sábado, 24 de septiembre de 2011
¡Qué abandonado tengo el blog! Aunque seguimos con nuestra vida espiritual, claro está.
domingo, 20 de febrero de 2011
"Ama a tus enemigos" (Evangelio del domingo VII del Tiempo Ordinario)
martes, 6 de abril de 2010
Benedicto XVI: Homilía en la Vigilia Pascual (mis extractos y comentarios)
El ser revestido con los nuevos indumentos de Dios, es lo que sucede en el Bautismo; así nos dice la fe cristiana. Naturalmente, este cambio de vestidura es un proceso que dura toda la vida. Lo que ocurre en el Bautismo es el comienzo de un camino que abarca toda nuestra existencia, que nos hace capaces de eternidad, de manera que con el vestido de luz de Cristo podamos comparecer en presencia de Dios y vivir por siempre con él.En el rito del Bautismo hay dos elementos en los que se expresa este acontecimiento, y en los que se pone también de manifiesto su necesidad para el transcurso de nuestra vida. Ante todo, tenemos el rito de las renuncias y promesas. (…) Se pronuncia un triple "no": al demonio, a sus pompas y al pecado. Con esta extraña palabra, "pompas", es decir, la suntuosidad del diablo, se indicaba el esplendor del antiguo culto de los dioses y del antiguo teatro, en el que se sentía gusto viendo a personas vivas desgarradas por bestias feroces. Se rechazaba de esta forma un tipo de cultura que encadenaba al hombre a la adoración del poder, al mundo de la codicia, a la mentira, a la crueldad. Era un acto de liberación respecto a la imposición de una forma de vida, que se presentaba como placer y que, sin embargo, impulsaba a la destrucción de lo mejor que tiene el hombre. (…) Pablo las llama (a las “viejas vestiduras” “obras de la carne”: "fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, celos, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, envidias, borracheras, orgías y cosas por el estilo" (Ga 5,19ss.).
(…) El bautizando determina la nueva orientación de su vida: la fe en el Dios trinitario al que él se entrega. Así, Dios mismo nos viste con indumentos de luz, con el vestido de la vida. Pablo llama a estas nuevas "vestiduras" "fruto del Espíritu" y las describe con las siguientes palabras: "Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí" (Ga 5, 22).
(Benedicto XVI, Homilía de la Vigilia Pascual, 03-IV-2010).
Señor, dame esas vestiduras, dame la Gracia para ser bueno, y abandonar mis vicios. No quiero pecar más, quiero la fe y la fuerza para amar la cruz diaria, para donarme total y alegremente. Quiero renunciar al poder, a la codicia… a la vanidad. Quiero la humildad, el sentirme nada, para no centrarme en mí, sino en los demás.
martes, 16 de febrero de 2010
¿Qué son las Bienaventuranzas?
Las bienaventuranzas se basan en el hecho de que existe una justicia divina, que ensalza a quien ha estado humillado y que abaja a quien se ha ensalzado (cfr Lc 14,11). De hecho, el evangelista Lucas, después de los cuatro “dichosos vosotros”, añade cuatro admoniciones: “ay de vosotros, los ricos... ay de vosotros, que estáis saciados... ay de vosotros, que reís” y “ay, cuando todos los hombres hable bien de vosotros”, porque, como afirma Jesús, las cosas se invertirán, los últimos serán primeros y los primeros últimos” (cfr Lc 13,30).
Esta justicia y esta bienaventuranza se realizan en el “Reino de los cielos” o “Reino de Dios”, que tendrá su cumplimiento al final de los tiempos pero que está ya presente en la historia. Donde los pobres son consolados y admitidos al banquete de la vida, allí se manifiesta la justicia de Dios.
(Benedicto XVI, Intervención con motivo del Ángelus dominical, 14-II-2010).
Muchos critican esta visión, dándole a la religión el ser una forma de consuelo de los fracasados, pobres y sufrientes. Crees en Dios porque no te queda otro consuelo. En esta lógica, los ricos son arreligiosos o ateos; y la prueba (nos dicen) está en el ejemplo de la prosperidad de Europa ha generado el laicisimo más radical. Señor ¿Cómo responder a este argumento?.
¿Realmente es consuelo? ¿Acaso no es el cristianismo un reto moral y de transformación de vida que implica sacrificios y en algunos casos sufrimientos?. El cristianismo es el cambio de las pasiones…y su asimilación a una: la caridad. El cristianismo es otro tipo de justicia, quizás una que va más allá de ella: la misericordia. ¿Qué nos dices Señor en las bienaventuranzas? Pienso que no las he comprendido todavía. Un plan de vida nos dicen. Nos dices que debemos ser pacientes, nos recuerdas la realidad de la cruz, pero una cruz que no es definitiva. Nos muestras el camino de la cruz para llegar a la resurrección. Nos enseñas que el inevitable dolor de nuestro mundo libre y limitado no es un sufrimiento inútil. El dolor nos transforma moralmente siempre y cuando se ponga el Amor en medio de él.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Benedicto XVI en Tierra Santa: ¿Por qué no debemos NUNCA olvidar el holocausto o Shoá?

"Yo he de darles en mi casa y en mis muros un monumento y un nombre... les daré un nombre que no será borrado, que nunca será cancelado" (Isaías 56, 5).
Este pasaje, tomado del Libro del profeta Isaías, presenta dos frases sencillas que expresan de manera solemne el significado profundo de este lugar venerado: yad, "memorial"; shem, "nombre". He venido aquí para detenerme en silencio ante este monumento, erigido para honrar la memoria de los millones de judíos asesinados en la horrenda tragedia de la Shoá. Perdieron la vida, pero no perderán nunca sus nombres: están indeleblemente grabados en los corazones de sus seres queridos, de sus compañeros de prisión, y de quienes están decididos a no permitir nunca que un horror así pueda volver a deshonrar a la humanidad. Sus nombres, en particular y sobre todo, están grabados para siempre en la memoria de Dios Omnipotente.
