honor en la familia franciscana. Me ha impresionado una reflexión de De Lubac: "El ministerio de la predicación no es la vulgarización de una enseñanza doctrinal en manera más abstracta, que sería respecto a aquella anterior y superior. La predicación es, al contrario, la enseñanza doctrinal misma, en su forma más elevada" [11]. San Pablo, el modelo de todos los predicadores, ciertamente anteponía la predicación a cualquier cosa, y todo lo subordinaba a ella. Hacía teología predicando, y no una teología de la que otros dedujeran después las cosas más elementales para transmitir a los fieles en la predicación.
Los católicos estamos más preparados, por nuestro pasado, para ser "pastores" que "pescadores" de hombres; esto es, estamos más preparados para apacentar a las personas que han permanecido fieles a la Iglesia que para traer a ella a nuevas personas, o para "repescar" a las que se han alejado. La predicación itinerante elegida por san Francisco para sí, responde precisamente a esta exigencia. Sería una lástima si ahora la existencia de iglesias y grandes estructuras propias hiciera también de nosotros, franciscanos, sólo pastores y no pescadores de hombres. Nosotros, franciscanos, somos "evangélicos" por nacimiento y por vocación; no debemos permitir que la predicación itinerante, en ciertos continentes -como América Latina-, la lleven a cabo sólo las modernas Iglesias "Evangélicas" protestantes.
Asimismo habría que hacer observaciones importantes sobre el contenido de nuestra predicación. Se sabe que la primitiva predicación franciscana estaba completamente centrada en el tema de la "penitencia"; hasta el punto que el primitivo nombre que se dieron los frailes fue el de "penitentes de Asís". Por predicación penitencial se entendía entonces una predicación enfocada en la conversión en el sentido del cambio de costumbres, por lo tanto de carácter moral. Fue el mandato que dio Inocencio III a los frailes: "Id con el Señor, hermanos, y, según Él se digne inspiraros, predicad a todos la penitencia" [12]. En la Regla definitiva este contenido moral se especifica: los predicadores deben anunciar "los vicios y las virtudes, la pena y la gloria" [13].
En este punto, un retorno mecánico al origen sería fatal. En una sociedad impregnada toda de cristianismo, el tema de las obras constituía el aspecto sobre el que era más natural y urgente insistir. Hoy ya no es así. Vivimos en una sociedad que en muchos países ha pasado a ser post-cristiana; lo más necesario es ayudar a los hombre a llegar a la fe, a descubrir a Cristo. Por eso no basta con una predicación moral o moralista; se necesita una predicación kerigmática dirigida al corazón del mensaje, que anuncie el misterio pascual de Cristo. Con este anuncio los apóstoles evangelizaron el mundo pre-cristiano y con tal anuncio podemos confiar en re-evangelizar el mundo post-cristiano.
Francisco, y gracias a él también en parte sus primeros compañeros, lograron evitar este límite moralista en su predicación. En él vibra con toda su fuerza la novedad evangélica. El evangelio es de verdad evangelio, o sea, buena nueva; anuncio del don de Dios al hombre antes aún que respuesta del hombre. Dante recogió bien este clima, cuando dice de él y de sus primeros compañeros:
"Su concordia y sus felices semblantes,
su maravilloso amor y la dulzura de sus miradas
fueron causa de santos pensamientos". [14]
Habían hallado -dicen las fuentes- el tesoro escondido y la piedra preciosa, y querían darlo a conocer a todos [15]. El aire que se respira alrededor de Francisco no es el de ciertos predicadores franciscanos posteriores, especialmente en el período de la Contrarreforma, del todo centrada en las obras del hombre, austera y aflictiva, pero de una austeridad más cercana a la de Juan Bautista que a la de Jesús. La imagen misma de Francisco se altera gravemente en este clima. Casi todos los cuadros de esta época le representan en meditación con una calavera en la mano, ¡a él, para quien la muerte era una hermana buena!
Así que sigamos también nosotros, franciscanos, predicando la conversión, pero demos a esta palabra el sentido que le daba Jesús cuando decía: "Convertíos y creed en el evangelio" (Mc 1,15). Antes de Él, convertirse quería decir siempre cambiar de vida y de costumbres, volver atrás (¡es el sentido del hebreo shub!), a la observancia de la ley y de la alianza quebrantada. Con Jesús ya no quiere decir volver atrás, sino dar un salto adelante y entrar en el reino que ha venido gratuitamente entre los hombres. "Convertíos y creed" no son dos cosas separadas, sino la misma cosa: ¡convertíos, esto es, creed en la buena nueva! Es la gran novedad evangélica y Francisco la acogió instintivamente, sin esperar a la teología bíblica del momento.
