domingo, 28 de septiembre de 2008

Benedicto XVI (2006), "Jesús de Nazaret" (V): "3. El Evangelio del Reino de Dios”

Benedicto XVI: “Jesús de Nazaret” (“3. El Evangelio del Reino de Dios”; pp. 73-90)

Problema: ¿Qué es el “Evangelio del Reino” el cual es el primer anuncio de Jesús? ¿Es el “Evangelio del Reino” el contenido fundamental del mensaje de Jesús, es su síntesis?.

Tesis:

1) La idea de Evangelio no se puede reducir a Buena Noticia. En su tiempo era parte del lenguaje de los romanos, los que se consideraban los señores, salvadores y libertadores del mundo; con esta palabra comenzaban sus proclamas. Significaba: “transformación del mundo hacia el bien” (p. 74).

2) El Evangelio no es un discurso meramente informativo, sino operativo (…) fuerza eficaz que penetra el mundo salvándolo y transformándolo” (p. 74).

3) “El contenido central del “Evangelio” es que el Reino de Dios está cerca, y ante este don se pide a la persona: conversión y fe.” (p. 74).

4) El Reino como palabra aparece 122 veces en el Nuevo Testamento y 90 están en boca de Jesús (p. 75).

5) La tradición de la Iglesia señala varias interpretaciones:

a) que “El Reino” es Jesús mismo, y Él está en medio de los hombres, es la presencia de Dios (p. 76).

b) Que “El Reino” se encuentra en el interior del hombre (Orígenes: Sobre la oración).

c) “El Reino” es en gran parte: la Iglesia.

6) Esta última tesis es la que se ha ido imponiendo en la teología actual (siglos XIX y XX).

7) Adolfo von Harnack (siglo XX) Teología liberal: Cristo y su idea del Reino fue una revolución contra el judaísmo y sus visiones colectivas (el Pueblo) y cultuales (ritos). La tesis era una religión más individualista y que valora la moral de la persona (p. 78). De tendencia protestante.

8) Se ha evolucionado en este concepto del eclesiocentrismo, al cristocentrismo, luego al geocentrismo y ahora al reinocentrismo (pp. 80-81). Siendo este último un reino en el mundo donde dominaran la paz, la justicia y la protección de la creación (p. 81). Este reino sería el destino final de la historia.

9) La crítica a esta visión “secular-utópica” es que Dios ha desaparecido de su propuesta, quien actúa en la misma es solamente el hombre, el fin pasa de la religión a la política (p. 82).

10) La esencia de la palabra “reino” en Jesús es que Dios “está tanto aquí como allá (cielo)”, y el centro de la idea es “la soberanía de Dios” (p. 83). Dios se hace presente a través de la oración, se hace presente en nuestro modo de vida diaria, se hace presente en ese lugar del mundo, al igual que el rezo del Shemá Israel (pp. 84-85).

11) El reino es Jesús que viene a nuestro encuentro, Él actúa y reina, reina al modo divino, es decir, sin poder terrenal, a través del amor que llega “hasta el extremo” (Jn 13, 1) (p. 88).

Reseña de Carlos Balladares

Benedicto XVI: Angelus dominical (28-09): "Juan Pablo I: modelo de humildad"


El subrayado es nuestro.
Alocución con motivo del Ángelus

CASTEL GANDOLFO, domingo 28 de septiembre de 2008 (ZENIT.org) Ofrecemos el discurso pronunciado hoy por el Papa Benedicto XVI durante el rezo del Ángelus a los peregrinos reunidos en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy la liturgia nos propone la parábola evangélica de los dos hijos enviados por el padre a trabajar en su viña. De ellos, uno dice en seguida que sí pero luego no fue; el otro en cambio rechaza en ese momento, pero después, arrepintiéndose, secunda el deseo paterno. Con esta parábola Jesús confirma su predilección por los pecadores que se convierten, y nos enseña que hace falta humildad para acoger el don de la salvación. También san Pablo, en el fragmento de la Carta a los Filipenses que hoy meditamos, nos exhorta a la humildad: “Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores sí mismo”(Fl 2,3). Estos son los mismos sentimientos de Cristo, che, despojándose de la gloria divina por amor a nosotros, se hijo hombre y se rebajó hasta morir crucificado (cfr Fil 2,5-8). El verbo utilizado - ekenôsen - significa literalmente que Él “se vació a sí mismo”, y pone en claro la humildad profunda y el amor infinito de Jesús, el Siervo humilde por excelencia.