Uno puede despojar al vecino de sus posesiones, de las oportunidades o de la libertad..., se puede tejer una insidiosa red de mentiras para convencer a los demás de que ciertos grupos no merecen respeto. Y, sin embargo, por más que se esfuerce, nunca se puede quitar el nombre de otro ser humano.
La Iglesia católica, comprometida en las enseñanzas de Jesús y decidida a imitar el amor por toda persona, siente profunda compasión por las víctimas aquí recordadas. Del mismo modo, está junto a quienes sufren persecuciones a causa de la raza, el color, la condición de vida, o la religión.
(Benedicto XVI, “Discurso del Papa en el Memorial Yad Vashem”, 11-V-2009).
lunes, 9 de marzo de 2009
¿El amor a (la) espos@ es más importante que el amor a Dios?
Francisco de Sales hace un comentario breve de estas palabras: «Jacob --escribe--ama a Raquel con todas sus fuerzas, y con todas sus fuerzas ama a Dios; pero no por ello ama a Raquel igual que a Dios, ni a Dios igual que a Raquel. Ama a Dios como a su Dios sobre todas las cosas y más que a sí mismo; ama a Raquel como a mujer suya sobre todas las demás mujeres y más que a sí mismo. Ama a Dios con amor absoluto y soberanamente extremo, y a Raquel con sumo amor conyugal; un amor no es contrario al otro, porque el de Raquel no atropella las prerrogativas del amor de Dios» (Oeuvares t. V, pág. 175).

miércoles, 8 de octubre de 2008
Me pierdo el Sínodo y por los titulares está muy bueno!
domingo, 5 de octubre de 2008
Benedicto XVI: Angelus dominical (05-10) y Homilía en la apertura del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra
Presenta la asamblea al rezar el Ángelus
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 5 octubre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo al rezar el Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, tras haber presidido la celebración eucarística de apertura del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra en la Basílica de San Pablo Extramuros.
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Queridos hermanos y hermanas:
Esta mañana, con la santa misa en la Basílica de San Pablo Extramuros, ha comenzado la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en el Vaticano durante tres semanas y afrontará el tema: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Vosotros conocéis el valor y la función de esta asamblea particular de obispos, escogidos para representar a todo el episcopado y convocados para ofrecer al sucesor de Pedro una ayuda más eficaz, manifestando y consolidando al mismo tiempo la comunión eclesial.
Estas son las finalidades del Sínodo de los Obispos: favorecer una cercana unión y colaboración entre el Papa y los obispos de todo el mundo; ofrecer información directa y exacta sobre la situación y los problemas de la Iglesia; favorecer el acuerdo sobre la doctrina y la acción pastoral; afrontar temas de gran importancia y actualidad. Estas tareas son coordinadas por una secretaría permanente, que trabaja en directa e inmediata dependencia de la autoridad del obispo de Roma.
Queridos hermanos y hermanas: os invito a todos a apoyar los trabajos del Sínodo con vuestra oración, invocando en especial la intercesión maternal de la Virgen María, perfecta discípula de la divina Palabra.
[Después de rezar el Ángelus, el Papa añadió:]
Esta noche comenzará una singular iniciativa, promovida por la RAI con el título "Biblia, de día y de noche". Se trata de la lectura ininterrumpida de toda la Biblia durante siete días y siete noches, desde hoy hasta el próximo sábado 11 de octubre, transmitida por televisión en directo. La sede será la basílica romana de la Santa Cruz en Jerusalén, y los lectores que se relevarán serán casi 1.200 de 50 países distintos, en parte elegidos con criterio ecuménico y muchos inscritos voluntariamente. Este acontecimiento se inscribe perfectamente en el Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, y yo mismo daré inicio a la lectura del primer capítulo del libro del Génesis, que será transmitido esta tarde a las siete en el primer canal de la RAI. De esta forma la Palabra de Dios podrá entrar en las casas para acompañar la vida de las familias y de los individuos: una semilla, que si se acoge bien, no dejará de producir abundantes frutos.
[El Papa saludó a continuación a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Doy mi cordial bienvenida a los participantes de lengua española en esta oración del Ángelus, e invito a todos a orar por los trabajos del Sínodo de los Obispos, que en los próximos días reflexionará sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. Y pidamos a María que nos enseñe a escuchar y acoger con todo nuestro ser lo que Dios nos dice por medio del Verbo encarnado para nuestra salvación. Feliz domingo.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de Benedicto XVI al inaugurar el Sínodo de los Obispos
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Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:
La primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías, así como al página del Evangelio según Mateo, han propuesto a nuestra asamblea litúrgica una sugerente imagen alegórica de la Sagrada Escritura: la imagen de la viña, de la que hemos ya escuchado hablar en los domingos precedentes. La perícopa inicial de la narración evangélica hace referencia al "cántico de la viña", que encontramos en Isaías. Se trata de un canto situado en el contexto otoñal de la vendimia: una pequeña obra maestra de la poesía judía, que debía resultar sumamente familiar a quienes escuchaban a Jesús, y de la que --como en otras referencias de los profetas (Cf. Oseas 10,1; Jeremías 2,21; Ezequiel 17,3-0; 19,10-14; Salmos 79,9-17)-- se comprendía que la viña hacía referencia a Israel. Dios dedica a su viña, al pueblo que ha escogido, los mismos cuidados que un esposo fiel ofrece a su esposa (cfr Ezequiel 16,1-14; Efesios 5,25-33).
La imagen de la viña, junto a la de las bodas, describe por tanto el proyecto divino de la salvación, y se presenta como una conmovedora alegoría de la alianza de Dios con su pueblo. En el Evangelio, Jesús retoma el cántico de Isaías, pero lo adapta a quienes le escuchan y a la nueva hora de la historia de la salvación. No se fija tanto en la viña, sino más bien en los viñadores, a quienes los "servidores" del dueño piden, en su nombre, el arrendamiento. Los servidores son maltratados e incluso asesinados. ¿Cómo no pensar en las vicisitudes del pueblo elegido y en la suerte reservada a los profetas enviados por Dios? Al final, el propietarios de la viña hace un último intento: manda a su propio hijo, convencido de que al menos a él le escucharán. Sin embargo, sucede lo contrario: los viñadores le matan porque es su hijo, es decir, el heredero, convencidos de apoderarse fácilmente de la viña. Nos encontramos, por tanto, ante un salto de calidad frente a la acusación de violación de la justicia social, como se puede ver en el cántico de Isaías. Aquí vemos con claridad cómo el desprecio por la orden impartida por el dueño se convierte en desprecio de él: no es simple desobediencia a un precepto divino, es un verdadero rechazo de Dios: aparece el misterio de la Cruz.
