jueves, 11 de junio de 2009

¿Se puede recristianizar nuestra cultura actual y cambiar la cultura de muerte que domina en Venezuela?

El jesuita Matteo Ricci, que nació en Macerata el 6 de octubre de 1552, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó muchos años de su vida a tejer un provechoso diálogo entre Occidente y Oriente, realizando al mismo tiempo una acción eficaz de arraigo del Evangelio en la cultura del gran pueblo de China. Su ejemplo sigue siendo también hoy un modelo de encuentro beneficioso entre la civilización europea y la china.

(…) Además, lo que ha hecho original y -podríamos decir- profético su apostolado, fue seguramente la profunda simpatía que sentía por los chinos, por su historia, por sus culturas y tradiciones religiosas. Baste recordar su Tratado sobre la amistad (De amicitia Jiaoyoulun), que obtuvo gran éxito desde su primera edición en Nankín en 1595. Este paisano vuestro, modelo de diálogo y de respeto por las creencias de los demás, hizo de la amistad el estilo de su apostolado durante los veintiocho años que permaneció en China. La amistad que ofrecía era correspondida por las poblaciones locales precisamente gracias al clima de respeto y estima que trataba de cultivar, preocupándose por conocer cada vez mejor las tradiciones de la China de ese tiempo.

(Benedicto XVI, Mensaje sobre el gran evangelizador de China, Matteo Ricci; IV centenario de su muerte, 06-V-2009).

Recuerdo cuando leí sobre Matteo Ricci, me impresionó sus grandes esfuerzos por evangelizar respetando la cultura china; porque evangelizar no es occidentalizar, como creen algunos, sino que es descubrir todo lo bueno y cristiano que ya hay en cada cultura. Creo firmemente que en nuestra cultura actual podemos inculturar el cristianismo de nuevo, aunque no será fácil. ¿Cómo se descubre en las costumbres de un malandro (delincuente) lo bueno? Sólo en su humanidad, y posiblemente en la educación y algo de cariño que recibió en su vida. ¿Cómo cristianizar y por tanto transformar, este odio político que se ha hecho lo normal en Venezuela?.

miércoles, 10 de junio de 2009

Retomando una práctica de piedad abandonada

Así son las cosas, había dejado de mi lectura espiritual (10 minutos) y la del Evangelio (5 minutos) de un tiempo para acá. Espero ser constante...; como en las visitas a Jesús Sacramentado, por tener la suerte de trabajar cerca del oratorio.

Benedicto XVI: recapitula su viaje a Tierra Santa

Ahora bien, la historia de ayer y de hoy muestra que precisamente esta Tierra se ha convertido también en símbolo de lo contrario, es decir, de divisiones y de conflictos interminables entre hermanos. ¿Cómo es posible? Es justo que este interrogante interpele nuestro corazón, si bien sabemos que un misterioso designio de Dios concierne a aquella Tierra, donde Dios "ha enviado a su Hijo como víctima de expiación para nuestros pecados" (1 Juan 4, 10). Tierra Santa ha sido llamada un "quinto Evangelio", porque aquí podemos ver, es más tocar la realidad de la historia que Dios ha realizado con los hombres. Comenzando con los lugares de la vida de Abraham hasta los lugares de la vida de Jesús, desde la encarnación hasta la tumba vacía, signo de su resurrección. Sí, Dios ha entrado en esta tierra, ha actuado con nosotros en este mundo. Pero podemos decir más todavía: Tierra Santa, por su misma historia, puede ser considerada un microcosmos que resume en sí el esforzado camino de Dios con la humanidad. Un camino que incluye a causa del pecado también la Cruz, pero gracias la abundancia del amor divino también la alegría del Espíritu Santo, la Resurrección ya comenzada; es un camino entre los valles de nuestro sufrimiento hacia el Reino de Dios. Reino que no es de este mundo, sino que vive en este mundo y debe penetrarlo con su fuerza de justicia y de paz.

La historia de la salvación comienza con la elección de un hombre, Abraham, y de un pueblo, Israel, pero su intención es universal, la salvación de todos los pueblos. La historia de la salvación siempre está marcada por este enlace de particularidad y universalidad. En la primera lectura de hoy vemos bien esta relación: san Pedro, al ver en la casa de Cornelio la fe de los paganos y su deseo de Dios, dice: "Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato" (Hechos 10, 34-35).

(Benedicto XVI, “Discurso al rezar el Regina Caeli”, 17-V-2009).