Reflexionando sobre estos textos bíblicos, he pensado en seguida en el Papa Juan Pablo I, del que precisamente hoy se cumple el trigésimo aniversario de su muerte. Él eligió como lema episcopal el mismo de san Carlos Borromeo: Humilitas. Una sola palabra que sintetiza lo esencial de la vida cristiana e indica la virtud indispensable de quien, en la Iglesia, está llamado al servicio de la autoridad. En una de las cuatro audiencias generales que celebró en su brevísimo pontificado, dijo entre otras cosas, con ese tono familiar que le caracterizaba: “Me limito a recomendar una virtud, tan querida al Señor, que dijo: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón... Aunque hayáis hecho grandes cosas, decid: somos siervos inútiles”. Y observó: “En cambio, la tendencia, en todos nosotros, es más bien la contraria: lucirse” (Enseñanzas de Juan Pablo I, p. 51-52). La humildad puede considerarse su testamento espiritual.

Gracias precisamente a esta virtud, bastaron 33 días para que el Papa Luciani entrase en el corazón de la gente. En sus discursos usaba ejemplos sacados de la vida concreta, de sus recuerdos de familia y de la sabiduría popular. Su simplicidad esta vehículo de una enseñanza sólida y rica, que, gracias al don de una memoria excepcional y de una vasta cultura, enriquecía con numerosas citas de escritores eclesiásticos y profanos. Fue así un catequista incomparable, en las huellas de san Pío X, conciudadano suyo y predecesor antes que él en la cátedra de san Marcos y después en la de san Pedro. “Debemos sentirnos pequeños ante Dios”, dijo en aquella misma audiencia. Y añadió: “No me avergüenzo de sentirme como un niño ante su mamá: se cree en la mamá, yo creo en el Señor y en lo que Él me ha revelado” (ivi, p. 49). Estas palabras muestran todo el espesor de su fe. Mientras agradecemos a Dios por haberlo entregado a la Iglesia y al mundo, atesoramos su ejemplo, empeñándonos en cultivar su misma humildad, que le hizo capaz de hablar a todos, especialmente a los pequeños y a los alejados. Invocamos por ello a María Santísima, humilde Sierva del Señor.
[Después del Ángelus, el Papa añadió:]

El periodo veraniego ha pasado ya, y pasado mañana volveré al Vaticano. Doy gracias al Señor por todos los dones que me ha concedido en este tiempo. Pienso en particular en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el periodo de descanso transcurrido en Bressanone, en la visita a Cerdeña y en el viaje apostólico a París y Lourdes; y pienso en la posibilidad de hospedarme en esta casa, donde puedo descansar y trabajar mejor en los meses más calurosos. Dirijo un cordial saludo a la comunidad de Castel Gandolfo, con un agradecimiento sentido al obispo, al alcalde y a las fuerzas del Orden. ¡Gracias a todos y hasta pronto!

[A los peregrinos de habla española:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En el evangelio de este domingo Jesús nos invita a la escucha obediente de la Palabra del Señor y al cumplimiento fiel de la Voluntad divina. Las enseñanzas de Jesucristo, cuando son acogidas con una fe profunda, sencilla y dócil, transforman la vida de toda persona, de cualquier clase y condición, y muestran cual es el camino que conduce al Reino de Dios. Muchas gracias y feliz domingo.