5. Una oración franciscana
El segundo elemento que caracteriza la primitiva experiencia de Francisco, como hemos visto, es una intensa vida de oración. En esta fase inicial, la oración franciscana es, como la predicación, una oración carismática. Más adelante, con la clericalización de la orden, el oficio divino se convertirá en la base de la oración de los frailes, pero al inicio no había breviarios ni otros libros. Oraban espontáneamente, como sugería el Espíritu, solos o juntos. Un capítulo de las Florecillas ha conservado un recuerdo de esta oración sin libros de Francisco y de sus compañeros [16].
¿Cómo reencontrar en nuestras comunidades algo de aquella oración espontánea, originaria? Antes de ser la oración de la primitiva comunidad franciscana, fue la oración de la primitiva comunidad cristiana. Pablo escribía a las comunidades: "Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación" (1 Co 14,26); y también: "Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor" (Ef 5,19).
Pues digámoslo: la oración común de las comunidades tradicionales corre peligro de reducirse fácilmente a lo que Isaías definía "nociones enseñadas por los hombres", un "honrar con los labios mientras que su corazón está lejos de Él" (Cf. Is 29,13-14). Ciertamente no debemos despreciar la oración litúrgica, pero es necesario sostenerla y mantenerla viva con otros tipos de oración; por sí sola no basta. Conocemos sólo dos tipos de oración: la oración litúrgica y la oración personal. La oración litúrgica es comunitaria, pero no espontánea; la oración personal es espontánea, pero no comunitaria. Se necesita una oración que sea al mismo tiempo comunitaria y espontánea, y esto es lo que llamamos oración carismática -no quién sabe qué extrañas formas de oración-.
Ésta permitiría, en determinadas circunstancias o dentro de la oración litúrgica misma -cuando está consentido-, momentos de auténtico compartir espiritual entre hermanos. De otra forma existe el riesgo de que compartamos todo en nuestras comunidades, excepto nuestra fe y nuestra experiencia de Jesús. Se habla de todo menos de Él.
El Espíritu Santo ha devuelto a la vida este tipo de oración carismática; es la fuerza de casi todas las nuevas comunidades y movimientos eclesiales del post-concilio. Podemos abrirnos a esta gracia sin traicionar en lo más mínimo nuestra identidad; es más, manifestándola. Cuando en la Iglesia apareció la renovación evangélica de Francisco y de las órdenes mendicantes en general, todas las órdenes preexistentes se beneficiaron de esta gracia, viendo en ella un desafío para redescubrir su propia inspiración evangélica de sencillez y pobreza. Lo mismo deberíamos hacer nosotros, órdenes tradicionales, ante los nuevos movimientos suscitados por el Espíritu en la Iglesia.
La oración carismática es esencialmente una oración de alabanza, de adoración, ¿y quién, más que Francisco, ha personalizado este tipo de oración? Un teólogo jesuita, antiguo profesor en la Gregoriana, Francis Sullivan, definió a Francisco de Asís como "el mayor carismático de la historia de la Iglesia". La renovación de la orden franciscana se presenta constantemente ligada, en su historia, a la renovación de la oración; ha partido casi siempre de casas de retiro y de oración.
6. Ser "para los pobres" y "ser pobres"
En cuanto al tercer elemento, la pobreza, diré sólo algo que ayuda a situar el ideal franciscano de la pobreza en la historia de la salvación y de la Iglesia y a ver cómo, también en este punto, Francisco lleva a cabo una vuelta al evangelio.
A propósito de la pobreza, el paso del Antiguo al Nuevo Testamento marca un salto de calidad. Se puede sintetizar así: el Antiguo Testamento nos presenta a un Dios "para los pobres"; el Nuevo Testamento a un Dios que se hace Él mismo "pobre". El Antiguo Testamento está lleno de textos sobre el Dios "que escucha el grito de los pobres", que "se apiada del débil y del pobre", que "defiende la causa de los infelices", que "hace justicia a los oprimidos" [17]; pero sólo el Evangelio nos habla del Dios que se hace uno de ellos, que elige para sí mismo la pobreza y la debilidad: "Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre por vosotros" (2 Co 8,9). La pobreza material, de ser un mal a evitar, adquiere el aspecto de un bien a cultivar, un ideal a perseguir. Ésta es la gran novedad que trae Cristo.