La denuncia de esta página evangélica interpela a nuestra manera de pensar y actuar. No habla sólo de la "hora" de Cristo, del misterio de la Cruz en aquel momento, sino de la presencia de la Cruz en todos los tiempos. Interpela, de manera especial, a los pueblos que han recibido el anuncio del Evangelio. Si contemplamos la historia, nos vemos obligados a constatar con frecuencia la frialdad y la rebelión de cristianos incoherentes. Como consecuencia, Dios, si bien nunca abandona su promesa de salvación, ha tenido que recurrir al castigo. En este contexto, el pensamiento se dirige espontáneamente al primer anuncio del Evangelio del que surgieron comunidades cristianas, en un primer momento florecientes, que después desaparecieron y que hoy sólo son recordadas por los libros de historia. ¿No podría suceder lo mismo en nuestra época? Naciones que en un tiempo tenían una gran riqueza de fe y vocaciones ahora están perdiendo su identidad, bajo la influencia deletérea y destructiva de una cierta cultura moderna. Hay quien, habiendo decidido que "Dios ha muerto", se declara a sí mismo "dios", considerándose el único agente de su propio destino, el propietario absoluto del mundo.
Desembarazándose de Dios, al no esperar de Él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que quiere y ponerse como la única medida de sí mismo y de su acción. Pero cuando el hombre elimina a Dios de su horizonte, cuando declara que Dios ha "muerto", ¿es verdaderamente feliz? ¿Se hace verdaderamente más libre? Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de sí mismos y únicos dueños de la creación, ¿pueden verdaderamente construir una sociedad en la que reinen la libertad, la justicia y al paz? ¿O no sucede más bien --como lo demuestran cotidianamente las crónicas-- que se difunden el poder arbitrario, los intereses egoístas, la injusticia y el abuso, la violencia en todas sus expresiones? Al final el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida.
Pero en las palabras de Jesús hay una promesa: la viña no será destruida. Mientras abandona a su destino a los viñadores infieles, el dueño no abandona a su viña y la confía a otros servidores fieles. Esto indica que, si bien en algunas regiones la fe se debilita hasta extinguirse, siempre habrá otros pueblos dispuestos a acogerla. Precisamente por este motivo Jesús, citando el Salmo Salmo 117 [118] --"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora piedra angular" (versículo 22)--, asegura que su muerte no será la derrota de Dios. Tras su muerte, no permanecerá en la tumba, es más, precisamente lo que parecerá un fracaso total, será el inicio de una victoria definitiva. A su dolorosa pasión y muerte le seguirá la gloria de la resurrección. La viña seguirá entonces dando uva y será arrendada por el dueño "a otros labradores que le paguen los frutos a su tiempo" (Mateo 21,41).
La imagen de la viña, con sus implicaciones morales, doctrinales y espirituales, volverá en el discurso de la Última Cena, cuando al despedirse de los apóstoles, el Señor dirá: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto" (Juan 15,1-2). A partir del acontecimiento pascual, la historia de la salvación experimentará, por tanto, un giro decisivo, y los protagonistas serán esos "nuevos labradores" que, injertados como brotes en Cristo, verdadera vid, llevará frutos abundantes de vida eterna (Cf. Colecta de la liturgia de este domingo). Entre estos "labradores" nos encontramos también nosotros, injertados en Cristo, quien quiso convertirse Él mismo en la "verdadera vid". Pidamos al Señor, quien nos entrega su sangre, a sí mismo, en la Eucaristía, que nos ayude a "dar fruto" para la vida eterna y para nuestro tiempo.
El consolador mensaje que recogemos de estos textos bíblicos es la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que al final Cristo vence. ¡Siempre! La Iglesia no se cansa de proclamar esta Buena Nueva, como sucede también hoy, en esta basílica dedicada al apóstol de las gentes, quien se convirtió en el primero en difundir el Evangelio en grandes regiones de Asia Menor y Europa. Renovaremos significativamente este anuncio durante la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que tiene por tema: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Quisiera saludaros con afecto cordial a todos vosotros, venerados padres sinodales, y a quienes participáis en este encuentro como expertos, auditores e invitados especiales. Acojo también con alegría a los delegados fraternos de otras iglesias y comunidades eclesiales. Al secretario general del Sínodo de los Obispos y a sus colaboradores les expreso el reconocimiento de todos por el comprometedor trabajo que han realizado en estos meses y por el cansancio que les espera en las próximas semanas.
Cuando Dios habla, siempre exige una respuesta; su acción de salvación exige la cooperación humana; su amor espera ser correspondido. Que no suceda nunca, queridos hermanos y hermanas, lo que narra el texto bíblico sobre la viña: "Esperó que diese uvas, pero dio agraces" (Cf. Isaías 5,2). Sólo la Palabra de Dios puede cambiar profundamente el corazón del hombre, por eso es importante que entremos en una intimidad cada vez mayor con ella tanto cada uno de los creyentes como las comunidades. La asamblea sinodal dirigirá su atención a esta verdad fundamental para la vida y la misión de la Iglesia. Alimentarse de la Palabra de Dios es para ella su primera y fundamental tarea. De hecho, si el anuncio del Evangelio constituye su razón de ser y su misión, es indispensable que la Iglesia conozca y viva lo que anuncia, para que su predicación sea creíble, a pesar de las debilidades y las pobrezas de los hombres que la conforman. Sabemos, además, que el anuncio de la Palabra, siguiendo a Cristo, tiene como contenido el Reino de Dios (Cf. Marcos 1,14-15), pero el Reino de Dios es la misma persona de Jesús, que con sus palabras y obras ofrece la salvación a los hombres de todas las épocas. En este sentido es interesante la consideración de san Jerónimo: "Quien no conoce las Escrituras, no conoce la potencia de Dios ni su sabiduría. Ignorar las Escrituras significa ignorar a Cristo" (Prólogo al comentario del profeta Isaías: PL 24,17).