[A los peregrinos polacos:]

Saludo con afecto a los Polacos venidos aquí a Castel Gandolfo. De modo particular dirijo hoy mi pensamiento a los fieles reunidos en Białystok, en Polonia, para la beatificación del siervo de Dios Michał Sopoćko, confesor y guía espiritual de santa Faustina Kowalska. Por sugerencia suya, la Santa describió sus propias experiencias místicas y las apariciones de Jesús misericordioso en su conocido “Diario”. También gracias a sus esfuerzos se pintó y transmitió al mundo la imagen con la frase “Jesús, confío en tí”. Este Siervo de Dios se dio a conocer como sacerdote lleno de celo, educador y propagador del culto de la Divina Misericordia. Me uno a la alegría de las diócesis de Białystok y de Vilnius y de cuantos en el mundo aprecian el mensaje de Jesús Misericordioso. Para esta beatificación se alegra, desde la casa del Padre, mi amado predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II. Fue él quien confió al mundo a la Divina Misericordia y por ello repito a todos su deseo: “”¡Dios rico de misericordia os bendiga!” (Aeropuerto Kraków-Balice, 19 agosto 2002).]

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]

Más Dios, menos yo


Más Dios, menos yo,
Más los demás, menos yo,
Más cruz, menos yo.

Más caridad que justicia,
Más amor que egoísmo,
Más silencio que palabras,
Más espíritu que carne,
Más reconocimiento del otro,
Menos crítica del otro,
Más hablar de las virtudes,
Menos hablar de los defectos.

Más Dios, menos mundo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Abrazas la cruz

Abrazas la cruz, aunque no la quieras,
Abrazas la cruz, y crees vencer.
La abrazas mil veces, aunque no logras
tener esperanza.
Abrazas un madero vacío,
¿cómo le explico a la razón
que no es la nada?
Abrazas la cruz, otra vez,
abrazas la cruz, queriendo
ser como Él.
Abrazas la cruz, aquí y ahora,
una vez, dos veces, tres veces,
y siempre el nudo en la garganta,
y siempre sufriendo, y siempre
sin esperanzas.
¿Cuál es el significado de las cruz?.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Conferencia Episcopal Venezolana: comunicado: "El bien y la paz de nuestro pueblo"

Ante algunos acontecimientos recientes, los Obispos miembros de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana, como pastores de la Iglesia de Dios interesados por el bien y la paz de nuestro pueblo, queremos manifestar lo siguiente:

1.- Invitamos a todos los venezolanos a participar activamente en la vida del país, con decisión, sin violencia, con respeto a la constitución, la legalidad y los derechos de todas las personas, y rechazamos que se siga creando un clima de agitación política antes de las próximas lecciones.

2.- Como en anteriores oportunidades en que se caldean los ánimos en vísperas de eventos electorales, levantamos nuestra voz de rechazo a toda violencia e intolerancia, venga de donde venga, contra personas, instituciones y medios de comunicación social. Igualmente rechazamos tanto el presunto intento de magnicidio contra el Presidente de la República como la presunta conspiración para un golpe de estado, y exigimos que dentro del estado de derecho se lleven a cabo las investigaciones pertinentes.

3.- Pedimos a todos los actores políticos, tanto del gobierno como de la oposición, evitar cualquier tipo de acción que pueda poner en peligro la realización de las elecciones previstas para el 23 de noviembre.

4.- Exigimos que se respeten los derechos y se garantice la seguridad de todos los que intervienen en la campaña electoral, y que el Consejo Nacional Electoral garantice asimismo la absoluta transparencia de los venideros comicios, así como la igualdad de oportunidades para todos los candidatos.

5.-Manifestamos igualmente nuestra preocupación por la aparente inconstitucionalidad de algunos artículos de algunas de las leyes promulgadas el 31 de julio en el marco de la Ley Habilitante, tema sobre el cual haremos un pronunciamiento en la próxima Asamblea extraordinaria de la Conferencia Episcopal que se realizará en octubre.