De este modo se aclaran ya los dos componentes esenciales del ideal de la pobreza bíblica, que son: ser "para los pobres" y ser "pobres". La historia de la pobreza cristiana es la historia de la diferente actitud ante estas dos exigencias.
Una primera síntesis y un equilibrio entre las dos instancias se alcanzó en el pensamiento de hombres como san Basilio y san Agustín, y en la experiencia monástica por ellos emprendida, en la cual, a la pobreza personal más rigurosa, se une una solicitud semejante por los pobres y los enfermos -que se concreta en instituciones adecuadas que servirán, en algunos casos, como modelo para las futuras obras caritativas de la Iglesia.
En la Edad Media, asistimos a la repetición de este ciclo en otro contexto. La Iglesia, y en particular las antiguas órdenes monásticas, bastante enriquecidas en Occidente, cultivan ya la pobreza casi sólo en la forma de la asistencia a los pobres, a los peregrinos, o sea, gestionando instituciones caritativas. Contra esta situación, a partir del comienzo del segundo milenio, se alzan los llamados movimientos pauperísticos que ponen en primer plano el ejercicio efectivo de la pobreza, el retorno de la Iglesia a la sencillez y pobreza del Evangelio.
El equilibrio y la síntesis se realizan, esta vez, por las órdenes mendicantes y en especial por Francisco, quien se esfuerza por practicar, a la vez, un despojo radical y una atención amorosa a los pobres, los leprosos, y sobre todo por vivir la propia pobreza en comunión con la Iglesia, no contra ella.
Con todas las cautelas del caso, podemos tal vez percibir una dialéctica análoga también en la época moderna. La explosión de la conciencia social el siglo pasado y del problema del proletariado rompió de nuevo el equilibrio, impulsando a poner entre paréntesis el ideal de la pobreza voluntaria, elegida y vivida en el seguimiento de Cristo, para interesarse en el problema de los pobres. Sobre el ideal de una Iglesia pobre, prevalece la preocupación "por los pobres" que se traduce en mil iniciativas e instituciones nuevas, sobre todo en el ámbito de la educación de los niños pobres y de la asistencia a los más abandonados. También la doctrina social de la Iglesia es producto de este clima espiritual.
Fue el Concilio Vaticano II el que volvió a poner en primer plano el discurso sobre "Iglesia y pobreza". En la Constitución sobre la Iglesia se lee, al respecto: "Como Cristo efectuó la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es llamada a seguir ese mismo camino... Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos, para buscar y salvar lo que estaba perdido; de manera semejante la Iglesia abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo" [18]. En este texto se reúnen las dos cosas: ser pobres y estar al servicio de los pobres.
Estos desarrollos también nos interpelan a los franciscanos de hoy. No deberíamos cometer el error de volver a la pobreza como se concebía, en las órdenes religiosas, antes de Francisco, y en la Iglesia universal antes del Vaticano II, o sea, casi sólo como ser "para los pobres", promover iniciativas sociales. A los franciscanos no nos basta con una "opción preferencial por los pobres"; se necesita también una "opción preferencial de la pobreza".
El significado concreto de esto varía de un lugar a otro, y no es mi intención aventurarme en sugerencias prácticas. Sólo digo que comparto la preocupación expresada por mi Ministro general, el padre Mauro Jori, en su reciente carta titulada: "¡Reavivemos la llama de nuestro carisma!", en la que denuncia el peligro, presente en ciertos ambientes, de transformar la opción de la pobreza de san Francisco en una opción de riqueza y de promoción social, que separa de la gente común más de lo que lleva a compartir su tenor de vida.
7. Nuestra situación en la Iglesia
Ahora desearía intentar ver cómo se situó Francisco respecto a la Iglesia de su tiempo y como, con su ejemplo, debemos situarnos los franciscanos de hoy. De las relaciones de Francisco con la Iglesia jerárquica tenemos, como es sabido, dos visiones opuestas: la de la historiografía oficial de la orden, del Francisco "vir catholicus et totus apostolicus", y la de los Espirituales de entonces, hecha propia por Sabatier, que habla de un conflicto más o menos latente y de instrumentalización de Francisco por parte de la jerarquía.