En este Año Paulino escucharemos resonar con particular urgencia el grito del apóstol de las gentes: "¡ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1 Corintos 9,16); grito que para cada cristiano se convierte en una invitación insistente a ponerse al servicio de Cristo. "La mies es mucha" (Mateo 9,37), repite también hoy el Maestro divino: muchos todavía no le han encontrado y están en espera del primer anuncio de su Evangelio; otros, a pesar de que han recibido una formación cristiana, han perdido el entusiasmo y sólo mantienen un contacto superficial con la Palabra de Dios; otros se han alejado de la práctica de la fe y tienen necesidad de una nueva evangelización. No faltan, además, personas de recta conciencia que se plantean preguntas esenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte, preguntas a las que sólo Cristo puede ofrecer respuestas convincentes. Se hace entonces indispensable el que los cristianos de todo continente estén dispuestos a responder a quien pida razón de la esperanza que les habita (Cf. 1 Pedro 3,15), anunciando con alegría la Palabra de Dios y viviendo sin compromisos el Evangelio.
Venerados y queridos hermanos, que el Señor nos ayude a plantearnos juntos, durante las próximas semanas de las sesiones sinodales, cómo hacer cada vez más eficaz el anuncio del Evangelio en nuestro mundo. Todos experimentamos la necesidad de poner en el centro de nuestra vida la Palabra de Dios, de acoger a Cristo como nuestro único Redentor, como Reino de Dios en persona, para hacer que su luz ilumine a todos los ámbitos de la humanidad: desde la familia hasta la escuela, desde la cultura hasta el trabajo, desde el tiempo libre hasta los demás sectores de la sociedad y de nuestra vida. Al participar en la celebración eucarística, experimentamos cada vez más el íntimo lazo que se da entre el anuncio de la Palabra de Dios y el Sacrificio eucarístico: es el mismo Misterio que se nos ofrece a nuestra contemplación. Por este motivo "la Iglesia -como subraya el Concilio Vaticano II-- ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia" (Dei Verbum, 21)
Con razón el Concilio concluye: "Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que 'permanece para siempre'" (Dei Verbum, 26).
Que el Señor nos permita acercarnos con fe a la doble mesa de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Que nos alcance este don María Santísima, quien "guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lucas 2,19). Que ella nos enseñe a escuchar las Escrituras y a meditarlas en un proceso interior de maduración, que nunca separe la inteligencia del corazón. Que nos ayuden también los santos, en particular el apóstol Pablo, a quien estamos descubriendo cada vez más este año como intrépido testigo y heraldo de la Palabra de Dios. ¡Amén!
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
sábado, 4 de octubre de 2008
¡Viene el Sínodo de la Palabra! (XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia")
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 4 octubre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la presentación del Sínodo de los Obispos de la Palabra que hizo este viernes a los periodistas en la Sala de Prensa de la Santa Sede el secretario general del Sínodo de los Obispos, el arzobispo Nikola Eterovic, para presentar la asamblea sinodal sobre la Palabra que inaugurará este domingo Benedicto XVI.
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"Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan"(Lc. 11,28). Así respondió Jesús Cristo a una mujer que, maravillada por sus milagros y por sus enseñanzas, impartidas con autoridad (cfr. Lc 4, 32), quería elogiar a su madre, la cual debía de estar orgullosa de su hijo. El Señor, en cambio, declaró bienaventurados a aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la guardan. Escuchar la Palabra de Dios significa comprender lo que se proclama, meditar sobre ese anuncio para que se vuelva parte de la vida concreta. En otra ocasión, para evitar cualquier equivocación, nuestro Señor Jesucristo precisó: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8, 21).
Para convertirse en miembros de la familia de Jesucristo, de su Iglesia, es necesario por lo tanto escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Ahora la Palabra de Dios es Jesús mismo, el Verbo eterno hecho carne (cfr. Jn 1, 14), aquél que tiene palabras de vida eterna (cfr. Jn 6, 68). Para comprender el misterio de Jesucristo es necesario conocer las Escrituras, las del Antiguo Testamento, que preparan su venida, y las del Nuevo Testamento, sobre todo los cuatro Evangelios, que narran su vida, describen su misterio pascual, a través del cual Jesús ha salvado el mundo, y cuentan los comienzos de la Iglesia por Él fundada.
Convocados por el Santo Padre Benedicto XVI, los padres sinodales estarán reunidos en Roma del 5 al 26 de octubre de 2008 en la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos para reflexionar sobre la Palabra de Dios, sobre su ser centro de la vida de la Iglesia y sobre su dinamismo, que anima a los cristianos en misión a que anuncien con las palabras y con el ejemplo de vida la Buena Noticia de la presencia entre nosotros del Señor Jesús resucitado. Él, enviado por el Padre, "habla las palabras de Dios porque da el Espíritu sin medida" (Jn 3,34). Por la gracia del Espíritu Santo, los fieles pueden percibir su presencia en la Iglesia, en la oración, en la celebración de la Palabra y, de una manera muy especial, en la Eucaristía.