6.- Con relación a personas procesadas judicialmente por delitos vinculados con asuntos políticos, entre ellos los Comisarios Vivas, Forero y Simonovis, así como ocho efectivos de la Policía Metropolitana, deploramos que esos procesos se estén desarrollando con fuertes influencias políticas y con excesiva lentitud, y hacemos votos porque resplandezca la justicia.
7.-Por último, invitamos a todos los católicos y fieles de otras religiones a orar con insistencia a Dios por Venezuela, para que el futuro de nuestra Patria se desarrolle por los caminos de la libertad, la justicia, la igualdad y la tolerancia, el bien y la paz. Con afecto invocamos sobre todos los venezolanos la bendición de Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y la maternal intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela.

Ubaldo R. Santana Sequera
Arzobispo de MaracaiboPresidente

Roberto Lückert León
Arzobispo de Coro
1er. Vicepresidente

Card. Jorge Urosa Savino
Arzobispo de Caracas
2do. Vicepresidente
Ramón Viloria Pinzón
Obispo de Puerto Cabello
Secretario General

Frases espirituales

Con Jesús, entra alegría en la tribulación.
(Benedicto XVI, 2005, Jesús de Nazareth, pág. 99.)

Benedicto XVI: Audiencia General (24 de septiembre): san Pablo estaba en comunión con el resto de los Apóstoles

El subrayado es nuestro.
Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos la intervención que pronunció este miércoles Benedicto XVI durante la audiencia general que concedió a los peregrinos congregados en la plaza de San Pedro para la audiencia general, en la que continuó con el ciclo de catequesis dedicadas a la figura de san Pablo. En esta ocasión, la dedicó a su relación con los demás Apóstoles.

* * *

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy quisiera hablar sobre la relación entre san Pablo y los Apóstoles que lo habían precedido en el seguimiento de Jesús. Estas relaciones estuvieron siempre marcadas por un profundo respeto y por la franqueza que en Pablo derivaba de la defensa de la verdad del Evangelio. Aunque él era prácticamente contemporáneo de Jesús de Nazaret, nunca tuvo la oportunidad de encontrarle, durante su vida pública. Por esto, tras el deslumbramiento en el camino de Damasco, advirtió la necesidad de consultar a los primeros discípulos del Maestro, que Él había elegido para que llevaran el Evangelio hasta el confín del mundo.

En la Carta a los Gálatas, Pablo desarrolla un importante informe sobre los contactos mantenidos con algunos de los Doce: ante todo con Pedro, que había sido elegido como Kephas, palabra aramea que significa roca, sobre la que se estaba edificando la Iglesia (cfr Gal 1,18), con Santiago, "el hermano del Señor" (cfr Gal 1,19), y con Juan (cfr Gal 2,9): Pablo no duda en reconocerles como las "columnas" de la Iglesia. Particularmente significativo es el encuentro con Cefas (Pedro), que tuvo lugar en Jerusalén: Pablo se quedó con él 15 días para "consultarle" (cfr Gal 1,19), es decir, para informarse sobre la vida terrena del Resucitado, que le había "atrapado" en el camino de Damasco y le estaba cambiando la existencia de modo radical: de perseguidor hacia la Iglesia de Dios había legado a ser evangelizador de que la fe en el Mesías crucificado e Hijo de Dios, que en el pasado habían intentado destruir (cfr Gal 1,23).