De esta última, por razones obvias de espectacularidad, es de la que se han apropiado en general las películas sobre Francisco. Todos recuerdan la frase que un cardenal pronuncia, con un guiño, en la cinta de Zeffirelli "Hermano sol, hermana luna", después que Inocencio III ha acogido a Francisco: "He aquí un hombre que hablara a los pobres y los llevara de nuevo a nosotros". Hasta la reducción televisiva de hace dos años sobre Francisco y Clara, por otro lado no exenta de valor, se acomoda a tal estereotipo.
La historia raramente transcurre en blanco y negro; con frecuencia prevalecen las medias tintas. Las intenciones humanas, incluso de los responsables de la Iglesia, no son siempre unívocas y puramente espirituales, especialmente en un tiempo como el de Inocencio III, en el que el Papa era la realidad política más visible del mundo occidental. Pero ¿por qué pensar que el Papa y los cardenales intentaran sólo reconquistar a las masas para sí, y no también para Jesucristo y el evangelio? A la interpretación "malévola" de la actitud de la jerarquía podemos, con buenas razones -también históricas-, oponer una interpretación "benévola". La Iglesia jerárquica se da cuenta de que no puede, dado el papel que desempeña en el mundo, llegar directamente a las masas populares en ebullición y ve en Francisco y en Domingo los instrumentos para esta necesidad urgente de la Iglesia frente a la agresividad de los movimientos heréticos.
Contamos con una confirmación de esta intención pastoral y no política de la actitud de Inocencio III, en el origen de la devoción de Francisco por la Tau. En el profeta Ezequiel leemos:
"La gloria del Dios de Israel se levantó de sobre los querubines sobre los cuales estaba, hacia el umbral del templo. Llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escriba en la cintura; y el Señor le dijo: ‘Pasa por la ciudad, por Jerusalén y marca una tau en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se comenten en medio de ella'" (Ez 9, 1-4).
En el discurso de apertura del Concilio Lateranense IV en 1215, el anciano Papa Inocencio III retomó este símbolo. Habría querido -decía- ser él mismo aquel hombre "vestido de lino que tenía la cartera de escriba en la cintura" y pasar personalmente por toda la Iglesia marcando una Tau en la frente de las personas que aceptaban entrar en situación de verdadera conversión [19].
Evidentemente no podía hacerlo en persona, y no sólo porque era anciano. Escuchándole, oculto entre la multitud, se piensa que estaba también Francisco de Asís; es cierto, en cualquier caso, que el eco del discurso del Papa llegó hasta él, que acogió el llamamiento y lo hizo suyo. Desde aquel día empezó a predicar, todavía con mayor intensidad que antes, la penitencia y la conversión, y a marcar una Tau en la frente de las personas que se acercaban a él. La Tau se convirtió en su sello. Con ella firmaba sus cartas, la dibujaba en las celdas de los frailes. San Buenaventura pudo decir tras su muerte: "la misión que tuvo fue de llamar a los hombres al llanto y al luto (...) y a grabar en la frente de los que gimen y se duelen el signo Tau" [20]. Por esto a veces Francisco fue llamado "el ángel del sexto sello": el ángel que lleva, él mismo, el sello del Dios vivo y lo marca en la frente de los elegidos (Cf. Ap 7,2 s.).
Francisco asumió la tarea que la Iglesia jerárquica no podía llevar a cabo, ni siquiera mediante su clero secular. Lo hizo sin espíritu polémico o apologético. No polemizó ni con la Iglesia institucional, ni con los enemigos de la Iglesia institucional; con nadie. En ello su estilo es distinto hasta de su contemporáneo Domingo.
Nos preguntamos: ¿qué dice todo esto respecto a nosotros? Por motivos diferentes a los de entonces (¡pero no del todo!), también hoy las masas se han apartado de la Iglesia institucional. Se ha creado un foso. Mucha gente ya no es capaz de llegar a Jesús a través de la Iglesia; hay que ayudarla a llegar a la Iglesia a través de Jesús, recomenzando desde Él y del evangelio. No se acepta a Jesús por amor a la Iglesia, pero se puede aceptar a la Iglesia por amor a Jesús.