La celebración de la Eucaristía, presidida por el Santo Padre Benedicto XVI, acompañará los trabajos sinodales en momentos muy significativos. Su Santidad, Presidente del Sínodo de los Obispos, presidirá las 4 celebraciones eucarísticas. La apertura de la Asamblea sinodal tendrá lugar el domingo 5 de octubre en la Basílica Papal de San Pablo Extramuros. Es la primera vez que un Sínodo de Obispos es inaugurado fuera de la Basílica Papal de San Pedro. La razón es obvia, ya que la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos se desarrolla en el Año Paulino que el Sumo Pontífice inauguró el 29 de junio de 2008. La Eucaristía conclusiva tendrá lugar el 26 de octubre en la Basílica de San Pedro del Vaticano. En la misma sede tendrán lugar otras dos celebraciones eucarísticas. El 12 de octubre serán canonizados cuatro beatos que se han distinguido en la escucha de la Palabra de Dios y en ponerla en práctica. Se trata del sacerdote Gaetano Errico, de dos religiosas, Maria Bernarda Büttler y Alfonsa de la Inmaculada Concepción y, de una laica, Narcisa de Jesús Martillo Morán. Es una invitación para todos, para los Padres sinodales y los fieles, para dejarse guiar por el Espíritu Santo por medio de la Palabra de Dios en el necesario y, al mismo tiempo, elevado camino de la beatitud o de la santidad. El 9 de octubre, el Obispo de Roma presidirá la Santa Misa con ocasión del 50 aniversario de la muerte del Siervo de Dios Pío XII que, entre otros grandes méritos, renovó el interés de los estudios bíblicos. Así mismo, la Eucaristía del 19 de octubre, en el Pontificio Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, será ocasión para que el Santo Padre suplique a la Beata Virgen María su intercesión en favor de los Padres sinodales para que sigan el ejemplo de la Discípula de Jesucristo que escuchaba la Palabra de Dios, guardaba todas esas cosas y las meditaba en su corazón (cfr. Lc 2, 19).
Como de costumbre, cada una de las 24 Congregaciones generales previstas, comenzará y terminará con la oración. En especial, la de las mañanas consistirá en la Liturgia de la Hora Tercia, acompañada por una breve homilía, a cargo de los Padres sinodales. La oración acompañará también el encuentro ecuménico del sábado 18 de octubre de 2008. En la Sala del Sínodo de los Obispos, el Santo Padre, Benedicto XVI, y el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, presidirán las primeras Vísperas del XXIX domingo del tiempo ordinario. A continuación, harán sus respectivas intervenciones sobre el tema de la Palabra de Dios con especial referencia al Año Paulino. Será la primera vez que el Patriarca Ecuménico se dirigirá a los Padres sinodales. Él trae el saludo de las Iglesias particulares que el Apóstol de las Gentes fundó antes de trasladarse a Roma, donde fue víctima del martirio. Por su parte, el Obispo de Roma, Papa Benedicto XVI, acogerá en un abrazo fraterno al Patriarca ecuménico para subrayar la importancia de la misión de San Pablo en Roma, ciudad que custodia celosamente y con orgullo los restos mortales de dos pilares de la Iglesia: Pedro y Pablo, así como su rica tradición Apostólica.
En este ambiente de oración y de religiosa escucha de la Palabra de Dios, se llevarán a cabo los trabajos de la XII Asamblea General Ordinaria. En ésta participarán 253 Padres sinodales, representantes de 13 Iglesias Orientales Católicas sui iuris, de 113 Conferencia Episcopales, de 25 Dicasterios de la Curia Romana, y de la Unión de Superiores Generales.
De los 253 Padres sinodales, 51 provienen de África, 62 de América, 41 de Asia, 90 de Europa y 9 de Oceanía. Ellos participarán en la Asamblea General Ordinaria de distintas formas: 173 fueron elegidos, 38 participan ex officio, 32 han sido nombrados por el Santo Padre y 10 fueron elegidos por la Unión de Superiores Generales. Por lo tanto, el 72,3 % de los padres sinodales son elegidos; el 15 % forman parte de los trabajos ex officio y el 12, 6 % están nombrados por el Santo Padre. Entre los 253 padres sinodales hay 8 Patriarcas, 52 Cardinales [1], 2 Arzobispos Mayores, 79 Arzobispos, 130 Obispos. En relación a las funciones que desempeñan: 10 son jefes de las Iglesias Orientales sui iuris, 30 Presidentes de Conferencias Episcopales, 24 jefes de los Dicasterios de la Curia Romana, 185 Ordinarios, 17 Auxiliares.
Entre los padres sinodales el más anciano tiene 88 años (el Patriarca de Antioquía de los Maronitas Card. Pierre Nasrallah Sfeir), mientras que el más joven tiene 39 años (Mons. Anton Leichtfried, Obispo Auxiliar de Sankt Pölten, Austria). Por lo tanto, en las reflexiones sinodales podrán beneficiarse de la experiencia de los hermanos mayores y del dinamismo de los más jóvenes. En todo caso, la edad media de los padres sinodales es 63 años.En la Asamblea sinodal participarán también 41 Expertos, procedentes de 21 países, y 37 Oyentes procedentes de 26 países. Entre los expertos hay 6 mujeres, mientras que las Oyentes son 19, una más que los Oyentes.
En esta cumbre sinodal participan igualmente algunos Delegados fraternos, representantes de 10 Iglesias y comunidades eclesiásticas, que junto a los católicos, comparten el amor y una respetuosa veneración de las Sagradas Escrituras. Además del Patriarcado Ecuménico, estarán representados los Patriarcas de Moscú, Serbia y Rumanía, la Iglesia Ortodoxa de Grecia y la Iglesia Apostólica Armenia, así como la Comunidad Anglicana, la Federación Luterana Mundial, la Iglesia de los Discípulos de Cristo, además del Consejo Ecuménico de las Iglesias.
En los trabajos sinodales participarán también 3 Invitados especiales del Santo Padre, Benedicto XVI. El primero que intervendrá es el Rabino jefe de Haifa, Shear Yashyv Cohen, que la tarde del 6 de octubre, expondrá cómo el Pueblo Hebreo lee e interpreta la Sagrada Escritura - la Torá, los profetas y los escritos sapienciales - que, en gran parte, comparten con los cristianos y que ellos denominan Antiguo Testamento. Se trata de la primera vez que un Rabino, y no un cristiano, se dirige a los padres sinodales. Luego, su E. Card. Albert Vanhoye, S.J., explicará cómo los cristianos se refieren a las Sagradas Escrituras Hebreas, presentando algunas normas del documento de la Pontificia Comisión Bíblica del año 2001: El Pueblo hebreo y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana.
