lunes, 15 de septiembre de 2008

Benedicto XVI (2006), "Jesús de Nazaret" (II): El nuevo profeta

Benedicto XVI: Jesús de Nazaret (“Introducción. Una primera mirada al misterio de Jesús”; pp. 23-30)

Problema: el hombre no sólo se pregunta por sus orígenes, sino “le preocupa lo impenetrable del futuro al que se encamina. Quiere rasgar el velo que lo cubre, quiere saber qué pasará, para poder evitar las desventuras e ir al encuentro de la salvación.” (p. 23)

Tesis general: “En el Libro del Deuteronomio (…) no se promete un rey de Israel y del mundo, un nuevo David, sino un nuevo Moisés; pero a Moisés mismo se le considera un profeta” (p. 23)

Tesis (ideas primarias):

1) Saber el futuro es conocer el camino de la Salvación, “el camino que se debe tomar para no fracasar. Por ello, prácticamente todas las religiones han desarrollado formas de predecir el futuro” (p. 24).

2) Pero no debe caerse en la magia o artes adivinatorias (“Abominaciones” según el capítulo 18 del Deuteronomio”) para conocer ese futuro, Dios promete un profeta como Moisés (anuncio de la institución profética en Israel, pero existe el peligro de los falsos profetas que asumen el papel de adivinos (y se cae en la abominación de los pueblos paganos: la idolatría).

3) Vendrá un profeta que tratará como Moisés a Dios “cara a cara” (Deuteronomio 34, 10), Moisés lo trató como un amigo por eso le dio sus leyes; pero verdadero nuevo profeta será Jesús; y Él traerá la “verdadera liberación” que se había iniciado con Moisés pero que no era la definitiva (p. 25); y es El porque “nos muestra el rostro de Dios ym con ello, el camino que debemos tomar” (p. 26). Israel pasará a ser una comunidad ante Dios y en camino hacia Él y no sólo una nación.

4) “Al nuevo Moisés se le otorga el don que se niega al primero: ver real e inmediatamente el rostro de Dios” y por eso puede hablarnos de Él. “En Jesús se cumple la promesa del nuevo profeta. En Él se ha hecho plenamente realidad lo que en Moisés era sólo imperfecto: Él vive ante el rostro de Dios no sólo como amigo, sino como Hijo; vive en la más íntima unidad con el Padre” (p. 28)

5) Si existe un nuevo Moisés existe una nueva Alianza superior a la anterior.

6) “La dimensión cristológica, esto es el misterio del Hijo como revelador del Padre, la “cristología”, está presente en todas las palabras y obras de Jesús. (…) De este modo, el discípulo que camina con Jesús se verá implicado con Él en la comunión con Dios. Y esto es lo que realmente salva: el trascender los límites del ser humano, algo para lo cual está ya predispuesto desde la creación como esperanza y posibilidad, por su semejanza con Dios” (p. 30).

Autor: Carlos Balladares

1 comentario:

El Ceremoniero dijo...

Cristo nos muestra el rostro del Dios oculto en la zarza ardiente y manifestado en la liberación del pueblo de Israel.
Cristo viene a liberarnos de la esclavitud del Egipto de egoismo y rencor que nos oprime.
Saludos.

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