¡Cuán importante es que los cristianos y los musulmanes convivan pacíficamente respetándose los unos a los otros! Gracias a Dios y al compromiso de los gobernantes, esto sucede en Jordania. Por eso, he rezado para que sea así también en otros lugares, pensando sobre todo en los cristianos que viven una situación difícil en el vecino Irak.
(...) Jerusalén es la encrucijada de las tres grandes religiones monoteístas, y su nombre mismo, "ciudad de la paz", expresa el designio de Dios sobre la humanidad: hacer de ella una gran familia. Este designio, anunciado a Abraham, se realizó plenamente en Jesucristo, al que san Pablo llama "nuestra paz", pues con la fuerza de su Sacrificio derribó el muro de la enemistad (cf. Ef 2, 14). Por tanto, todos los creyentes deben renunciar a los prejuicios y a la voluntad de dominio, y practicar concordes el mandamiento fundamental: amar a Dios con todo su ser y amar al prójimo como a nosotros mismos.


(…) Un momento de intenso recogimiento fue, además, la visita al Mausoleo de Yad Vashem, erigido en Jerusalén en honor de las víctimas del Holocausto. Allí rezamos en silencio y meditamos en el misterio del "nombre": toda persona humana es sagrada, y su nombre está escrito en el corazón del Dios eterno. No se debe olvidar jamás la tremenda tragedia del Holocausto. Al contrario, es necesario que esté siempre en nuestra memoria como advertencia universal al respeto sagrado de la vida humana, que tiene siempre un valor infinito.

De rodillas en el Calvario y en el Sepulcro de Jesús invoqué la fuerza del amor que brota del misterio pascual, la única fuerza capaz de renovar a los hombres y de orientar hacia su fin la historia y el cosmos.

(Benedicto XVI, “Audiencia General: El Viaje Apostólico a Tierra Santa”, 20-V-2009).

martes, 9 de junio de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa: el mensaje de la esperanza

El largo dominio del pecado y de la muerte fue destruido por el triunfo de la obediencia y de la vida; el madero de la cruz revela la verdad sobre el bien y el mal; el juicio de Dios fue pronunciado sobre este mundo y la gracia del Espíritu Santo fue derramada sobre toda la humanidad. Aquí Cristo, el nuevo Adán, nos ha enseñado que el mal nunca tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte, que nuestro futuro y el de la humanidad está en las manos de un Dios providente y fiel.La tumba vacía nos habla de esperanza, la misma que no defrauda, porque es don del Espíritu Santo, que nos da la vida (cf. Romanos 5, 5). Este es el mensaje que hoy deseo dejaros, al concluir mi peregrinación a Tierra Santa. ¡Que la esperanzase eleve nuevamente, por la gracia de Dios, en el corazón de cada persona que vive en estas tierras! Que pueda arraigarse en vuestros corazones, permanecer en vuestras familias y comunidades e inspirar a cada uno de vosotros un testimonio cada vez más fiel del Príncipe de la Paz. La Iglesia en Tierra Santa, que continuamente ha experimentado el oscuro misterio del Gólgota, no debe nunca dejar de ser un intrépido heraldo del luminoso mensaje de esperanza que proclama esta tumba vacía. El Evangelio nos dice que Dios puede hacer nuevas todas las cosas, que la historia no necesariamente se repite, que las memorias pueden ser purificadas, que los frutos amargos de la recriminación y de la hostilidad pueden ser superados, y que un futuro de justicia, de paz, de prosperidad y de colaboración puede surgir para cada hombre y mujer, para toda la familia humana, y de manera especial para el pueblo que vive en esta tierra, tan querida por el corazón del Salvador.

(…) ¡También ahora la gracia de la resurrección está actuando en nosotros! Que la contemplación de este misterio impulse nuestros esfuerzos, como individuos y como miembros de la comunidad eclesial, para crecer en la vida del Espíritu mediante la conversión, la penitencia y la oración. Que nos ayude a superar, con la potencia de ese mismo Espíritu, todo conflicto y tensión nacidos de la carne y remover todo obstáculo, por dentro y por fuera, que se interpone en nuestro testimonio común de Cristo y en el poder de su amor que reconcilia.

(…) Él puede sosteneros en vuestras pruebas, confortaros en vuestras aflicciones, y confirmaros en vuestros esfuerzos por anunciar y extender su Reino.