He aquí una tarea precisamente de los franciscanos. Estamos en una posición única para hacerlo. Nos predispone a este papel la herencia de nuestro padre Francisco, el inmenso patrimonio de credibilidad que adquirió en toda la humanidad. Su intuición de una fraternidad universal que se extiende a todas las criaturas, acompañada de la opción de la minoridad, hacen de él y de sus seguidores los hermanos de todos, los enemigos de nadie, los compañeros de los últimos. La elección del Papa Juan Pablo II en cuanto Asís, como lugar de encuentro de las religiones, y otras iniciativas innumerables, son una señal de esta vocación de los hijos de Francisco.
La condición para poder desempeñar esta tarea de puente entre la Iglesia y el mundo es tener, como Francisco, un profundo amor y fidelidad a la Iglesia y un profundo amor y solidaridad con el mundo, sobre todo con el mundo de los humildes. Un medio no desdeñable es asimismo nuestro sayal franciscano. A través de él, Francisco se hace presente también visiblemente a los hombres de hoy. Si la gente nunca nos ve con el hábito, ¿cómo puede identificarnos como hijos de Francisco? Estoy convencido de que si los franciscanos dejaran de llevar sistemáticamente el hábito religioso en público, aún cuando se encuentran en países cristianos y católicos, privarían al mundo de un gran don y a sí mismos de una gran ayuda. Con su hábito, Francisco -como dice de Abel la carta a los Hebreos- "defunctus adhuc loquitur": "aún muerto, habla todavía" (Hb 11,4). Tengo de ello una prueba personal, en la ayuda que encuentro en el hábito durante mi servicio en televisión.
8. Un nuevo Pentecostés franciscano
¿Cómo poner por obra todas las propuestas evocadas y las todavía más numerosas que sin duda surgirán de las intervenciones siguientes? La respuesta nos viene de la palabra pronunciada por Francisco, cercano al final de su vida: "He concluido mi tarea; Cristo os enseñe la vuestra" [21]. Esta palabra no se dirigía sólo a los presentes, sino a sus seguidores de todos los tiempos.
Estamos llamados a lo que se decía al inicio sobre el carisma franciscano: no consiste en mirar a Francisco, sino en mirar a Cristo con los ojos de Francisco. Hay algo que permanece inmutable desde Francisco hasta nosotros, sean cuales sean los cambios históricos y sociales: el Espíritu del Señor. Toda la vida del Pobrecillo, si se le presta atención, acontece bajo la guía del Espíritu Santo. Casi cada capítulo de su vida se abre con la observación: "Francisco, movido, o inspirado, por el Espíritu Santo, fue, dijo, hizo...".
En la celebración del 1.600 aniversario del Concilio ecuménico Constantinopolitano I -el concilio que definió la divinidad del Espíritu Santo-, el Papa Juan Pablo II escribió: "Toda la labor de renovación de la Iglesia, que el Concilio Vaticano II ha propuesto e iniciado tan providencialmente... no puede realizarse a no ser en el Espíritu Santo, es decir, con la ayuda de su luz y de su virtud" [22]. Esto vale más que nunca para la renovación de las órdenes religiosas.
Existen sólo dos tipos posibles de renovación: una renovación según la ley y una renovación según el Espíritu. El cristianismo -lo enseña Pablo- es una renovación según el Espíritu (Tt 3,5), no según la ley. En realidad la ley no ha logrado renovar verdaderamente ninguna orden religiosa; saca a la luz la trasgresión, pero no da la vida. Es útil y preciosa si se pone al servicio de la "ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús" (Rm 8,2), no si pretende sustituirla.
Si, como escribe santo Tomás de Aquino, también la letra del Evangelio y los preceptos morales contenidos en él matarían si no se añadiera, en su interior, la gracia de la fe y la fuerza del Espíritu Santo [23], ¿qué deberíamos decir de todas las demás leyes positivas, incluidas las leyes monásticas? "La Ley fue dada por medio de Moisés, escribe san Juan, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Jn 1,17). Aplicado a nosotros, esto significa: las reglas fueron dadas por Benedicto, por Francisco, por Domingo, Ignacio de Loyola..., pero la gracia nos viene siempre y solo de Jesucristo.
Debemos preguntarnos qué puede significar para nosotros, franciscanos, acoger la gracia del "nuevo Pentecostés" invocada por Juan XXIII. La segunda generación franciscana se vio a sí misma como la realización de las profecías de Joaquín de Fiore sobre una nueva edad del Espíritu. Había, evidentemente, ingenuidad, si no orgullo, en esta identificación, sin contar con que la tesis misma de una tercera era del Espíritu Santo -sea o no atribuible en esta forma a Joaquín- es herética e inaceptable. Sin embargo hay algo que podemos retener de este discutido capítulo de nuestra historia: la convicción de ser una realidad suscitada por el Espíritu Santo y que está llamada a mantener viva en el mundo la llama de Pentecostés.