¿Qué tipo de información obtuvo Pablo sobre Jesús en los tres años sucesivos al encuentro de Damasco? En la primera Carta a los Corintios podemos encontrar dos pasajes, que Pablo había conocido en Jerusalén, y que ya habían sido formulados como elementos centrales de la tradición cristiana, tradición constitutiva. Él los transmite verbalmente, tal y como los ha recibido, con una fórmula muy solemne: "Os transmito cuanto he recibido". Insiste, por tanto, en la fidelidad a cuanto él mismo ha recibido y fielmente transmite a los nuevos cristianos. Son elementos constitutivos y conciernen a la Eucaristía y a la Resurrección; se trata de textos ya formulados en los años treinta. Llegamos así a la muerte, sepultura en el seno de la tierra y a la resurrección de Jesús. (cfr 1 Cor 15,3-4). Tomemos uno y otro: las palabras de Jesús en la Última Cena (cfr 1 Cor 11,23-25) son realmente para Pablo centro de la vida de la Iglesia: la Iglesia se edifica a partir de este centro, siendo así ella misma. Además de este centro eucarístico, del que vuelve a nacer siempre la Iglesia -también para toda la teología de Pablo, para todo su pensamiento- estas palabras tienen un notable impacto sobre la relación personal de Pablo con Jesús. Por una parte atestiguan que la Eucaristía ilumina la maldición de la cruz, convirtiéndola en bendición (Gal 3,13-14), y por otra, explican el alcance de la misma muerte y resurrección de Jesús. En sus Carta el "por vosotros" de la institución se convierte en el "por mí" (Gal 2,20), personalizando, sabiendo que en ese "vosotros" él mismo era conocido y amado por Jesús y por otra parte "por todos" (2 Cor 5,14): este "por vosotros" se convierte en "por mí" y "por la Iglesia" (Ef 5, 25), es decir, también "por todos" del sacrificio expiatorio de la cruz (cfr Rm 3,25). Por y en la Eucaristía, la Iglesia se edifica y se reconoce como "Cuerpo de Cristo" (1 Cor 12,27), alimentado cada día por la fuerza del Espíritu del Resucitado.

El otro texto, sobre la Resurrección, nos transmite de nuevo la misma fórmula de fidelidad. San Pablo escribe: "Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce" (1 Cor 15,3-5). También en esta tradición transmitida a Pablo vuelve a mencionar la expresión "por nuestros pecados", que subraya el don que Jesús ha hecho de sí mismo al Padre, para liberarnos del pecado y de la muerte. De este don de sí mismo, Pablo saca las expresiones más conmovedoras y fascinantes de nuestra relación con Cristo: "A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él" (2 Cor 5,21); "Conocéis la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Cor 8,9). Vale la pena recordar el comentario con el que el entonces monje agustino, Martín Lutero, acompañaba estas expresiones paradójicas de Pablo: "Éste es el grandioso misterio de la gracia divina hacia los pecadores: por un admirable intercambio nuestros pecados ya no son nuestros, sino de Cristo, y la justicia de Cristo ya no es de Cristo, sino nuestra" (Comentario a los Salmos del 1513-1515). Y así hemos sido salvados.

En el kerygma original (anuncio), transmitido de boca a boca, merece señalarse el uso del verbo "ha resucitado", en lugar del "resucitó" que habría sido más lógico utilizar, en continuidad con el "murió" y "fue sepultado". La forma verbal "ha resucitado" se ha elegido para subrayar que la resurrección de Cristo incide hasta el presente de la existencia de los creyentes: podemos traducirlo por "ha resucitado y sigue vivo" en la Eucaristía y en la Iglesia. Así todas las Escrituras dan testimonio de la muerte y resurrección de Cristo, porque --como escribió Hugo de San Víctor-- "toda la divina Escritura constituye un único libro, y este libro es Cristo, porque toda la escritura habla de Cristo y encuentra en Cristo su cumplimiento" (De arca Noe, 2,8). Si san Ambrosio de Milán puede decir que "en la Escritura leemos a Cristo", es porque la Iglesia de los orígenes ha releído todas las Escrituras de Israel partiendo y volviendo a Cristo.