Los otros dos Invitados especiales son el Rev. Dr. A. Miller Milloy, Secretario general de la United Bible Societies y el Hermano Alois, Prior de la Comunidad de Taizé.
Los periodistas serán informados con regularidad sobre los trabajos sinodales por los 5 Encargados de Prensa para el francés, el inglés, el italiano, el español y el alemán, respectivamente. Lógicamente, se realizarán algunas Conferencias de prensa que se anunciarán con tiempo. Los trabajos sinodales se pueden llevar a cabo gracias al apoyo de los Asistentes, Traductores, personal técnico y, sobre todo, al de los Oficiales de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos. En total, en el Sínodo de los Obispos participarán más de 400 personas. Durante la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos se aplicará, por primera vez, el Ordo Synodi Episcoporum actualizado en el año 2006. El texto, además de las normas jurídicas, contiene el desarrollo de la praxis sinodal durante sus 40 años de existencia,. Obviamente, se ha tratado de adaptar el Reglamento a las normas del Códice de Derecho Canónico y al Código de los cánones de las Iglesias Orientales, promulgados en 1983 y 1990 respectivamente .
La descripción detallada de las modificaciones exigiría mucho tiempo y sería interesante para los especialistas en derecho, sobre todo en lo que concierne al desenvolvimiento de las instituciones eclesiásticas. A este respecto habría que leer con atención el Proemio, que indica brevemente los aspectos teológicos y jurídicos del Sínodo de los Obispos, confirmados por la praxis sinodal durante más de 4 décadas. Me parece que para esta ocasión será suficiente destacar lo siguiente.
Se indican con mayor claridad las competencias del Relator General y del Secretario Especial. Como se sabe, el Relator General es Su Eminencia el Sig. Card. Marc Ouellet, P.S.S., Arzobispo di Quebec, Canadá. Es la primera vez que un Obispo canadiense cumple la función de Relator General.
El Secretario Especial es su Excelencia Mons. Laurent Monsengwo Pasinya, Arzobispo de Kinshasa, República Democrática del Congo. Es también la primera vez que un Obispo africano, como su Ex. Mons. Monsengwo, desempeña el papel de Secretario Especial de una Asamblea General Ordinaria. Él sustituye a Su Excelencia Mons. Wilhelm Emil Egger, O.F.M. Cap., Obispo di Bolzano-Bressanone, prematuramente desaparecido.En el mencionado Reglamento se refleja mejor la posición jurídica de las venerables Iglesias Orientales Católicas sui iuris. Éstas pueden estar representadas por los Jefes de sus respectivas Iglesias o, si no pudieran participar en la Asamblea sinodal, entonces lo estarían por un Delegado, seleccionado por el Jefe y con el consenso del Sínodo de la Iglesia sui iuris. Además, las Iglesias Orientales Católicas que tienen un número de Obispos superior a 25 pueden escoger otro representante para las Asambleas Generales Ordinarias del Sínodo de los Obispos. Así pues, contaremos por primera vez, en lo que se refiere a las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, tres categorías de representación: ex officio, ex designatione y ex electione.
El Reglamento del Sínodo de los Obispos recoge, además de las intervenciones escritas por los Padres sinodales, la llamada Discusión libre. Ésta tendrá lugar de 6:00 a 7:00 PM, dentro de cada una de las Congregaciones generales de la tarde. Además, puesto que cada padre sinodal tendrá a disposición para su intervención oficial 5 minutos, se ha aumentado el tiempo de Discusión libre durante los trabajos sinodales después de las Relaciones anterior y posterior a la Discusión, y también para el Mensaje (Nuntius).
Así mismo, habrán momentos de Discusión libre después de cada cinco relaciones, cada una de 10 minutos en las cuales cinco Obispos indicarán cómo el tema de la Palabra de Dios se recibe en los cinco continentes. Se trata de otra novedad metodológica, prevista para la tarde del 6 de octubre, che permitirá obtener un información más precisa sobre la realidad de las Iglesias particulares en cada uno de los continentes.
Así mismo, en el programa se incluye una relación de unos 30 minutos sobre la recepción de la Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis, la primera del Santo Padre Benedicto XVI. El Relator será su E. Card. Angelo Scola, Patriarca de Venecia, Relator general de la última Asamblea sinodal. Posteriormente habrá una Discusión libre sobre dicho tema. Con esta presentación de algunos aspectos importantes de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, quisiera invitar a todos, sobre todo a quienes como personas tienen la vida consagrada, a rezar con mayor fervor y perseverancia con el propósito de que los resultados sinodales contribuyan a renovar el amor hacia la Palabra de Dios que en la Sagrada Escritura encuentra su expresión testimonial, junto al auspiciado dinamismo de la Iglesia y de su misión evangelizadora y de promoción humana.
Concluyo con la cita del último libro de la Biblia que abre los horizontes de la eternidad a quienes aman a Jesucristo, enviado por Dios Padre, que, al escuchar la Palabra de Dios y guiados por el Espíritu Santo, caminan hacia el Reino de los Cielos, en comunión con todos los santos: "Dichoso el que lea y el que escuche las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella porque el Tiempo está cerca" (Ap 1, 3).
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Nota[1] Algunos grupos se repiten varias veces como en el caso de los Cardenales, ya que entre ellos se incluyen 4 Patriarcas Cardenales, así como un Arzobispo Mayor.[Traducción distribuida por la Secretaría General del Sínodo]
martes, 16 de septiembre de 2008
Benedicto XVI (2006), "Jesús de Nazaret" (III)
Problema: ¿En qué contexto histórico y religioso surge el bautismo de Jesús y cuál es su significado cristológico?