El primer capítulo de las Esteras se abrió el día de Pentecostés de 1221; comenzó por lo tanto con el solemne canto del Veni creator que formaba ya parte de la liturgia de Pentecostés. Este himno, compuesto en el siglo IX, ha acompañado a la Iglesia en cada gran evento del segundo milenio cristiano: cada concilio ecuménico, sínodo, cada nuevo año o siglo ha empezado con su canto; todos los santos de estos diez siglos lo han cantado y han dejado en sus palabras la impronta de su devoción y amor al Espíritu.
Con él también invocamos nosotros la presencia del Espíritu sobre este nuevo Capítulo de las esteras. Ven Espíritu creador. Renueva el prodigio obrado al comienzo del mundo. Entonces la tierra estaba vacía, desierta, y las tinieblas cubrían la faz del abismo; pero cuando empezaste a aletear sobre él, el caos se transformó en cosmos (Cf. Gn 1,1-2), o sea, en algo bello, ordenado, armonioso. También nosotros experimentamos un vacío, la impotencia de darnos una forma y una vida nueva. Mueve tus alas, ven sobre nosotros; transforma nuestro caos personal y colectivo en una nueva armonía, en "algo bello para Dios" y para la Iglesia.
Renueva igualmente el prodigio de los huesos secos que vuelven a la vida, se ponen de pié y forman un ejército numeroso (Cf. Ez 37,1 ss.). Nosotros ya no decimos como Ezequiel: "Ven, Espíritu, de los cuatro vientos", como si no supiéramos aún de dónde sopla el Espíritu. En la semana pascual decimos. "¡Ven, Espíritu, del costado traspasado de Cristo en la cruz! ¡Ven de la boca del Resucitado!".
[Traducción del original italiano por Marta Lago]
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[1] E. Durkheim, Giudizi di valore e giudizi di realtà, in Sociologia e filosofia, Comunità, Milano 1963, pp. 216 s, (cit. da F. Alberoni, Innamoramento e amore, Garzanti, Milano 198625.
[2] M. Weber, Economia e società, Comunità, Milano 1961, vol. II, pp. 431 ss. (cit. da Alberoni, ib.).
[3] Cf. F. Alberoni, op. cit. pp. 5-9.
[4] P. Sabatier, Vita di san Francesco d'Assisi, Mondadori, Milano 1978, p. 75.
[5] Celano, Vita prima, XIII, 32.
[6] Cf. Leyenda de los tres compañeros VIII, 25.
[7] J. Lordtz, Francesco d'Assisi. Un santo unico, Edizioni Paoline 1973, p. 132.
[8] Cf. G. Theissen e A. Merz, Il Gesù storico. Un manuale, Queriniana, Brescia 20032, pp. 235 ss. y la crítica di D.G. Dunn, Gli albori del cristianesimo, I,1, Paideia, Brescia 2006, pp. 71ss.
[9] Celano, Vita secunda, LXXI, 105.
[10] Cf. Celano, Vita prima, III, 7 (FF, 331).
[11] H. de Lubac, Exégèse médiévale, I,2, Parigi 1959, p.670.
[12] Celano, Vita prima, XIII, 33.
[13] Segunda Regla, cap. IX.
[14] Divina Commedia, Paradiso, XI, vv.76-78.
[15] Cf. Celano, Vita prima, III, 6-7.
[16] Fioretti cap. IX.
[17] Sobre esto tema de Dios como soberano justo que defiende a los oprimidos en el Antiguo Testamento, cf. J. Dupont, Le beatitudini, Edizioni Paoline 1976, pp.596 ss.
[18] Lumen gentium, 8.
[19] Inocencio III, Sermo VI (PL 217, 673-678).
[20] S. Buenaventura, Legenda maior, Prólogo, 2.
[21] Celano, Vita secunda, CLXII, 214
[22] Juan Pablo II, Carta apostólica "A concilio Costantinopolitano I", in AAS 73 (1981), p. 489.
[23] Tomás de Aquino, Summa theologiae, I-IIae, q. 106, a. 1-2.

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