La enumeración de las apariciones del Resucitado a Cefas, a los Doce, a más de quinientos hermanos, y a Santiago se cierra con la referencia a la aparición personal, recibida por Pablo en el camino de Damasco: "Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo" (1 Cor 15,8). Debido a que él ha perseguido a la Iglesia de Dios, en esta confesión expresa su indignidad de ser considerado apóstol, al mismo nivel que aquellos que le han precedido: pero la gracia de Dios no ha sido vana en él (1 Cor 15,10). Por tanto, la afirmación prepotente de la gracia divina une a Pablo con los primeros testigos de la resurrección de Cristo: "Tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído" (1 Cor 15,11). Es importante la identidad y la unicidad del anuncio del Evangelio: tanto ellos como yo predicamos la misma fe, el mismo Evangelio de Jesucristo muerto y resucitado que se entrega en la Santísima Eucaristía.

La importancia que él confiere a la Tradición viva de la Iglesia, que transmite a sus comunidades, demuestra cuán equivocada está la visión de quienes atribuyen a Pablo el invento del cristianismo: antes de proclamar el evangelio de Jesucristo, le encontró en el camino de Damasco y le conoció en la Iglesia, observando su vida en los Doce y en aquéllos que le habían seguido por los caminos de Galilea. En las próximas catequesis tendremos la oportunidad de profundizar en las contribuciones que Pablo ha dado a la Iglesia de los orígenes; pero la misión recibida por parte del Resucitado en orden a la evangelización de los gentiles necesita ser confirmada y garantizada por aquéllos que le dieron a él y a Bernabé la mano derecha, en signo de aprobación de su apostolado y de su evangelización, y de acogida en la única comunión de la Iglesia de Cristo (cfr Gal 2,9). Se comprende entonces que la expresión "Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así" (2 Cor 5,16) no significa que su existencia terrena tenga una escasa relevancia para nuestra maduración en la fe, sino que desde el momento de la Resurrección, cambia nuestra forma de relacionarnos con Él. Él es, al mismo tiempo, el hijo de Dios, "nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos", como recordará Pablo al principio de la Carta a los Romanos (1, 3-4).

Cuanto más intentamos seguir las huellas de Jesús de Nazaret por los caminos de Galilea, tanto más podemos comprender que él ha tomado a cargo nuestra humanidad, compartiéndola en todo excepto en el pecado. Nuestra fe no nace de un mito, ni de una idea, sino del encuentro con el Resucitado, en la vida de la Iglesia.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

San Pablo, aunque fue contemporáneo de Jesús, no lo conoció durante su ministerio público. Por eso sintió la necesidad de consultar a los primeros discípulos, elegidos por el Maestro para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo. El mismo Pablo habla de su encuentro con Santiago, Juan y, sobre todo con Pedro, para que le informaran sobre la vida terrena del Resucitado (cf. Ga 1,19), que a él lo había "atrapado" en el camino de Damasco. Así, su tarea como Apóstol de los gentiles se confirmaba y garantizaba por los que, antes de él, habían seguido a Jesús por los caminos de Galilea. Del contenido de estas informaciones destacan las palabras en la Última Cena, con la institución de la Eucaristía, que iluminan el misterio de la cruz, que de maldición se convierte en bendición y en sacrificio de salvación "por todos", en el que la Iglesia se edifica y reconoce como "Cuerpo de Cristo". También adquiere un especial sentido la resurrección del Señor, que no sólo "fue" resucitado, sino que sigue viviendo en la Eucaristía y en la Iglesia. Así, pues, nuestra fe no nace de un mito o una idea, sino del encuentro con Cristo resucitado y vivo en la vida de la Iglesia.

Saludo a los peregrinos y visitantes de España y Latinoamérica, en particular a los sacerdotes de San Juan de Puerto Rico, con el Cardenal Luis Aponte y el Arzobispo Metropolitano Roberto González, así como a los alumnos del Colegio Sacerdotal Argentino, en Roma, a los venidos de Paraná, con su Arzobispo, Mons. Mario Mauleón y a los demás grupos de Puerto Rico, México, Panamá, El Salvador, Venezuela, Argentina y otros Países latinoamericanos. Muchas gracias por vuestra visita.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

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