Tesis: “El bautismo de Jesús es compendio de toda la historia, en el que se retoma el pasado y se anticipa el futuro: el ingreso de los pecados de los demás es el descenso al “infierno”, no sólo como espectador, como ocurre en Dante, sino con-padeciendo y, con sufrimiento transformador, convirtiendo los infiernos, abriendo y derribando las puertas del abismo.” (p. 42) Es una lucha con el poderoso, es una lucha que “produce una nueva calidad del ser, prepara un nuevo cielo y una nueva tierra. El sacramento – el Bautismo- aparece así como una participación en la lucha transformadora del mundo emprendida por Jesús en el cambio de vida que se ha producido en su descenso y ascenso” (p. 43). Es un “arco que enlaza el comienzo (bautismo)” pasando por la cruz, la resurrección y el envío a sus discípulos a recorrer el mundo bautizando los pueblos en nombre de la Trinidad.”Ideas primarias:
1) La vida pública de Jesús comienza con su bautismo en el Jordán por Juan el bautista.
2) El Evangelio de Mateo lo presenta como heredero tanto de la promesa de Abraham como del compromiso de Dios con David (p. 31).
3) El tiempo de Jesús está dentro de la historia no es un mito (los cuales son intemporales), se puede datar perfectamente (tiempo del emperador romano Tiberio, etc).
4) “El emperador y Jesús representan dos órdenes diferentes de la realidad, que no tienen por qué excluirse mutuamente, pero cuya confrontación comporta la amenaza de un conflicto que afecta a las cuestiones fundamentales de la humanidad y de la existencia humana. “Lo que es del César, pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios (Mc 12, 17), dirá más tarde Jesús, expresando así la compatibilidad esencial de ambas esferas.” Cuando el Imperio se considera divino vendrá la confrontación y el martirio (pp. 33-34).
5) En Israel existen varios grupos: zelotes: búsqueda de la liberación de Israel por la violencia y el terror; Fariseso: cumplimiento estricto de la Torá y rechazar la forma de vida romano-pagana, los saduceos en su mayoría aristocracia y clase sacerdotal (judaísmo ilustrado en alianza con Roma), y los esenios (conocidos a partir de los documentos hallados en Qumram) que eran comunidades monásticas, pero estableciendo también una convivencia de familias basadas en la religión (ritos propios, abluciones litúrgicas, rezos en común). “Parece que juan el bautista y la familia de Jesús fueron cercanos a este ambiente” (pp. 34-36).
6) Bautismo: significado en Juan el Bautista: Se distingue de las abluciones religiosas acostumbradas en que NO ES REPETIBLE, y “debe ser la consumación concreta de un cambio que determina de modo nuevo y para siempre toda la vida. Está vinculado a un llamamiento ardiente a una nueva forma de pensar y actuar, está vinculado sobre todo al anuncio del juicio de Dios (…). (p. 36)”.
7) Bautismo: significado en Juan el Bautista: disposición del alma para abrir la puerta a Dios; y por tanto se debía confesar los pecados. “Se trataba de un renacer” (p. 38).
8) ¿Por qué Jesús se bautiza?: por “Justicia”, en el mundo judío de Jesús era “cumplir la voluntad de Dios”, por el ejemplo de “obediente aceptación de su yugo” (p. 39).
9) El bautismo de Jesús se entiende a partir de la pasión, muerte y resurrección: “inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores (…) se identifica con nosotros y nosotros con Él” (p. 40-41).
sábado, 10 de mayo de 2008
Comentario al Evangelio del Domingo de Pentecostés: 11 de mayo (padre Cantalamessa)
sábado, 26 de abril de 2008
Comentario al Evangelio del Domingo IV de Pascua: 27 de abril (padre Cantalamessa)
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VI Domingo de Pascua
Ser paráclitos
En el Evangelio Jesús habla del Espíritu Santo a los discípulos con el término «Paráclito», que significa consolador, o defensor, o las dos cosas a la vez. En el Antiguo Testamento, Dios es el gran consolador de su pueblo. Este «Dios de la consolación» (Rm 15,4) se ha «encarnado» en Jesucristo, quien se define de hecho como el primer consolador o Paráclito (Jn 14,15). El Espíritu Santo, siendo aquel que continúa la obra de Cristo y que lleva a cumplimento las obras comunes de la Trinidad, no podía dejar de definirse, también Él, Consolador, «el Consolador que estará con vosotros para siempre», como le define Jesús. La Iglesia entera, después de la Pascua, tuvo una experiencia viva y fuerte del Espíritu como consolador, defensor, aliado, en las dificultades externas e internas, en las persecuciones, en los procesos, en la vida de cada día. En Hechos de los Apóstoles leemos: «La Iglesia se edificaba y progresaba en el temor del Señor y estaba llena de la consolación (¡paráclesis!) del Espíritu Santo» (9,31).
Debemos ahora sacar de ello una consecuencia práctica para la vida. ¡Tenemos que convertirnos nosotros mismos en paráclitos! Si bien es cierto el cristiano debe ser «otro Cristo», es igualmente cierto que debe ser «otro Paráclito». El Espíritu Santo no sólo nos consuela, sino que nos hace capaces de consolar a los demás. La consolación verdadera viene de Dios, que es el «Padre de toda consolación». Viene sobre quien está en la aflicción; pero no se detiene en él; su objetivo último se alcanza cuando quien ha experimentado la consolación se sirve de ella para consolar a su vez al prójimo, con la misma consolación con la que él ha sido consolado por Dios. No se conforma con repetir estériles palabras de circunstancia que dejan las cosas igual («¡Ánimo, no te desalientes; verás que todo sale bien!»), sino transmitiendo el auténtico «consuelo que dan las Escrituras», capaz de «mantener viva nuestra esperanza» (Rm 15,4). Así se explican los milagros que una sencilla palabra o un gesto, en clima de oración, son capaces de obrar a la cabecera de un enfermo. ¡Es Dios quien está consolando a esa persona a través de ti!
En cierto sentido, el Espíritu Santo nos necesita para ser Paráclito. Él quiere consolar, defender, exhortar; pero no tiene boca, manos, ojos para «dar cuerpo» a su consuelo. O mejor, tiene nuestras manos, nuestros ojos, nuestra boca. La frase del Apóstol a los cristianos de Tesalónica: «Confortaos mutuamente» (1Ts 5,11), literalmente se debería traducir: «sed paráclitos los unos de los otros». Si la consolación que recibimos del Espíritu no pasa de nosotros a los demás, si queremos retenerla egoístamente para nosotros, pronto se corrompe. De ahí el porqué de una bella oración atribuida a San Francisco de Asís, que dice: «Que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar...».
