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martes, 12 de febrero de 2013

Ante la renuncia de nuestro Santo Padre Benedicto XVI

Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en Código Venezuela

Benedicto XVI: ¿lo conocemos realmente?

La noticia de la renuncia del Papa nos llega a los venezolanos en medio de la devaluación chavista de nuestra moneda, devaluación que nos dejó 42% más pobres. Y a pesar del cariño que le tenemos los católicos al Santo Padre sería natural estar tristes, pero la realidad es que este anuncio nos llena de esperanzas debido a que es prueba que los gobernantes honestos y humildes si existen. Además, prueba también la permanente renovación de la Iglesia Católica y su papel como faro moral en el mundo de hoy. 

En lo personal, esta renuncia es un nuevo motivo para admirar a Benedicto XVI. No niego que en tiempos de Juan Pablo II lo vi como una persona conservadora por tener a su cargo el Santo Oficio (se puede decir que me dejé llevar por la mala prensa), y cuando fue electo como Papa no me sentí feliz. Pero como buen católico que intento ser (repito: intento, aunque no lo logre siempre) lo acepté porque es el Papa y le debemos un cariño y fidelidad como “hijos” dentro de la Iglesia. Es así como empecé a rezar por él y me propuse conocerlo mucho mejor; leyendo sus homilías, Encíclicas, mensajes en el Ángelus dominical y la Audiencia General de los miércoles; y muy especialmente en su obra escrita anterior al papado. Mi sorpresa fue inmensa al descubrir un hombre no solo inteligente, sino comprometido con la cristiandad y la lucha por la dignidad de todos los seres humanos. Pero también una persona humilde y bondadosa. Estaba agradecido y contento porque Benedicto XVI seguía la tradición de todos los Papas desde finales del siglo XIX: ser personas santas y comprometidas con el bien en este mundo.

El problema con Benedicto XVI ha sido que no lo conocemos realmente. Acostumbrados a la civilización del espectáculo, no aceptamos a un hombre sereno y tranquilo poco dado al dominio de los medios y su lógica teatral. El otro elemento que ha llevado a este desconocimiento, es que él ha sido el sucesor de un gran Papa con un inmenso carisma. Las personas, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella, han tendido a la comparación. La actitud sincera es abandonar esta perspectiva superficial y acercarnos a su obra intelectual y como pastor, y especialmente a su vida. De esa manera, al mirar sus 8 años de pontificado y su vida como sacerdote-profesor-teólogo, el balance no solo es positivo sino edificante. Recomiendo la lectura de sus tres tomos sobre Jesús de Nazaret, la hermosa entrevista que resume su vida y conocimientos hasta 1996 de Peter Seewald: “La sal de la Tierra”, y si son más osados: sus Encíclicas. Además, el excelente canal “Vale TV” pasará este fin de semana (y seguro en los siguientes días) varios programas sobre nuestro Papa. No quedarán defraudados, se los aseguro.

No “despachemos” este tema como algo coyuntural; y mucho menos asumamos la actitud, un tanto indolente de dar opiniones rápidas y sin conocimientos. Recordemos que como venezolanos lo cristiano-católico nos constituye culturalmente, y la Iglesia es la institución más longeva de nuestra historia y la de mayor prestigio.


Solo me queda, como católico y ciudadano del siglo XXI, darle las gracias a este gran maestro y pastor que ha sido Joseph Ratzinger: nuestro Papa Benedicto XVI. No tengo la menor duda que su legado será reconocido por el mundo entero, y en lo personal: él ya es parte fundamental de mi formación cristiano-católica y humana. ¡Mil gracias Santo Padre!

lunes, 8 de agosto de 2005

Mi primer artículo sobre tema religioso: "Prioridades del Sacerdocio" publicado en 1997 en "La Religión"


Autor: Carlos Balladares
Pulicado en la edición impresa de: La Religión el 23 de septiembre de 1997.

Prioridades del Sacerdocio

Escrito el 12 de agosto de 1997.

Los sacerdotes, en momentos de ceguera y sordera social, realizan el papel de la voz que clama en el desierto (Mt. 3,4), como Juan el Bautista. Ciertamente, el "cura" debe alertar ante las consecuencias del pecado en lo que se refiere a las injusticias y a la violación de la dignidad de la persona humana, pero no puede abandonar su actividad fundamental, primero como cristiano ("llamado a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" LG 40), y segundo como cura de almas.

Los Párrocos y Obispos que toman partido por una candidatura determinada ofrecen un triste espectáculo. Sacerdotes que abandonan su tarea fundamental: el cuidado espiritual de los fieles, por dedicarse a la retórica y al proselitismo político, es una falta lamentable. ¿Por qué sucede esto? -nos preguntamos-, la respuesta se encuentra en la pérdida de la virtud del orden, del orden de los valores y las prioridades que rigen nuestra conducta diaria. Hablo en plural (rigen), porque esta pérdida de una jerraquía de valores se da en el hombre del mundo contemporáneo, por lo cual todos somos víctimas de este fenómeno. 

Todo cristiano debe tener el siguiente orden de prioridades en lo relacionado a su conducta: oración, mortificación y acción (J.E.B., Camino, N 82). Oración: diálogo diario, trato constante con nuestro creador, con nuestro Padre celestial; mortificación: llevar nuestra cruz diaria, que no es más que negar nuestro amor propio; acción: toda labor que realizamos libremente por el bien de los hombres y  el bien particular. Al sacerdote se le suman las siguientes prioridades: administrar los sacramentos, formación y cuidado espiritual de sus fieles, promoción de la actividad social y política desde una perspectiva cristiana y, por último, la denuncia de las faltas a la ética. 

El sacerdote debe lograr el cambio social al colaborar con la santificación de los hombres, debe comprender que el origen de toda injusticia está en el pecado y que éste logra ser arrancado del alma por medio de la práctica de los sacramentos. Lamentablemente, parte del clero parece no creer en esto, un ejemplo de ello es el poco tiempo que le dedican a la Confesión, debido a que muchos sacerdotes no les gusta sentarse en un confesionario y pasar un buen rato en ese sitio. La respuesta, o el justificativo, es que el Párroco se encuentra muy ocupado en labores administrativas o por su asistencia a las reuniones de vecinos y demás grupos. No considero que estas funciones burocráticas sean dejadas de lado, pero sí creo que el Párroco debe saber solicitar y obtener la ayuda de los laicos con el fin de liberarlo de dicha tarea y facilitarle su acción pastoral.

Estoy seguro que un sacerdote que posea este orden de prioridades será escuchado con mayor atención, de la manera que es escuchada toda persona que cumpla su trabajo con esmero y organización. Todo Párroco debe esforzarse porque los miembros de su Iglesia local sean cada día mejores cristianos, motivándolos a cambiar, a cristianizar las estructuras temporales. Tengo la firme creencia de que es esta la manera en que el clero colabora en la construcción de la Civilización del Amor.

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