(Benedicto XVI, Discurso en el Santo Sepulcro, 15-V-2009).

lunes, 8 de junio de 2009

Benedicto XVI y la Iglesia en Venezuela (visita "ad limina apostolorum")

Si algo ha caracterizado tanto la vida de fe de nuestro pueblo como el ejercicio pastoral de nuestro episcopado a través de todas las épocas, ha sido el reconocimiento y el cultivo de la relación vital con el Sucesor de Pedro. La historia de nuestra Iglesia, en estos dos últimos siglos, nos ha enseñado que estrechar la comunión y consolidar la unidad "cum Petro et sub Petro" son bienes particularmente preciosos ya que hemos vivido en carne propia la amenaza por parte de gobiernos anticlericales, de separarnos de la roca romana creando Iglesias nacionales sometidas a los poderes de turno.

Un servicio en el que hemos puesto particular empeño ha sido el de iluminar desde la fe el difícil camino por el que viene transitando el pueblo venezolano desde hace una década. Como es sabido, en Venezuela se ha impuesto desde hace una década un nuevo proyecto político que lleva por nombre socialismo del siglo XXI, de talante revolucionario, que ha introducido profundas modificaciones en todas las dimensiones de la vida del país, ha contado para su implantación con ingentes ingresos provenientes del petróleo y ha causado crecientes polarizaciones económicas, sociales y culturales. La progresiva ejecución de este proyecto ha polarizado el país y lo ha dividido en grupos contrapuestos.

Esta confrontación, que se ha resuelto a través de numerosos eventos electorales, ha provocado una creciente polarización política, ha aumentado la violencia, la inseguridad y el odio, poniendo en serio riesgo la convivencia democrática. Ante tales amenazas, y sabiendo que la gran mayoría de la población es profundamente religiosa y católica, nos hemos sentido llamados como pastores a emitir numerosos mensajes, cartas y exhortaciones pastorales.

(Ubaldo R. Santana Sequera, Informe del presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana sobre su acción al Papa en la visita "ad limina apostolorum", 08-VI-2009)

Os animo, por tanto, a incrementar las iniciativas para dar a conocer en toda su integridad y hermosura la figura y el mensaje de Jesucristo. Para ello, además de una buena formación doctrinal de todo el Pueblo de Dios, es importante fomentar una profunda vida de fe y oración. En la liturgia, y en el diálogo íntimo de la plegaria personal o comunitaria, el Resucitado viene a nuestro encuentro, transformando nuestro corazón con su presencia amorosa.

(Benedicto XVI, “Discurso a los obispos del Venezuela en visita "ad limina apostolorum", 08-VI-2009)

domingo, 7 de junio de 2009

Dios es Trino porque es Amor (leyendo la Carta del Prelado del Opus Dei: Javier Echevarría (Junio, 2009))

Desempeñar con amor a Dios y a los demás las acciones diarias: en esto consiste el secreto de la santidad a la que Dios llama a los cristianos que viven y trabajan en medio de las realidades temporales.

Siendo el Amor por esencia, nuestro Dios no es un Ser solitario, encerrado en una lejanía trascendente, ajeno a las preocupaciones de los hombres. Dios es trinidad de Personas, tan unidas y compenetradas que son un solo y único Dios. "Esta revelación de Dios se delineó plenamente en el Nuevo Testamento, gracias a la palabra de Cristo. Jesús nos manifestó el rostro de Dios, uno en esencia y trino en personas: Dios es amor, Amor Padre, Amor Hijo y Amor Espíritu Santo" (Benedicto XVI, Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad, 18-V-2008)


(Javier Echevarría, Carta del Prelado del Opus Dei, junio de 2009)

lunes, 1 de junio de 2009

Benedicto en Tierra Santa: "El prodigio de la Encarnación"

No podemos hacer con el mundo todo lo que nos place; por el contrario, estamos llamados a conformar nuestras decisiones con las complejas y perceptibles leyes escritas por el Creador en el universo y a modelar nuestras acciones según la bondad divina que penetra el reino de lo creado.


(Benedicto XVI, “Discurso en el encuentro con representantes religiosos de Galilea”, 14-V-2009).


El prodigio de la Encarnación continúa desafiándonos a abrir nuestra inteligencia a las ilimitadas posibilidades del poder transformador de Dios, de su amor por nosotros, de su deseo de estar en comunión con nosotros. Aquí el eterno Hijo de Dios se convirtió en hombre, e hizo posible para nosotros, sus hermanos y hermanas, el compartir su filiación divina. Aquel movimiento de rebajamiento de un amor que se vació a sí mismo hizo posible el movimiento inverso de exaltación en el cual también nosotros fuimos elevados para compartir la vida misma de Dios (cf. Filipenses 2,6-11).


(Benedicto XVI, “Discurso en la Basílica de la Anunciación”, 14-V-2009).

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