A la luz de lo que he dicho, no es difícil descubrir que existen hoy, a nuestro alrededor, paráclitos. Son aquellos que se inclinan sobre los enfermos terminales, sobre los enfermos de Sida, quienes se preocupan de aliviar la soledad de los ancianos, los voluntarios que dedican su tiempo a las visitas en los hospitales. Los que se dedican a los niños víctimas de abuso de todo tipo, dentro y fuera de casa. Terminamos esta reflexión con los primeros versos de la Secuencia de Pentecostés, en la que el Espíritu Santo es invocado como el «consolador perfecto»:
«Ven, Padre de los pobres; ven, Dador de gracias, ven, luz de los corazones. Consolador perfecto, dulce huésped del alma, dulcísimo alivio. Descanso en la fatiga, brisa en el estío, consuelo en el llanto».
[Traducción del original italiano por Marta Lago]
lunes, 8 de agosto de 2005
Mi primer artículo sobre tema religioso: "Prioridades del Sacerdocio" publicado en 1997 en "La Religión"
Autor: Carlos Balladares
Pulicado en la edición impresa de: La Religión el 23 de septiembre de 1997.
Prioridades del Sacerdocio
Escrito el 12 de agosto de 1997.
lunes, 1 de agosto de 2005
Mi comentario al Evangelio dominical: Domingo XVIII del T. O. (31 de julio de 2005)
Desde el domingo 31 de julio me propuse comentar el Evangelio dominical con el fin de hacer vida lo me propone Jesús cada domingo. Aquí va un tanto retrasado.
Domingo XVIII del T. O. (31 de julio de 2005)
Mateo (14,13-21)En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer». Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Él dijo: «Traédmelos acá». Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sino contar mujeres y niños.
Hoy en el Evangelio del día (Mateo14,13-21) se nos narra la multiplicación de los panes, el cual es el milagro que he visto con mayor frecuencia en mi vida como cristiano, y en la vida de muchos cristianos que he tenido la suerte de conocer. Es el milagro de cómo la disposición a resolver el problema de las carencias, se soluciona de manera misteriosa cuando ponemos de nuestra parte haciendo amorosos sacrificios. Es la esencia del cristianismo condensado en un pasaje de la vida de Jesús: Dios se preocupa por nuestras necesidades vitales (salud, comida, ropa, vivienda, familia) y las satisface siempre y cuando estemos dispuestos a sacrificar nuestro esfuerzo (el trabajo) por los demás (solidaridad) imitándolo a él que es Amor. Me gusta ver a Jesús preocupado por lo terrenal: las necesidades del hombre, me recuerda constantemente que la religión no es sólo mirar al Cielo, es un mirar al Cielo en medio de la Tierra, se podría decir que es un llegar a lo Eterno a través de nuestra vida en el Tiempo. Este pasaje me hace pensar en la preocupación del cristiano por la justicia, la cual sólo se puede resolver por la CARIDAD, nunca por la venganza, por el rencor, por el robo, por la violencia. El cristiano no es una persona que mira el cielo despreocupada de lo que pasa en al tierra, el cristiano no puede ver las injusticias en especial las relativas a las necesidades más vitales como la alimentación y quedarse en silencio y de brazos cruzadas. El cristiano es una mujer y es un hombre de acción, en especial la acción que busca la justicia calmando el hambre y resolviendo las causas del hambre. Es por ello que el cristiano no puede ser indiferente a la política, y mucho menos cuando esta se ha vaciado de moralidad y más aún de caridad.
Al caminar por mi ciudad (la Caracas del 2005) todos los días me topo con un ejército de mendigos que cada día crecen y crecen...me angustio...y recuerdo el Evangelio de hoy cuando Jesús les dice a sus apóstoles: «¡Dadles vosotros de comer!». Mi mano así entra al bolsillo muchas veces en busca de dinero, o compro algo y les doy de comer, pero Señor son tantos...y yo también soy pobre: «¡No tenemos más que cinco panes y dos peces!», pero Dios vuelve a hacer el milagro hoy, la sonrisa que me regala el mendigo al saciar su hambre es esa misteriosa multiplicación de los panes, y no lo vemos pero cuando esa comida es guardada por el necesitado y llevada a otros como él que tienen hambre ¿acaso no se repetirá el milagro otra vez y muchos quedarán satisfechos?, y en nuestras vidas...¿acaso lo que sacrificamos por el que nos pide no se multiplica luego en nuestro trabajo, en nuestras casas; en el momento que pedimos salud, logros, y amor?. Es en ese momento que se multiplican los panes de nuestra caridad.
Hoy conmemoramos el día de San Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús, la cual ha dado tantos frutos de evangelización y conversión por medio de la palabra, el ejemplo, y la promoción y lucha por la justicia. En lo personal tengo un cariño especial por los jesuitas al trabajar como profesor en la Universidad Católica Andrés Bello y poseer muchos amigos dentro de la Compañía, pero en especial por compartir y vivir la espiritualidad ignaciana que se podría traducir en la forma en que han evangelizado y siguen evangelizando hoy en día que no es más que “exaltar la gloria de Dios en la gloria del hombre. Buscan a los hombres en su infinita diversidad (seres, grupos, culturas, etnias, etc). Han buscado ser “todo en todos” (LACOUTURE. Jean. 1991. Jesuitas).
Los Jesuitas han sido muy marianos como toda la Iglesia que se fortaleció en la oración y la eucaristía junto a María: la Madre de Dios, de Cristo, Nuestra Madre. Ella fue la que impulsó a Nuestro Señor a hacer su primer milagro y fue un milagro que satisfacía una necesidad vital, pero no eran panes los que se multiplicaron esa vez, sino el vino para celebrar las bodas de Canaan y lograr así poder saciar nuestra sed de celebración, de alegría y de fiesta por la creación de una nueva familia. Pidámosle a la Virgen que siga moviéndonos a celebrar, a rezar, a seguir a su Hijo. Amén.
